Alien: en búsqueda del nuevo pasajero

Reseñas generales

"Las cosas grandes tienen comienzos pequeños"

David.

 

“Nunca debimos haber aterrizado aquí. 

Nunca debimos haber aterrizado en este planeta”

Ripley.

 

"¿No sería agradable? Ser pura máquina,

 en lugar de las peores partes de un hombre"

Morrow.

 

 

 


 

                        Buen día niños y niñas de todo el mundo. ¿Cómo están? 

                      He venido aquí, a contarles una hermosa historia. 

 

Hace mucho, mucho tiempo, antes de que los humanos existieran, habitaban el universo unos particulares seres llamados los Ingenieros. Eran altos, fuertes y sabios, y tenían el don de crear vida. Como todos ustedes, jugaban, hacían y creaban, sembrando mundos como si fueran futuras plantas, y a cada uno de esos mundos les disponían nuevas criaturas que lo habiten.

Pero un día, los Ingenieros inventaron algo diferente. ¡La creación tiene eso niños y niñas! ¡En algún momento, algo de lo que creamos se vuelve más poderoso que el resto de nuestras creaciones! Crearon criaturas muy pero muy pequeñitas, que pese a su tamaño no eran simples. Eran criaturas que podían transformarse, adaptarse y crecer según el huésped que encontraran para vivir en él.


Pero como toda creación que nace de la ambición, estaba destinada a volverse una pesadilla.

 

Miles de años después, los humanos partieron en una nave llamada “Prometeo” para buscar respuestas sobre su propio origen. ¡Ay, estos humanos! ¡Siempre existencialistas y excesivamente curiosos! Los humanos deseaban encontrarse con los Ingenieros, como los hijos que buscan desesperadamente a sus padres para darles un abrazo. ¡Como ustedes niños y niñas! 


En los templos del planeta al que los humanos llegaron, y gracias a los experimentos de un curioso androide llamado David, aquellas semillas creadas por los Ingenieros encontraron el mayor curso de su poder. ¡Tápense los ojos niños! De las semillas surgieron seres grotescos, deformes, inexplicables, con tentáculos, criaturas que se pegaban al rostro y, que más tarde, encontrarían formas aún más definidas, enormes y fuertes.

 

David, el androide obsesionado, jugó a ser Dios. Quería encontrar una forma de vida más pura y compleja que los seres humanos, e incluso más longeva que los Ingenieros. Su insaciable ambición, lo hizo sacrificar a los humanos que estaban en aquella expedición para descubrir qué es lo que sucedía si aquel terrible y poderoso monstruo parásito, los invadía. 
 

Luego de una innombrable tragedia que no habré de contarles, con el tiempo, estas criaturas se multiplicaron y se desperdigaron por planetas perdidos y en laboratorios prohibidos.

 

 

Llega el año 2120. ¡Sí! 2120. En vuestro futuro, niños y niñas. Los humanos habían escuchado susurros de mundos lejanos, donde habitaban criaturas nacidas de la oscuridad.
Y ellos pensaban que aquellos monstruos estaban muy lejos, perdidos en estrellas que jamás visitarían. Hasta que un día, el cielo se abrió por la mitad y una nave cayó descontrolada en el centro del planeta Tierra.

 

Los hombres y mujeres de la Tierra viajan entre planetas, construyen colonias y comercian con los recursos que les da el espacio. La colonización pareciera ser una práctica específica del ser humano. Y la sociedad, queramos o no, niños y niñas, siempre tendrá sus dueños. En el año 2120, hay pocos grandes dueños. Y uno de ellos, por su codicia, envió una tropa a buscar y traer especies de otros planetas. Las especies han sido capturadas y están camino al planeta Tierra en la nave. Al haber salido de su hábitat natural, y al rápidamente descifrar los comportamientos de la tripulación de la nave que los apresó, los cautivos se volverán entonces los depredadores. Hay rincones y puertas, que no hay que abrir.  

