Greta Gerwig: Barbie nunca fue un símbolo de empoderamiento
Aspectos socioculturalesSé que «patriarcado» es una palabra que incomoda y predispone. Sé también que es un término que podría explicarse mejor. De modo que intentaré definirlo y situarlo dentro de la película de Gerwig sin que tengas que rascarte la nuca.
Hace mucho tiempo nació una muñeca que cambiaría la historia de los juguetes. En 1959, una empresaria y visionaria llamada Ruth Handler se dio cuenta de que su hija Barbara se divertía con recortes de personas y se le ocurrió que tal vez las niñas necesitaban figuras tridimensionales para imaginarse como adultas.
Como sabrás —y como también alude Greta Gerwig en su película— antes de 1959 solo había cocinitas, muñecos de bebés y accesorios que les permitían a las pequeñas imaginarse como amas de casa.
Y yo me pregunto: ¿por qué diablos ocurría esto? ¿Quién decidió que las mujeres, desde su nacimiento, solo estuvieran hechas para una sola cosa?
Siempre ha sido así, pero todo se refuerza en el siglo XX con la manera en que a Estados Unidos le gustaba que lo viera el resto del mundo. Era una de las dos potencias más poderosas. Del otro lado estaba la Unión Soviética. Seguro te acordarás de que ambos países se amenazaban con bombas atómicas. Pues sí, eso era la Guerra Fría.
Y tú te preguntarás: ¿qué demonios tiene que ver la Guerra Fría con Barbie? ¿Por qué estoy leyendo este artículo y no viendo la última película de Ari Aster?
El origen de los roles de género tradicionales
Entre los años cuarenta y cincuenta, Estados Unidos popularizó en universidades y escuelas un modelo de pensamiento llamado «funcionalismo». De la mano de Talcott Parsons, un importante sociólogo de la época, esta ideología afín al capitalismo americano instauró las bases del sistema tradicional que hoy conocemos en Occidente y que fortaleció los roles de género modernos.
Mientras los comunistas preparaban mujeres para morir en el espacio, en nombre de la patria, los estadounidenses querían que los demás vieran lo civilizado que era vivir en una sociedad con roles específicos.
Para el tal Parsons del que te hablé, era ideal que el hombre (de rol instrumental) trabajara y fuera líder, mientras que la mujer (de rol expresivo) cuidara y educara a los hijos en casita. Estos últimos, por su parte, deben ir a la escuela con el propósito de aprender estas costumbres para replicarlas cuando crezcan.

Recordemos que el funcionalismo dicta que una sociedad funciona si todas sus partes están juntas y cooperan entre sí. La escuela es la institución que sociabiliza a los nuevos integrantes del sistema, la Iglesia quien pone las normas morales, el Estado quien rige las leyes y por último quedan la familia y el trabajo, también componentes esenciales en la fórmula.
Las mujeres, al estar destinadas a roles con menos libertad con respecto a los del hombre, se ven limitadas por un sistema completo que ya funciona por sí solo. Esa es por lo menos la definición de «patriarcado» que nos interesa por el momento.
Como recordarás, los años cincuenta estuvieron marcados por la propaganda de Estados Unidos en la Guerra Fría. Se veían constantemente anuncios de mujeres asociadas a la línea blanca y a las labores domésticas. Los medios mostraban una visión idílica de la vida en los suburbios. Los coches, ropa, todo venía en colores pasteles.
En Barbie el decorado de la producción y el vestuario no son retro por cuestiones estéticas. Está claro que alude al contexto en que Barbie, el juguete, aparecía por primera vez. Con esta imagen se construye lo que es Barbieland, ese lugar que, al igual que el Estados Unidos de la Guerra Fría, no es más que una burbuja idealizada donde no existe mal alguno.
Pero a Greta Gerwig no le interesa criticar cómo intentaba Estados Unidos lavar su imagen ante la URSS, sino que utiliza este recurso para arremeter contra la propia muñeca y su influencia en las mujeres del siglo XX. Y es que para ella Barbie fue una mentira. Aquí no le hace tributo a la muñeca. Al contrario. Pretende dejarnos claro que Barbie nunca fue más que un ícono pop.
Sí, Barbie cambió las cosas. Quitó del camino a los bebés de plástico y le dijo a las niñas que podían ser lo que querían ser. Sin embargo, Gerwig también nos recuerda que esa muñeca fue víctima de una empresa que aún servía a los ideales de una nación funcionalista y capitalista.
Cuando Ruth Handler le comunicó su idea de Barbie a Elliot, su marido, quien ya dirigía Mattel como empresa de juguetes, este le dijo que era una muy mala idea. Y al presentársela a sus allegados estos también se negaron. «No podemos venderle a las niñas una muñeca que tenga senos», le dijeron.

