The Life of Chuck: la muerte está segura de vencer

Reseñas generales

En estas últimas semanas disfruté de dos de las mejores películas que se estrenaron en este 2025 y sin darme cuenta, estaba viendo dos posturas sobre la muerte y la pérdida y dos formas excelentes de representarlas (desde mi punto de vista, claro). Y si hablamos de géneros, estos dos films están en los opuestos pero son complementarios: desde el terror profundo e impactante de la brillante “Bring Her Back” a la preciosa “The Life of Chuck”, que representa en un drama fantasioso todo lo que tenemos en nuestras vidas. Parece absurdo pero estas dos producciones están entrelazadas con una misma temática y como ya hablé de la cinta de los gemelos Philippou, llega el turno de la de Mike Flanagan, adaptada de una obra de Stephen King y que tiene un primer acto que me hizo recordar mucho al final de “All That Jazz”. Aquí les diré por qué.

Primero, cabe destacar que “The Life of Chuck” es una nueva adaptación cinematográfica de un cuento de Stephen King, y la primera de este título. Y si te llama la atención que un autor que está tan relacionado (y con justas razones), con el suspenso, el terror y lo sobrenatural escriba una historia tan emotiva y profunda, es buen momento para aclarar que no es la primera vez que el estadounidense lo hace y tampoco es la primera vez que llegó a la pantalla grande. De hecho, entre varias historias, voy a destacar a tres películas muy conocidas porque tocan la muerte como eje central pero de diferentes maneras. Por un lado tenemos una de las más reconocidas y amada por el público, “The Shawshank Redemption”, donde ésta se hace presente en todo momento, tanto dentro como fuera de la cárcel, como también lo  es en “The Green Mile”. Por último tenemos a “Stand by Me” donde se la explora desde el lado de la amistad. Por lo tanto, no es de extrañar que King explore este costado de la vida con historias tan introspectivas y que te dejan replanteando todo lo que has hecho o querés hacer en tu vida: algunas con relatos fantásticos y otras mediante recuerdos, pero todas igual de efectivas. No descubro nada al afirmar que el escritor estadounidense es una mente brillante y que, probablemente, sea de los pocos que puede hacerte temblar de miedo con un libro de horror y hacerte llorar con otro.

Volviendo al mundo cinematográfico, nos vamos directamente a “The Life of Chuck”, escrita y dirigida por Mike Flanagan, de la adaptación ya mencionada en el anterior párrafo del cuento de 2020. Al igual que el cuento, el film está contado en tres partes y del final hacia el inicio (a lo “Irreversible” de Gaspar Noé) y comienza con el fin del mundo, directamente. En este tercer acto titulado “Gracias, Chuck”, los “protagonistas” son Felicia (Karen Gillan) y Marty (Chiwetel Ejiofor), dos exnovios que están atravesando, literalmente, el final de la vida, ya que el planeta está apagándose. Entre todo el caos de automóviles tratando de escapar, gente desesperada porque no hay internet ni señal, aparecen carteles de agradecimiento a un tal Chuck Krantz que nadie conoce y esta va a ser nuestra primera duda junto a los demás: ¿por qué es tan importante esta persona si nadie sabe qué hizo o quién es? ¿por qué le agradecen por sus 39 años? ¿39 años de qué?. Esta primera parte se termina con las estrellas apagándose y esa expareja tomándose de las manos diciéndose “te amo”. Y toda esta historia me hizo acordar casi instantáneamente al desenlace magistral de “All That Jazz” porque claro, nos damos cuenta intuitivamente que no se trata de un apocalipsis sino de la vida de una persona terminándose y todo lo que estamos viendo es un ¿sueño? en su mente ya por extinguirse. Este recurso me parece fascinante, tanto en el libro como en este film y ya nos da un aviso de lo que está por venir. Pero entonces, ¿quiénes son estas personas que el moribundo protagonista está imaginando?, ¿por qué forman parte de su memoria?.

 