 

 


 

El 12 de agosto de este año que está por terminar, 2025, se estrenó una serie que, al menos en Argentina, no tuvo la publicidad suficiente para la implicancia que debía tener. Recuerdo haberme enterado de su existencia, al ver un cartel desde un auto, el mismo día que se estrenaba. Me sentí radiante como un niño al que le traen el juguete prometido. ¿Cómo es que se le hizo tan poca publicidad a una serie del universo de una de las sagas más icónicas de la historia del cine? Esperé hasta las 00:00 hs, y vibrante y ansioso le di play. Su nombre es Alien: Earth, y ha sido estrenada en Disney+. 

 

Una nave ingresa a la Tierra y se estrella en el centro de su capital causando terribles estragos. Como contaba aquella fábula para niños tan mal escrita, el mundo tiene pocos dueños capitalistas. Aquellos que nos interesan (en principio), son Prodigy y Yutani. Yutani es quien envió la tripulación en búsqueda de las especies, y quien es la responsable de la nave que se estrelló en la ciudad. Y Prodigy, es el dueño de ese sector de la ciudad. Por eso mismo, envía un grupo de peculiares soldados a investigar la nave y su interior. Este grupo de soldados se llaman híbridos, son un nuevo experimento de Prodigy y sus científicos, y en resumidas cuentas (y con una definición bien sencilla y burda) son androides de último modelo a los que les instalaron la consciencia de niños y niñas que estaban a punto de morir. 

 

Aquí me detengo en la interminable explicación y desarrollo argumental, algo que no tiendo a hacer en los artículos que escribo. Pero al no haber recibido la serie publicidad suficiente, y al pertenecer a un universo narrativo que hoy día aprecian pocos, creí necesario acercarles la información necesaria. Mi intención fue ir en búsqueda de nuevos espectadores. Al igual que han hecho los creadores de Alien: Earth. Al igual que los humanos de su ficción y las propias especies que esos humanos han tomado en cautiverio, los creativos y productores se han tornado, por sobre todas las cosas, conquistadores desesperados por buscar un espectador que poco y nada conoce del mundo de Alien. Depredadores de la nueva televidencia. Al igual que tantas otras producciones que trabajan con un espectador hipotético, y al igual que tantas otras producciones que parecieran exasperados por captar al público joven (más aún desde la plataforma de Disney+), han creado un contenido para ellos. La pregunta es, ¿era Alien un relato para hacerle ese trabajo de prensado y procesado de fábrica?

 

 

Alien: Romulus, del año 2024, ya había mostrado una clara intención de captar a aquel espectador que no vio la saga predecesora. Armó una historia con un grupo de protagonistas post adolescentes, con actitudes todavía inmaduras, y lógicas potenciales víctimas de sí mismos como sucede en tantos clásicos de terror slasher. “¿Por qué abriste esa puerta si todo indicaba que no debías?”. La película fue respetuosa del tono de la saga original, y combinó la esencia de las Alien, con el experimento necesario de aggiornarse. Sin embargo, Alien: Earth no tuvo ese éxito, y probablemente, imaginó un espectador hipotético mucho menos capaz, con menos ganas de atender los detalles del relato, y diseñó personajes tan polarizados en sus atributos como poco empáticos. 

 

La protagonista Wendy (interpretada por Sydney Chandler), y su grupo de hermanastros híbridos, son cuerpos de veinteañeros con el espíritu y la consciencia de los niños que le han instalado a dicho cuerpo. Esa combinación es, al inicio, tan encantadora como atractiva. Todos los intérpretes hacen el trabajo necesario para volver verosímil aquella compleja composición. Sin embargo, ¿cuánto tiempo podemos empatizar con ellos? Porque son niños, pero no van a despertar la ternura que despiertan los niños. Y la serie presenta tantos personajes rápidamente, a su vez viviendo en un mundo algo hostil y lejano para nosotros, que es muy difícil establecer un lazo con ellos. Desearles el bien, desearles triunfar, sobrevivir. Y los otros personajes que los rodean, independientemente de su composición, son o escuetos en su participación, o fríos y excesivamente malos. Los malos, son demasiado malos, y cada vez que están en pantalla, se vuelven peores. Esas características de relato antiquísimo, de fábula, ya no funcionan. Son para volver fácilmente digerible los hechos presentados, para que sea comprensible quién es el bueno y quién es el malo si me distraigo para responder un mensaje de Whatsapp, y están así planteados para captar a aquel espectador por el cual tantas producciones se arrancan los pelos de la cabeza: los adolescentes y los más jóvenes. 

