Crítica en retrospectiva: Damas en guerra (Bridesmaids, Paul Feig, 2011)

Reseñas generales

En Damas en guerra (Bridesmaids, Paul Feig, 2011), Lillian (Maya Rudolph) se compromete y elige a su mejor amiga, Annie Walker (Kristen Wiig), quien atraviesa una crisis personal, como su dama de honor principal. Pero Annie no estará sola y deberá competir con la nueva amiga de Lillian, Helen Harris (Rose Byrne), por su atención.

 

La primera vez que vemos a Annie es en un momento tanto íntimo, como incómodo. Tiene sexo en todas las posiciones imaginables con el patán Ted (John Hamm), pero no solo no llevan el mismo ritmo, sino que ella se esfuerza en disfrutarlo, sin que aquel se dé cuenta. Para completar la imagen, Ted la bota de su casa apenas amanece sin inmutarse. Todo sería menos patético si Annie le dijera unas cuantas verdades; sin embargo, ella lo acepta sin casi rechistar, por lo cual ahora sabemos dos cosas sobre ella que serán relevantes a lo largo de la historia: está desesperada por amar y ser amada y, al mismo tiempo, le falta amor propio.

 

Luego de esa introducción, Annie y Lillian, su amiga de toda la vida, hacen ejercicios y comen juntas, mientras hablan con completa libertad del encuentro sexual de la primera y la vida amorosa de la segunda. Este y los diálogos siguientes ―la mayoría acerca de las relaciones personales, el sexo y el amor― son francos y naturales como una conversación casual entre personas normales, pero sin las partes aburridas o redundantes. El cómico y acertadamente estructurado guion es creación de las comediantes Annie Mumolo y Kristen Wiig, que viene de la escuela de Saturday Night Live al igual que Maya Rudolph.

Con las escenas anteriores, así como las que vendrán, Damas en guerra deja claro que trata ―principalmente y desde el punto de vista de las mujeres― acerca de la amistad, el amor (el de afuera y el de adentro) y cómo tocamos fondo. Y aunque la boda es de Lillian, la protagonista es Annie.

 

Annie tiene un trabajo que no le gusta como vendedora de joyas; a pesar de sus encuentros con Ted, está soltera; y su pastelería quebró durante una recesión económica, por lo que su anterior novio la deja. Como si no fuera suficiente, tiene un vehículo que luce casi tan derrotado como ella, su situación financiera es precaria y vive con dos hermanos bien raros (Rebel Wilson y Matt Lucas) que se parecen a Tweedledee y Tweedledum de Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll. Y cuando Lillian le anuncia su compromiso, se alegra genuinamente por ella, pero su soledad se hace más pesada todavía. Así pues, Annie está desanimada, incluso más de lo que cree. ¿Quién no ha estado en esa posición, ya sea hombre o mujer?

 

Por lo mismo, aunque Damas en guerra podría considerarse en primer lugar una “película para chicas” (o pensada para el público femenino), sin tampoco llegar a ser un manifiesto feminista, en realidad está hecha para un público más amplio que logre identificarse con su historia y protagonista, así como El diario de Bridget Jones (Bridget Jones´s Diary, Sharon Maguire, 2001). Y es que una crisis existencial la puede tener cualquiera.

La película usa la boda de Lillian como el detonante de la crisis progresiva de Annie. De esta forma le enseña tanto a ella, como a nosotros, que, si bien siempre se puede estar mejor, también se puede estar peor si lo permitimos. Ya sea en los momentos cómicos o en los dramáticos, a la encantadora Wiig le sale natural su interpretación y es convincente en cualquier faceta de su personaje, como si hubiese estado escrito para ella.

 

Aparte de Annie, el grupo de damas de honor está conformado por la prima de Lillian, Rita (Wendi McLendon-Covey), una mujer atractiva, pero infeliz con su movida vida sexual y que está cansada de sus hijos. Becca (Ellie Kemper), compañera de trabajo de la futura novia, una chica dulce y felizmente casada, pero insatisfecha a su manera en el plano sexual. Megan (Melissa McCarthy), la genuina, amigable y solitaria hermana de Douglas (Tim Heidecker) que casi se roba el show. Y la bella, sofisticada y pesada Helen, quien es tan solitaria como Megan, aunque no lo parezca, y le pondrá las cosas difíciles a Annie con tal de ganarse el cariño de Lillian, la más normal del grupo. Dicho sea de paso, todas las actrices encajan muy bien en sus respectivos papeles.

