La biografía autorizada de Charlie Sheen, por Carlos Estévez
Reseñas generalesLos primeros recuerdos que tengo de Charlie Sheen son los del imitador de Rambo en esa película-que-parodiaba-a-otras-películas. Pasear por el cable a mis 8 o 9 años y ver esa cara en la televisión era algo que ocurría con cierta frecuencia al hacer zapping (dentro de no mucho tiempo vamos a tener que explicar en qué consistía tal actividad), no sabía quién era él, tampoco su padre, mucho menos su historia por fuera de las cámaras.
Pasó el tiempo y cada tanto volvía a toparme con Hot Shots! (1991) y Hot Shots! Part Deux (1993) –Locos del aire 1 y 2, para Argentina– pero entendiendo mejor las referencias y siempre las veía a las carcajadas. Después le perdí un poco el rastro a este hombre hasta que me enganché con Two and a half men, una sitcom exitosísima, creada por Chuck Lorre, en la que aquel imitador de Rambo en la película-que-parodiaba-a-otras-películas era el protagonista. Ya era bastante más grande y lógicamente sabía quién era Charlie, aunque no estaba tan al tanto de su vida de excesos; todo eso vino después, con los años. Eran épocas donde no existían las cancelaciones sino los escándalos; aunque no digo esto con intenciones de valoración, solo aclaro que este tipo y su sorprendente vida eran noticia más en los canales de prensa amarillista que en los de cine y que, así y todo, gran parte de la gente continuaba amándolo y nadie ponía en tela de juicio su rol de estrella.
El artículo de hoy trata sobre el reciente documental estrenado por Netflix acerca de la vida de Carlos Irwin Estévez, intercalando preguntas in y off para imprimir cierta crudeza, la estrella de Wall Street y Platoon, responde sobre todo y aclara unas cuantas cosas sobre su figura mientras toma café sentado en la esquina de un bar vacío. Significativa puesta en escena para un tipo acostumbrado a ser el alma de la fiesta en cada lugar al que iba. Ahora, solo y apartado en una suerte de anticipo de lo que se viene: un repaso de sus años de locura desde la cordura y la sobriedad.

Lo curioso, cómo si no pudiera escindirse de la conformación de su figura, es que se toman los excesos como eje y de manera periférica se habla de sus trabajos como actor. Claro que no hay que estar muy atento para darse cuenta de la evidente imposibilidad de disociar ambos aspectos, pero quiero remarcar que es también la idea del documental y la del propio Sheen: mirar su vida desde el presente tras siete años limpio, sin alcohol ni drogas. Quiero decir: el cine es el contexto en la historia de vida de una persona con problemas de adicción. En una inteligente manera de montar de manera intercalada su trabajo con las sensaciones que describe, se muestran pequeños fragmentos –reacciones– de sus personajes ante su propio relato de la historia. El cine es el condimento de la bulliciosa vida de un tipo al que no le enseñaron cómo manejar el éxito ni la fama, aunque sí la frustración, como a casi todos: Si las cosas no salen, intenta otra vez. ¿Pero qué ocurre si las cosas salen rápido y bien?
Aka Charlie Sheen es un documental biográfico dividido en dos partes sobre la vida de un actor que nació famoso y que promediando los 10 años presenció la locura de su padre durante el rodaje de Apocalypse Now. Dirigido por Andrew Renzi, tiene un elemento clave que es la posibilidad de contar con el protagonista recordando de primera mano sus andanzas. Valiosos testimonios de sus exparejas, sus hijos y de quien fuera su proveedor de drogas durante una de las etapas más duras de su adicción. De parte de su familia se deja en claro que tanto su padre, Martin Sheen, como uno de sus hermanos, Emilio Estévez (apellido original de la familia paterna) no quisieron aparecer allí. Sí aparecen Sean Penn, Denise Richards, Ramón Estévez (otro hermano), Chuck Lorre, Jon Cryer (Alan, el inolvidable hermano de Charlie Harper) y otros amigos de la infancia a pesar de no tener vínculo actual con Sheen. Y en este sentido, resulta, sobre todo, muy valioso el testimonio de sus ex compañeros de Two and a Half Men. Incluso aparece la madama más famosa de Hollywood por aquellos años: Heidi Fleiss, a quien tal vez pocos recuerden pero supo ser protagonista de un escándalo de prostitución en el que Sheen, a pesar de ser un experimentado cliente, cometió un error de novato y pagó su libertad confesando el vínculo con esta mujer, quien terminó presa aunque no por sus servicios, sino por evasión fiscal al mejor estilo Capone.