 

Por otro lado, la combinación de los elementos tan excesivamente contundentes en la dramaturgia de la serie, están combinados con un ritmo narrativo que sí le pertenece al estilo de la saga original. El resultado de ello es sumamente negativo. Si bien el primer capítulo es prometedor, desde entonces, el relato se va poniendo aburrido y poco interesante. El ícono de esta serie, su título, aquello que le da un motivo de existencia, el Alien, luego de aparecer al comienzo, queda en suspenso durante practicamente cuatro capítulos. Se centra lo narrado en personajes poco interesantes y queribles de un futuro terrestre hostil que no dan ganas de acompañar.

 

 Pero les diré algo. Porque pese a todo, yo seguí. Sentía hacer un esfuerzo, pero ¿cómo no hacerlo, si estoy viendo la serie de una saga que amo? Cuando en el capítulo 5, el relato se traslada al pasado y se aleja de la trama de la Tierra, comprendí el sacrificio que había estado haciendo. Dicho capítulo, demuestra que sus realizadores y showrunners sí podían hacer un relato que haga honor a lo que ha hecho que Alien sea Alien. Entonces todo vale la pena por esa hora y cuatro minutos. Pero lo demás, antes y después de ese excelente episodio, está sostenido por subtramas melodramáticas de personajes poco queribles, que, para colmo, tienen delante un antagonista insufrible. Cada vez que aparece el personaje de Boy Cavalier, dueño multimillonario de Prodigy, me daban ganas de romper la televisión. La literalidad con la que escribieron sus textos, con la que lo dirigieron, y con la que el joven actor Samuel Blenkin compone, es tediosa, sobrecargada de propuestas y gestos, poco inteligente para ser sostenida, inverosímil, e innecesaria. Es una dolorosa pena, porque recuerdo al actor deslumbrarme en un capítulo de la serie Atlanta, y hasta hacerme pensar en dicho momento: este actor va a dar que hablar. Bueno, en esta serie, lo hizo pero no de la manera que esperaba. No es soportable, no es creíble, ni dialoga con el resto de los relatos modernos (y por ende con el espectador actual) tamaño nivel de maldad y sarcasmo. Tanto él, como el olvidable personaje que es su mano derecha. En vez de humanizar a los humanos, humanizaron innecesariamente a las criaturas. El foco de la maldad de la serie, propagandeando con poca cintura un mensaje rebelde pero sin contenido, está puesto en los humanos. 

 

No deseo hablar desde la soberbia de creer que he descubierto los errores que un equipo de profesionales talentosos no han sabido ver. Me pongo a pensar si mi no tan objetivo deseo de haber visto una serie entera con los atributos del capítulo 5 y de la saga que origina esta serie, es posible. No lo sé. Probablemente no quisieron correr el riesgo de perder al espectador modelo de Disney+. Pero, ¿por qué querer conquistarlos a todos a través de una saga que ya tiene su propio público y se lo ganó defendiendo su propio estilo? Déjenla tranquila. ¿Será avaricia? ¿O fue un gesto apasionado de un grupo de fanáticos obsesionados por querer que las nuevas generaciones disfruten lo que Ridley Scott creó? Pero penosamente, al igual que sucedió con la segunda temporada de The Last of Us, creo que la nave que choca contra la Tierra, estaba conducida por financistas y economistas que poco saben de arte.

 

 Chesi

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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