Hay que tener en cuenta que Ruth había tenido la idea después de ver en Alemania una muñeca basada en tiras cómicas para adultos llamada Bild Lilli. Lo que más tarde sería su prototipo, era por entonces una figura con connotaciones sexuales y hecha para satisfacer al público masculino.
Bien, Ruth no se dio por vencida y transformó ese juguete «obsceno» en una muñeca que ayudaría a las niñas a visualizarse en el futuro, como su hija lo hacía aquella vez. Incluso le puso su nombre, Barbara. Y fue así como en una feria de juguetes de 1959 su invento conquistó al público.
La hipocresía de Mattel criticada en la película
Aquí volvemos a lo que aqueja a Gerwig. Para ella Barbie sigue siendo un producto del capitalismo. Fue secuestrada por un grupo de hombres con traje que se creen con el derecho de decirles a las mujeres qué pueden ser cuando crezcan, mientras que estos mantienen una sociedad que las somete a roles opresivos.
Tal contradicción se refleja muy bien en la opinión de Sasha, la preadolescente que se encuentra con Barbie Estereotípica. «Representas al capitalismo sexualizado, ideales físicos poco realistas… Estás matando al planeta con tu glorificación del consumismo desenfrenado», le espeta en el comedor de su escuela. Estas palabras, si bien exageradas en apariencia, tienen un punto muy válido. Barbie fue más tarde objeto de críticas por estos mismos aspectos.
Sasha, a fin de cuentas, representa a la niña que creció y se dio cuenta de que Barbieland era una mentira y que afuera la realidad giraba más entorno a valores parsonianos que a los de la famosa muñeca.
Y ya que traigo a colación a Sasha y lo que simboliza en la trama, procederé a analizar a los demás personajes, pues considero que la mayoría de ellos representa una crítica en específico al juguete de Mattel. Todos suman.