Para las respuestas, están la parte dos y tres. En el segundo acto (el más corto y a su vez, el más hermoso), titulado “Artistas callejeros por siempre”, tenemos finalmente a Chuck adulto como protagonista (interpretado por Tom Hiddleston), y a diferencia de los otros dos, este segmento sólo retrata algunas horas de su vida: mientras caminaba, escuchó a una baterista callejera y se detuvo para bailar junto con una mujer desconocida que estaba en el público. Pero no se detiene porque él sea un ser humano extrovertido o porque su vida está dedicada a eso, de hecho entendemos que trabaja en una oficina porque va de traje y con un maletín, pero gracias al maravilloso Hiddleston y sus dotes actorales, vemos que es más un impulso en su cuerpo que otra cosa lo que lo ata a ese momento. ¿Qué lo empuja a ponerse a bailar? No lo sabemos pero tenemos dos breves flashbacks de su cabeza: una mujer adulta y una cuchara de cocina golpeando una olla. Algo claramente lo conecta a un recuerdo, pero ni él ni nosotros sabemos a cuál. Acá se desarrolla una hermosísima escena de baile y vemos que este hombre adulto oficinista sabe hacerlo muy bien, pero cuando es consultado por la joven baterista el motivo por el que se detuvo, él realmente no lo sabe. Y le creemos: no está ocultando nada, simplemente hay algo que no le permite acordarse. Sobre el final de este acto, se nos revela el por qué este simple momento tuvo todo este segmento: probablemente, esa fue la última vez que bailó en su vida, porque poco después perdió la habilidad de caminar, de comer, olvidó el nombre de su esposa y tuvo muchos problemas más, pero lo que recordó ocasionalmente, fue ese momento de baile al ritmo de la batería. No sabemos específicamente por qué pero sí sabemos que fue una enfermedad que lo deterioró rápidamente y Chuck murió a los 39 años.

Acto uno, acto final: “Yo contengo multitudes”. Esta es la parte más emotiva y la que explica el por qué de todo el film. Nos muestra parte de la infancia y adolescencia de Chuck, su vida como huérfano por la muerte de sus padre y su vida con sus abuelos, quienes lo criaron desde los siete años, durante muchos momentos de tristeza y dolor. Su abuelo, un notable contador, se volvió alcohólico, mientras que su abuela era de un perfil más artístico, mostrándole a Chuck algunos pasos de baile, enseñándole sobre música y mostrándole algunas películas musicales (entre ellas, “All That Jazz”). Además, uno de los momentos más importantes del film está acá y es el que le da nombre a este acto: en la escuela, una profesora le explica el significado de un pasaje del poema “Canto de mí mismo” de Walt Whitman: “Yo soy inmenso, Contengo multitudes”, mismo con el que comienza la película. Todo lo que ves, todo lo que sabes, el mundo entero, cada año, cada recuerdo, se hará más grande y detallado; todo queda en la memoria y seguirá creciendo toda la vida, y hay que alimentarlo. Ese universo que expresa Whitman, es el que vemos en el acto tres, cada persona, cada palabra, cada momento, es eso que estaba en la cabeza de Chuck y todo cobra sentido en esta parte.

 

En este acto, además, no solo vemos la muerte de sus abuelos, sus primeros pasos en el mundo del baile escolar donde conoce a su amada esposa que lo acompañó desde pequeños hasta su prematura muerte, sino también un misterio: una habitación de la casa que tenía prohibida. Una habitación que, según su abuelo, estaba embrujada y lo que estaba ahí daba miedo. En el final y con la casa vacía, Chuck se anima a entrar y se da cuenta que no hay absolutamente nada; pero al darse vuelta, escucha un ruido. Cuando vuelve la mirada, se ve a él mismo, internado, al borde de la muerte. Él no tiene idea de cuántos años tiene en esa cama, ni en qué hospital está, pero sabe que la muerte va a llegar y se promete a sí mismo vivir con alegría y entereza. Pero, ¿realmente necesitamos un “fantasma” del futuro para saber esto?. Bueno, es exactamente lo que se nos intenta decir en este relato: la única certeza que tenemos como seres humanos es que algún día la muerte va a llegar. Como dice la canción de La Renga “es que la muerte está tan segura de vencer que nos da una vida de ventaja”. Con este destino escrito en piedra, la frase de Walt Whitman cobra más sentido, hay que llenar ese universo, ser inmensos y contener multitudes sin la necesidad de vernos en nuestro lecho de muerte.


Agustín López | Periodista | Crítico | Creador de contenido

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Comentarios 3

J
Jeroo Casco25 de agosto de 2025
Ya sos la segunda persona que las relaciona Agus. Se ve que pegaron en el momento justo, Bring Her Back la veo esta semana sin falta. Estamos en un momento para el género de terror que no tiene parangón
M
Mari Stocco25 de agosto de 2025
Qué hermoso análisis. Coincido totalmente con lo que decís de Flanagan: es de esos directores que pueden hacer terror puro y después sorprenderte con una obra tan emotiva como The Life of Chuck. Me encantó cómo conectaste la estructura de la película con Irreversible y el eco de All That Jazz. Yo también sentí esa mezcla entre apocalipsis y despedida íntima, y me rompió el corazón. Tom Hiddleston está increíble, transmite tanto con tan poco. Creo que nunca había llorado tanto en una sala de cine con algo de Stephen King.
C
Colecciona emociones con Charlie25 de agosto de 2025
Excelente análisis. Hay que vivir con seriedad y no dejar que la mediocridad temporal nos haga abandonar esa actitud. Ahora bien, la película también plantea otra pregunta interesante: si uno lleva una vida común y corriente, ¿puede vivir con propósito? La respuesta es sí, sin dudas.

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