 

¿Qué tiene en común este disparejo y divertido grupo de mujeres? Todas representan alguna parte de la vida de las mujeres, tienen una o varias insatisfacciones y, muy importante, necesitan hablar y ser escuchadas; de ahí que la película parece que está compuesta más por diálogos que por acciones, similar a la serie Sexo en la ciudad (Sex and the City, Darren Star, 1998-2004).

Además de Lillian, Annie desarrolla una relación intensa con Helen, pero no cordial, sino pasivo-agresiva; ambas son el perfecto opuesto de cada una, si bien comparten varias cosas en común, empezando por la necesidad de complacer a otros. Helen aprovecha la torpeza inherente de Annie para hundirla más, como en la hilarante y desastrosa escena en que se prueban los vestidos, o deliberadamente le “mete el pie”, por ejemplo, cuando la droga en el viaje en avión. Sin quererlo ni con maldad, Annie le arruina cada momento a su mejor amiga y, en el camino, cae más bajo.

 

Por consiguiente, si bien Helen se comporta en casi toda la película como la antagonista de Annie, en verdad la misma Annie es su peor oponente: arruina su incipiente relación con el amoroso y educado Rhodes (Chris O´Dowd), el hombre que mejor la trata, precisamente porque no está acostumbrada a ese tipo de atenciones; la despiden del trabajo por un impase con una joven cliente; sus compañeros de cuarto la botan de la casa; y le destroza literalmente la fiesta de despedida a Lillian, en la que saca todo lo que ha acumulado por dentro. Hasta su carro termina por estropearse. Como le vaticina al inicio Judy, su madre (Jill Clayburg), Annie termina por tocar fondo, parecida al personaje de Tom Hanks en la significativa escena que ve del Náufrago (Cast Away, Robert Zemeckis, 2000); capaz eso es lo que necesita.

 

Es Megan, la menos pensada a primera vista, pero la indicada precisamente porque conoce la soledad, quien le da una lección y la ayuda a salir a flote al darle un discurso honesto en el que remata: “Tú eres tu propio problema y también tu solución”. Y es que Annie, desde el principio, también ignora lo bueno que posee (salud, talento, familia y más de una amiga); la solución, como le dice Megan, siempre la ha tenido y, ahora, lo redescubre. Después de esta escena, Annie empieza a subir a flote poco a poco: trata de arreglar su vida primero con acciones pequeñas (manda a reparar las luces del carro) y, luego, con acciones más grandes (trata de enmendar las cosas con Rhodes y Lillian, y ayuda a esta con su crisis prematrimonial).

 

Al final, mientras las Wilson Philips cantan Hold On (Agárrate), Lillian se casa felizmente con Doug, Helen y Annie ahora son amigas y Rhodes busca a nuestra protagonista, quien ha conseguido enderezar no solo sus relaciones con los demás, sino su vida, o por lo menos lo está logrando. Ha conseguido el amor afuera, pero también ha recuperado el suyo. Todo está bien el mundo de las chicas. 

Comentarios 2

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Mirella Pomares14 de agosto de 2025
Me encanta las pelis que eliges para analizar! Creo que todavia no vi ningun articulo tuyo que no me interese, voy a seguir leyendo tu historial, muy bueno!
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Mari Stocco11 de agosto de 2025
Recuerdo haber visto Damas en guerra pensando que sería otra comedia romántica ligera, pero me sorprendió lo humana que es. Kristen Wiig está increíble, con esa mezcla de vulnerabilidad y humor que hace que quieras abrazarla y sacudirla al mismo tiempo. La escena del avión sigue siendo de mis favoritas, puro caos y vergüenza ajena. Me gusta que el final no es un “final perfecto” de cuento de hadas, sino un inicio más realista de lo que significa levantarse. Además, ese cierre con Wilson Phillips es un himno personal para los días grises.

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