Si bien entiendo la intimidad que pretende el documental y la posibilidad de redención de parte de Charlie sobre un tema tan importante, por momentos se profundiza el mensaje aleccionador sobre el consumo, al mismo tiempo que el protagonista relata experiencias de lo más impresionantes sobre sus viajes lisérgicos. Sobre todo con esas frases hechas acerca de la puerta de entrada y demás. Quiero decir: si buscan un repaso sobre la vida actoral de Charlie que, lógica y tangencialmente, dialogue con sus consumos problemáticos no es por aquí. Es, más bien, al revés. Además, esto tiene implicancias en que se trata de un tipo evidentemente arrepentido al que le costó mucho estar limpio a fuerza de internaciones, divorcios, peleas familiares, despidos laborales y demás. A veces emocionado y otras vanagloriado, con vergüenza se pregunta ¿cómo nadie frenó a este imbécil haciendo tal cosa? Un puntito a favor cuando intenta desarrollar eso de la personalidad adictiva al margen de la sustancia, porque sí se deja claro que probó de todo. Anécdotas compartidas con varias figuras de Hollywood, aunque sobre todo con Nicolas Cage, quien no solo no participa del documental, sino que no queda bien parado ante una de las recaídas de Charlie.

Un niño que nació entre rodaje y rodaje, y vaya que fue una marca en su vida; que empezó a hacer cine junto a sus hermanos desde muy chico, incluso tratando de duplicar lo que le ocurría a su padre en las películas, que moría, y de varias formas. Oscilando entre el nepotismo y la crianza avant-garde que le proporcionaron ¿Estará allí su coqueteo con la muerte a través de tantos intentos inconscientes? Hay algo en lo que todos coinciden y es en que ninguna otra persona hubiera sobrevivido a tanto exceso.
Mientras pienso que el crossover inesperado debería ser con Guillermo Coppola, les digo: Charlie Sheen, amigas y amigos, manejó por unos instantes un avión con trescientos pasajeros completamente borracho e hizo la escena de una película con un cubo de hielo metido donde se imaginan solo para no quedarse dormido. Una figura total, que perdió por poco el papel de Daniel LaRusso en Karate Kid, aunque no reniegue de ello. Un tipo que sobornaba a mucha gente para que no divulgara cosas que en ese momento no podían saberse. Es un documental que no trae tantos secretos, pero sí detalles en la boca de su propio protagonista, íntimo y sobrio. Ordenado, bien musicalizado, con tino y en época según se relate el tiempo al que viaja la anécdota.
En un momento su vida se opone oscura: no podía tener las prioridades más torcidas. No aguantar su propio cerebro dentro suyo o contar como conviven miedo y placer de manera simultánea en cuerpo y mente al fumar crack durante el acto sexual. El peligro inminente: la cuerda floja siendo inmortal. Su primer y único premio importante tras reemplazar a Michael Fox en Spin city, sus audiciones entre rehabilitaciones, algunas mediadas y organizadas por su familia. Los escapes y los sobornos de una estrella que recibió más acusaciones de las que debería haber recibido. Al menos las más graves: un disparo contra quien fuera su esposa que resultó ser un accidente, el supuesto abuso sexual durante un rodaje ante un menor de edad, y el hecho de haberle ocultado de manera sistemática a sus parejas ser HIV positivo. El niega todo, cuenta su historia ante la cámara que él mismo pidió, por primera vez en muchos años. Hacia el final, el trabajo se pone algo desordenado y las preguntas son directas e incisivas, más rápidas, Sheen contesta, aunque algo nervioso, no evade.
Hay tiempo para un cierre emotivo, donde retoma la actualidad de la relación con su padre a quien le agradece lo hecho y muestra parte de su nueva vida, al mismo tiempo que trata de recomponerla, o de intentar hacerlo.

















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