Trilogía Pusher: violencia y humanidad

Reseñas generales

Nicolas Winding Refn es, probablemente, uno de los directores de la actualidad que más ¿infravalorado? ¿poco considerado? tenemos en la actualidad. Si bien su brillante “Drive” de 2011 con un icónico Ryan Gosling se llevan todos los flashes de su filmografía junto con la destacadísima “The Neon Demon” de 2016 con el protagónico de Elle Fanning en un mundo de modelos muy turbio, el director y guionista danés cuenta con increíbles producciones en su filmografía (“Bronson”, “Only God Forgives” o “Bleeder”, por mencionar algunas), pero me quiero centrar en una etapa inicial de él, en literalmente lo que fue su debut y luego una trilogía completa que comenzó en 1996 y finalizó en 2005: hablo de su Pusher I, II y III, donde su debut no pasó desapercibido y nos llevó a los márgenes de la sociedad de Copenhague invadida por la mafia, la droga y la violencia pero su destacado trabajo fue por otra cosa. En estas cintas, Refn se animó a explorar más allá de lo que uno supone que estas personas son (sí, todos lo negativo que podemos pensar) pero se intentó poner en su lugar y con eso, ponernos a nosotros mismos, y mirar ese lado más “humano” de los que podemos entender como la escoria de cualquier sociedad. Allí si prestamos atención, vemos a personas con problemas similares a los nuestros y quizás, solamente quizás, podamos vernos reflejados con algunos. 

En 1996 se estrenó Pusher I y como dije, fue el primer largometraje del danés que gracias a esta cinta, introdujo al mundo del séptimo arte al querido Mads Mikkelsen, quien también tuvo su primer trabajo acá. En ella y con la primera capa de violencia, mafia y tráfico de drogas se nos presenta una serie de problemas que le suceden a Frank (Kim Bodnia), un pequeño dealer (o Pusher, palabra que le da nombre a las películas), se encuentra sumergido en una deuda impagable con el líder serbio de todo este mundillo (y el personaje más destacado de esta saga), Milo (interpretado por Zlatko Burló), por lo que el protagonista deberá hacer lo imposible para juntar el dinero necesario junto con su compañero y amigo Tonny (Mads Mikkelsen). En esta primera entrega, la historia se centra pura y exclusivamente en Frank y vemos y sentimos todo como él; desde este punto la historia ya suma muchísimos puntos gracias a su guión y dirección que nos sumergen de lleno en un mundo mafioso del que no tenemos idea pero la angustia, encierro y desesperación pueden resultarnos familiares de alguna manera. Vemos como Frank lentamente comienza a desesperarse por encontrar la forma de saldar esa deuda que cada vez parece ser más millonaria y nos hundimos con él en las diferentes formas de lograrlo, angustiándonos hasta el dolor de estómago de lo enredado de la circunstancia. Pero quizás lo más interesante está en la segunda capa de la historia: más allá del suspenso, él comienza a quedarse sólo por diferentes motivos. Milo parecía que era alguien en quien confiar pero como buen líder de un grupo narcotraficante, el dinero es más para él; su mejor amigo Tonny lo traiciona acusándolo con la policía, un acto altísimo de traición pero no por un código mafioso, sino por el simple hecho de que alguien que es como tu hermano nunca podría ser tan desleal. Frank también tiene una pareja pero lejos de ser algo tierno, era un maltratador constante y ella termina estafándolo. Todo se volvió en su contra en poco tiempo y su orgullo no le permite pedir ayuda ni decir lo que le pasa, por lo que termina poco a poco cavando su propio pozo. 

Tras este debut increíble para Winding Refn, en 2004 estrenó Pusher II y esta vez seguimos la historia en los ojos de Tony (Mads Mikkelsen) y desde ya aclaro que para mí (y muchos) es la mejor de la saga, con una actuación soberbia del danés brindando un personaje muy complejo: un mafioso violento, pero torpe y dañado al mismo tiempo. La segunda entrega de esta trilogía es presuntamente una film de gangsters y problemas como la primera, pero es aún más emocional que la uno; Tonny sale de la cárcel y en su intento por tener una segunda oportunidad en su vida, de tratar de hacer las cosas medianamente bien se topa con una pared durísima: el rechazo de su padre. El líder de una banda de traficantes totalmente frío que no lo trata como un hijo, sino como a un empleado inútil que no sabe hacer nada bien. Nos damos cuenta instantáneamente que la mayoría de los problemas del protagonista provienen de este lado: el abandono de un padre que cuida más a su otro hijo más jóven y para hacer énfasis en el punto de la paternidad, él mismo se entera que tiene un hijo (según lo que se le cuenta) con Charlotte y aunque duda muchísimo porque ella se ha acostado con muchos en la ciudad, Tonny se hace cargo completamente, intentando generar dinero a toda costa para intentar pagar la manutención. Pusher II es un constante tiro y afloje entre la violencia y el dolor reprimido, y se maneja muy bien entre ambos límites gracias a un brillante guión pero por sobre todas las cosas, una actuación que catapultó a Mikkelsen, posicionándolo como un actor completamente versátil.

Un año más tarde llegó la tercera y última de la saga: Pusher III y ahora, el punto de vista es desde el único personaje que estuvo presente en las dos ediciones anteriores Milo, el más interesante de la trilogía. Lo vimos muy presente en la primera siendo el serbio amenazante, capaz de fingir amistad para luego querer asesinarte y en la segunda repitiendo este papel pero por un momento. Ahora, le tocó a él ser el protagonista y como dije, esta saga se caracteriza por mostrar el costado más humano y esto es lo que sucede aquí también: Milo ya no es ese ser temido; ahora asiste a narcóticos anónimos y disfruta cocinando para el cumpleaños de su hija Milena. Pero como siempre, algo sucede y acá todo su negocio comienza a desmoronarse y tiene fuertes encuentros con traficantes más jóvenes y toda una red que ya no lo respeta. Milo intenta mantener todo estable mientras lucha con su propia adicción e intentando ser un padre presente, pero todo lo termina desbordando y la vida que quiso dejar atrás, otra vez lo vuelve a atrapar. Esta tercera entrega sucede durante el lapso de 24 horas (como Pusher I), y se siente como la más claustrofóbica de todas y la que más desesperación te genera. 

Nicolas Winding Refn convirtió un mundo turbio, oscuro y violento en un lugar de introspección para muchos; probablemente no nos veamos reflejados como un espejo en estos personajes, pero por primera vez podemos entender los dolores o motivaciones de esta “escoria” y por qué actúan como actúan. Esto es completamente brillante por parte del danés que tuvo un debut y un ascenso espectacular gracias a esta trilogía. Obvio, luego nos entregó “Drive” y “The Neon Demon” y conquistó el corazón de todos por la masividad que alcanzó, pero esta saga ya se considera de culto por todo lo que significó en su carrera y cómo catapultó al estrellato a sus tres protagonistas, porque fue casi el primer trabajo tanto para Mads Mikkelsen, Kim Bodnia y Zlatko Buric, quienes no pararon de triunfar tras Pusher I. 


Agustín López | Periodista | Crítico | Creador de contenido

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