Black Panther: Wakanda for ever. El encuentro de dos mundos

Reseñas generales

El luto y el legado

Desde el inicio la película centra su atención en Shuri (Letitia Wright) como eje central. Sus dudas hacia el legado cultural de Wakanda definen su personalidad. Aferrada en la ciencia para intentar salvar a su familia acumula frustraciones y dolor. En contraparte, su madre la reina Ramonda (Angela Basset), mantiene firmeza en sus tradiciones. Esta primera contraposición se caracteriza por el duelo permanente, el luto por quienes desaparecen. De ahí que el legado sea cuestionado y que ello sea parte del conflicto del Shuri y de la película en general.

El arco narrativo de Shuri y su relación con el manto de la Pantera Negra deja de ser solo un asunto cultural y pasa a una introspección personal y a cotejarse por primera vez con otros similares. Esa desmitificación de la imagen de Wakanda dentro del Universo Marvel representa una real y verdadera amenaza directa a su integridad y orgullo, encarnadas en Namor (Tenoch Huerta) y en el reino de Talocán. Ambas naciones poderosas, con tantas similitudes como diferencias. Aquí la película apela al discurso y la estrategia política, la confrontación pasa de la diplomacia al choque bélico hasta llegar a la tregua calculada. Mientras Shuri sana del dolor de la pérdida, Namor refuerza su postura beligerante aunque agazapada.

 

Las líneas argumentales

Si bien la película se extiende demasiado en algunos momentos, permite un desarrollo adecuado de los personajes, principalmente de Shuri y Namor. Shuri en su camino a continuar el legado de Black Panther, aceptando el dolor y el odio, pero también la redención por los actos del pasado y la esperanza de un futuro renovador. La presentación de Talocán, aunque breve, está marcada de elegancia y misticismo. La adaptación de la Atlántida de Marvel en el imaginario mesoamericano es la antesala de nuevas posibilidades argumentales y escenarios a explorar.

Las películas de Marvel, principalmente desde Capitán América Civil War (2016), han servido como antesalas para nuevos personajes y de subtramas. En la Fase 4 - y con el aumento de contenidos – este hecho se ha vuelto una regla. Tanto series como películas dejan de lado sus propias tramas para agregar e introducir personajes nuevos o retornar algunos al redil principal. Solo mencionando las películas tenemos a Daredevil, América Chávez o Hércules. A los wakandianos les toca compartir pantalla con Namor, Riri Williams y Allegra de Fontaine, cuya relevancia se advierte para las siguientes fases del Universo Marvel.

 

Construyendo en ausencia

La sorpresiva y prematura desaparición de Chadwick Boseman, condicionó el desarrollo de esta película. Quizá con su presencia la película hubiese oscilado más entre la acción y el diálogo constante  y ascendente con Namor. Más allá de ello, el ritmo de la película se sostiene en buena parte por la composición de la banda sonora, que aprovecha muy bien los silencios sin perder los puntos emotivos altos. Como en la primera entrega, son destacables las composiciones musicales de voces e instrumentos africanos a las que se suma la musicalidad mesoamericana, de vientos y percusiones.

La puesta en escena de la película se concentra principalmente en los interiores: oficinas de gobierno, centros de poder o embarcaciones militares, dejando en segundo plano los espacios abiertos. La acción resultado de la confrontación está mejor desarrollada en esta secuela, aprovechando el mar como nuevo escenario y exhibiendo otras formas de combate.

 

Una breve reflexión

Black Panther: Wakanda for ever forma parte de los nuevos lineamientos de Hollywood por mostrar una mayor representación en sus narrativas. Si bien los nombres individuales suman a esta iniciativa en el plano mediático, aún las propias ficciones se ven afectadas por las contradicciones de las empresas que las producen. En cierta forma esta película evidencia una nueva forma de tokenismo, donde africanos y afrodescendientes pueden ser reconocidos como talentosos a nivel intelectual, científico y político, pero aislados en sus territorios, justamente a causa de estas cualidades. Lo mismo sucede con los latinoamericanos; el Namor que encarna Tenoch Huerta es imponente y elegante, pero también es un tirano que concentra todo el poder en sí mismo, casi una relectura de las dictaduras latinoamericanas de mediados del siglo XX.

Sin embargo, ello no resta la importancia de la representación y el reacomodamiento de imaginarios dentro de las dinámicas de consumo de contenidos. Black Panther: Wakanda for ever arriesga en ofrecer algo más del común del blockbuster, saliendo de la rutina de Marvel y ofreciendo elementos un tanto más relevantes fuera de su propias narrativas.

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