Milo Thatch: mi héroe
Reseñas generales
Venía de tremendas experiencias en el cine (en 1.998 Mulán y en 1.999 Tarzán). En Mulán, siendo una niña, me impactó ver un personaje principal femenino rompiendo las reglas y Tarzán con esa banda de sonido de excelencia. Las canciones de Phil Collins aún están en mi lista de reproducción. Esas películas de la fábrica Disney me habían dejado la vara muy alta. En los noventa ir al cine era algo de culto. La experiencia de alquilar un videocasette para ver la película en casa era algo lindo, pero no se comparaba con la experiencia que regalaba la pantalla gigante. En aquellos años las películas infantiles de producción “realista” comenzaban a surgir como algo nuevo y raro. En la inocencia y el desconocimiento de aquellos años de infancia “lo animado”, parecía que iba a ese eterno, que siempre estaría. Esas producciones “animadas” nos daban la indentidad de que eran 100% para nosotros: los niños. Y para mi suerte, aún por esos años nos quedaba una joya animada más. En el 2.001 (tenía 10 años) se estrenó Atlantis y con ella llegó el deseo por lo desconocido, por la aventura. Recuerdo las maravillosas escenas de esa película, las miradas de mis amigas que me acompañaron, asombradas ante ese mundo que era descubierto en el fondo del océano. Despertó en mí esa sed de aprender y conocer que se activó como una máquina a vapor que atraviesa rieles infinitos. Se volvió mi película favorita, lejos. Ese personaje brillante, tierno y gracioso que es Milo Thatch me hizo saber que para los inteligentes o mal llamados ñoños o nerds también la aventura los esperaba a la vuelta de la esquina (cansada de ver que solo les sucedía a los superhéroes).
Cuando llegué a la adolescencia, (he aquí una confesión criminal) busqué la película en páginas piratas, la descargué y la grabé en un DVD que compré por un precio que hoy en día resulta gracioso y poco creíble. A la película la vi mil veces, con ese poder hipnótico, exactamente el mismo que cuando la ví en el cine: con la boca llena de palomitas de maíz, con los ojos enormes y atebtos tratando de registrar todo lo que sucedía. Milo seguía siendo mi héroe.
Pasaron los años, y hoy con casi 35 tengo acceso a la plataforma de la fábrica Disney. Ingreso y me pongo a explorar su contenido: y ahí está, sin necesidad de ser pirateada. Me acuerdo del DVD, lo busco en una caja. Encuentro un estuche lleno de peliculas grabadas. Lo veo, escrito con marcador negro: “Atlantis”. No quiero verla en la plataforma, quiero ver “ese” DVD. Observo mi casa y todos los dispositivos que hay en las diferentes habitaciones. Ya no hay DVD, las computadoras no tienen lector de CD/DVD. La nostalgia me invade y pienso que ese DVD no tiene nada de antiguo pero a la vez sí, es una reliquia. Lo guardo. Pienso en Milo Thatch, en recuerdos de mi infancia llena de aventuras, y agradezco sonriendo. Mi infancia, mi Atlantis.
Gracias Milo.

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