Por ejemplo, me llama cómo Gerwig presenta a la propia Mattel: como un montón de imbéciles que no saben ni cómo abrir un torniquete. El líder debe decirles a los demás qué hacer, y a su vez el resto se limita a obedecer; asimismo tienen que preguntarle al jefe por el siguiente paso. Gerwig los pinta así con el fin de mostrarlos cual de verdad son, como individuos que solo están interesados en vender y no en entender de manera genuina la filosofía de su propio producto.
En contraparte está Gloria, la madre de Sasha, una de las diseñadoras de la corporación. Usa zapatos rosados, entiende Barbie porque jugó con ella y está muy vinculada al personaje, al igual que muchas mujeres que crecieron con él. Es quien debería tener importancia en la ecuación, pero se trata solo de una subordinada. Además, sus diseños son los que hacen que Barbie Estereotípica despierte y tenga su primera crisis existencial.
Gloria funge como el puente entre el mundo real y Barbieland. Al tiempo que comprende la magia de Barbie, trata también de romper con el estigma de que las muñecas no pueden mostrar la realidad de ser mujer. Les brinda características realistas como padecer celulitis o que tengan la oportunidad de no sentir la presión de una ocupación importante como la presidencia. Gloria busca identificarse con su nueva Barbie.
La forma en que piensa Gloria, por cierto, es clave para el mensaje de la película: que las mujeres no quieren tampoco vivir una vida de presión en la que las expectativas las subyuguen. Parte de la opresión surge de lo que se espera de ellas.
Esto último lo vemos en el discurso que le da a Barbie Estereotípica durante su momento de depresión. Gloria habla de que las mujeres no pueden hacer una cosa sin descuidar otra en el proceso; que deben estar dispuestas todo el tiempo a servir la lógica que imponen las convenciones sociales. Y la muñeca aspira a cargos importantes sin perder la sonrisa y su belleza. Todo es perfecto. Esta idealización impone expectativas, y eso también hace mucho daño en las personas.
Por esta razón vemos a Gloria hacia el final pidiéndole a su jefe que hagan una Barbie que tan solo desee tener un top favorecedor y pasear por la playa. El Sr. Mattel le rechaza la idea —como alguna vez lo hicieron con la creadora— pero cambia de opinión. Al ver su alivio, podemos inferir que Gloria solo quería que otras niñas crecieran sintiéndose bien con sus cuerpos y deseos, y que no pasaran por lo mismo que ella.
Barbie y la búsqueda de significado
Ahora bien, no podemos olvidar que Gloria provocó que Barbie Estereotípica comenzara, de hecho, su periplo al mundo real. A diferencia de Gloria y Sasha, su arco trataría sobre la libertad y el sentido. Por ello es importante la escena en que los miembros de Mattel pretenden apresarla de nuevo en la caja. Pero, justo en ese momento, la muñeca decide salirse y huir por unos pasillos surrealistas, kafkianos.

La primera vez que vi la película me pregunté cómo se le habría ocurrido a Greta Gerwig la historia: ¿será que llegó a pensar en qué sentiría Barbie, la muñeca principal, si supiera que es un producto y no alguien que enseña a las niñas a perseguir sus sueños? ¿Y qué pasaría si esa noble muñeca supiera la verdad sobre la compañía que la fabrica? Probablemente sintió ganas de rescatarla, y por eso Barbie busca ahora un sentido y ser libre.
Y es que Barbie Estereotípica inicia su crisis de una manera muy humana. Su vida y rutina se afecta una vez que nota su propio mal aliento o que la leche se «ha echado a perder». Ya no despierta como en los anuncios de televisión, sino como lo hace una persona real. Y para colmo, piensa en la muerte. Pero cuando lo comunica a los demás, todos hacen como si fuera un tabú y prefieren seguir bailando.
Su objetivo en un principio es superfluo. Quiere detener su celulitis y los pensamientos de muerte con la ayuda de una muñeca marginada a la que llaman «la Barbie rara». Este personaje parece tener conocimiento de los problemas que aquejan a Barbie Estereotípica, de modo que le encomienda la misión de buscar a la niña que juega con ella, porque por alguna razón está dejando de creer.

El despertar de Barbie Estereotípica representaría no solo lo que hemos dicho sobre Gloria y el cómo se siente esta ante el desencanto que supuso su vida de adulta, sino quizás el crecimiento de cualquier mujer, desde que esta deja de jugar con muñecas hasta que se enfrenta al mundo.
Una escena que considero también clave en el segundo cuarto de la película es el de la anciana. Tras sufrir una decepción, Barbie Estereotípica se encuentra en la parada de autobús a una mujer mayor a la que se le queda viendo. Le dice que es hermosa y aquella solo responde que ya lo sabe.

Me gusta pensar que Greta incluyó esta secuencia para dar esperanza a las espectadoras; después de haberse encontrado con un mundo que menosprecia a las mujeres, en contraste con la fantasía que es Barbieland, Barbie nota que, a pesar de la superficialidad que les impone el tradicionalismo, en la última etapa de su vida una mujer puede aceptar todas las dificultades que supone su género y elegir ser feliz.
Así, pues, con la motivación que le dio tal encuentro, Barbie elige luchar por su filosofía. Quiere rescatar el mensaje asociado a ella: «puedes ser lo que quieras ser». De forma que, ahora ya despierta, intenta transmitirle lo que ha visto a las demás Barbies, pero el problema es que Ken ha tenido una perspectiva distinta del viaje.
Ken y la fábula sobre la opresión
Ahora vamos con mi parte favorita: Ken. Él tiene un arco muy interesante y cargado de significado. Su desarrollo me parece excelente y amplio. Y aunque me gustaría decir que lo más divertido de la película es cómo se rebela de la «tiranía» de Barbie, he de mencionar que las cosas no fueron así cuando este apareció en los años sesenta.

¿Por qué?
Porque Ken nació para darle a Barbie una contraparte masculina. Vino en 1961, apenas unos años después del éxito de la muñeca principal, con el objetivo de ser el «amor a primera vista de Barbie». Gracias a él, las niñas podían fantasear con una pareja y aspirar al modelo funcionalista. E incluso se añadió una casa de ensueño para simular el hogar de clase media alta de los suburbios, además de otros accesorios.
Me imagino que semejante traición por parte de un juguete autodeclarado feminista no le hacía ninguna gracia a Gerwig conforme maduraba, por lo que decidió convertir a Ken en un accesorio más. En su película él es el segundón, el complemento de Barbie, que no tiene otro propósito más que complacerla. Con sus homónimos incluso mantiene un clima insano de competencia por la atención de la muñeca.
Vi que en redes sociales muchos hombres se tomaron a mal esta decisión, pues entendieron (o quisieron entender) que la directora hizo una «propaganda anti-hombres». Pero ella nunca pretendió denigrar al género opuesto, sino usar a Ken como espejo de la situación histórica de las mujeres. Trasladó esta imagen invertida a la película para ilustrar una realidad innegable y reírse de ella.
Gerwig lo deja muy claro en la escena en que Ken llega a un edificio corporativo. Allí el muñeco se siente contrariado. ¿Cómo es que afuera los hombres son los amos?, se pregunta.
Esta escena también me hace mucha gracia, porque maneja un humor caricaturesco y al mismo tiempo inteligente. Los hombres que salen del gimnasio van diciendo «hombres, hombres», mientras se saludan y hacen señas bobas.
De la misma forma vemos a los ejecutivos hablar entre ellos como iguales, en tanto las mujeres son solo asistentas o secretarias que siguen órdenes. Ken luego ve hacia un muro y se encuentra con imágenes de caballos, jinetes, ropa ostentosa y demás símbolos que le transmiten poder y autosuficiencia.
No obstante, tan rápido como Gerwig nos afirma que afuera el mundo sí está dominado por hombres, introduce a su vez una lectura implícita sobre que no todo es tan simple, o al menos no como Ken se lo imagina; por su falta de comprensión, cree que puede hacer lo que se le antoje, aunque se tropieza en el camino.
Entonces, su frustración lo lleva a trasladar ese poder idealizado a Barbieland, donde radica su resentimiento. Y debido a que las demás Barbies no atravesaron por un proceso de autoconciencia como Barbie Estereotípica, para los Ken no resulta difícil tratarlas ahora de meras decoraciones. Ken Estereotípico trajo lo peor de afuera, similar a cuando los europeos trajeron la viruela —en palabras de Gloria—, y convirtió Barbieland en Kendom.
Un chiste ingenioso malinterpretado
Aquí transcurre una de las partes más polémicas. Por un lado, algunos hombres lo tomaron como ejemplo de lo que ya pensaban, y, por el otro, un sector entre las espectadoras asumió que Gerwig reforzaba estereotipos de género.
Comprendo la razón de ambas posturas, así que procedo a analizar con la esperanza de aclarar las cosas.
Las Barbies deciden recuperar Barbieland con artimañas estereotípicas como permitirle a los hombres “explicarles cosas” o cantarles canciones estúpidas alrededor de la fogata. Así también despiertan a las otras con discursos como el que Gloria le había dado a Barbie Estereotípica.
No negaré que se me hizo muy graciosa esta secuencia llena de esos típicos clichés que rodean a ambos géneros. ¡Y por supuesto que los hay! Gerwig los puso a sabiendas para ridiculizarnos a todos sin excepción.
Luego de que Ken introduce su número musical —mi favorito— para representar la unión de los Kens, la película no escatima en mostrarnos lo que de verdad pretende contarnos con esto: que los propios clichés que hemos visto y que refuerzan estereotipos son exactamente lo que afecta nuestra relación como seres humanos.
«¡Mírense!», tal vez nos dice Greta Gerwig tras bambalinas, «¡miren lo ridículos que se ven todos ustedes reproduciendo estas costumbres tan anticuadas!» Esa es la esencia de una sátira, y son estos detalles los que hacen a Barbie tan inteligente. El funcionalismo parsoniano quedó atrás. Ni los hombres deberían ser solo descerebrados que traten a las mujeres con condescendencia, ni las mujeres son tontuelas alevosas y superficiales. Es una forma reducida y retrograda de vernos.
Por lo tanto, es menester que haya una escena que muestre la solución. De pronto Ken, a pesar de su “deber masculino de no llorar”, rompe en lágrimas y huye a su habitación. Barbie se escusa para escucharlo y consolarlo. Viene la empatía.
Esta vez Ken comprende a Barbie, pues le dice que el Mojo Dojo Casa House no es la gran cosa por varios motivos. Asimismo, Barbie sabe cómo se siente Ken tras haber tenido tan poca importancia todo este tiempo. Ambas partes llegan a un consenso y consideran lo que es sano para los dos: la igualdad.
Por eso me encanta tanto Ken, porque es un personaje que pasa de idealizar un mundo que le confiere poder ilusorio a ser comprensivo. Y por qué no decirlo, Barbie igual aprende mucho de él. Se complementan ahora. Es lo que, a mi parecer, Gerwig quiso dar a entender. Incluso podemos ver que Ken usa una sudadera con el mensaje en inglés: «I am Kenough».

¿Y qué se puede ser?
Barbie tampoco se olvida del tema más importante. Una vez se resuelve el tema de la comprensión mutua y el fin del enfrentamiento, reaparece la búsqueda de sentido de Barbie Estereotípica. Considero que aquí Gerwig rescata por completo la premisa del producto. Ya no lo transmite de un modo corporativo ni con intenciones de marketing, sino con un trasfondo más humano.
Barbie buscaba sentido luego de verse a sí misma como la esclava que era. Así que decide ser lo que quiere ser: una ser humana sin ataduras, alguien que pueda vivir con rasgos auténticos y que pueda morir. La advertencia del fantasma de Ruth es más que acertada: los humanos mueren, las ideas no. Pero la muñeca está decidida a dejar de ser una idea (un anuncio en dado caso), y ni siquiera necesita el permiso de su creadora, por supuesto. ¡Es libre!

Dicho esto, me encanta pensar que Barbie no es para nada una película que quiera culpar a los hombres ni una cinta que quiera volverse una bandera feminista. Al menos no del todo. Podría hacer esto último en muchos aspectos, sí, pero mi punto es que Barbie habla más bien del sentido de la vida. Quiere que le demos una razón a nuestra existencia. Nos invita a cuestionar y rechazar costumbres que solo nos condicionan por el género. Somos más que eso.
Digo, si una anciana se considera hermosa a pesar de haber tenido una vida larga y dura bajo una dictadura de estándares de belleza, o si una muñeca fue capaz de escapar de un capitalismo exacerbado que vendía sus ideas como eslóganes, tú también puedes ser lo que quieras ser, ¿no es así?

Ser humano es incómodo. Los humanos inventan cosas como el patriarcado o a Barbie para lidiar con ello.
Fantasma de Ruth









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