Notas sobre Vermiglio de Maura Delpero
Reseñas generalesPor la ventana ingresa la tenue luz del amanecer invernal, la familia Graziadei aún descansa. En la habitación hay dos camas, en una de ellas descansan las tres hermanas mujeres y en la otra los cuatro hermanos varones. En la habitación contigua duermen los padres junto a la cuna del hermanito más pequeño de la familia. Comienza la rutina, Lucía, la hermana mayor, es la encargada de ordeñar una de las vacas en el pequeño establo familiar, la madre calienta la leche y llena cada una de las 7 tazas que le acerca cada unx de sus hijxs. El desayuno transcurre en silencio, el padre ocupa la cabecera y la madre permanece de pie lista para continuar con las tareas diarias. Más tarde, el padre y sus hijxs recorren lentamente el paisaje nevado hasta llegar a la única escuela del pueblo. Allí Cesare Graziadei es el maestro y sus hijxs junto a los demás niñxs del pueblo sus estudiantes. Hay estudiantes de todas las edades, los más pequeños se sientan al frente y los mayores en los pupitres del fondo. La comunidad es demasiado pequeña para separarlos por edades y niveles.
Así comienza Vermiglio (2024) la nueva película de la directora italiana Maura Delpero. Desde la secuencia inicial, a través de una selección de planos muy precisa y sin necesidad de recurrir al diálogo, la directora presenta los vínculos familiares, las diferencias entre mujeres y varones, la distancia entre padres e hijxs y la supremacía del padre. La atmósfera que envuelve la casa de los Graziadei es severa y de un silencio riguroso, allí cada unx parece tener claro cuál es su rol dentro de la dinámica familiar. Pero esta lógica familiar no será patrimonio exclusivo de los Graziadei sino más bien un reflejo de las costumbres y valores tradicionales de Italia a fines de la segunda guerra mundial. La guerra en Vermiglio, el pequeño pueblito de montaña en el que vive la familia, parece algo distante, hasta allí no llegan los silbidos de las bombas y las sirenas. Las noticias llegan tarde a través de los diarios. Sin embargo, la magnitud de la guerra llega como un eco incluso en los pueblos más pequeños, algunos varones jóvenes han tenido que marchar al frente, la correspondencia se ha interrumpido y no se tiene noticias de su suerte. La guerra se vuelve una presencia silenciosa, no se habla demasiado de ella pero ocupa los pensamientos de los habitantes. Pero todo cambia cuando regresa al pueblo Attilio, el hijo de la tía Cesiria -la hermana de Cesare, el maestro- junto con su amigo Pietro Riso, un soldado siciliano. Los jóvenes han abandonado el frente. Si la figura del soldado suele estar vinculada a la idea del honor y el sacrificio, la figura del desertor se vuelve problemática, cercana a la traición y genera conflictos en el pueblo.

I.
Vermiglio se ha quedado al margen de los adelantos de la modernidad, el pueblo aún está sumido en una lógica casi feudal. Los habitantes son campesinos y el invierno se vuelve el momento más temido del año, el de mayor escasez. Las familias son numerosas, incluso la del maestro que a pesar de los pocos recursos tiene un estatus especial en el pueblo por su nivel cultural. Aún parte de la población es analfabeta, los días sábados el maestro enseñará a leer y escribir a un pequeño grupo de hombres mayores. La escuela y la iglesia serán las instituciones más respetadas del pueblo, las que contienen a la población, las que lo unen con lo universal -la fe y el conocimiento- rompiendo el aislamiento y creando un lazo entre Vermiglio y el mundo.
El bar será el lugar de encuentro de los varones del pueblo -exceptuando los días de fiesta donde también participan mujeres- allí se manifiesta por primera vez el descontento por alojar a dos desertores de guerra. El maestro todas las tardes visita el bar, pero su vínculo con los habitantes del pueblo es algo distante, su estatus parece aislarlo del resto de los habitantes. Lo que rige el modo de vida y las prácticas del pueblo es la naturaleza que marcará el ritmo de la vida común. La idea de comunidad está muy presente, el vínculo es estrecho, cercano pero no carente de conflictos, rumores y habladurías. Delpero no romantiza la representación de lo popular más bien se encarga de dejar al descubierto las tensiones que lo atraviesan. Si bien los personajes están anclados en un espacio determinado y forman parte activa dentro de la comunidad, la directora prefiere centrarse principalmente en la familia y el modo en que el entorno influye en ellxs. La casa se volverá entonces el principal escenario, el reflejo de lo que ocurre fuera de ella.
Las tradiciones están fuertemente arraigadas en la familia Graziadei, las mujeres tienen un único destino posible: el de convertirse en madres, esposas y administradoras del hogar. La educación elemental resulta suficiente para esos fines. Sin embargo, Cesar es capaz de proveer otro destino para una de sus hijas: la posibilidad de continuar sus estudios fuera del pueblo. Esta oportunidad no estaba destinada a las mujeres pero ante la falta de aptitud de su hijo mayor, el beneficio será para una de las hijas. Las que tienen deseos de continuar formándose son Ada y Flavia. El padre optará por la menor, Flavia, lo que causará un profundo dolor en Ada que finalmente decidirá su propio destino por fuera del matrimonio: la vocación religiosa. Lucia, la mayor, será la que se convertirá en esposa y madre, se entregará a la tarea profundamente enamorada de Pietro, el soldado desertor siciliano.

II.
El romance entre Lucía y Pietro nace lentamente. Las miradas se encuentran por primera vez en la iglesia y será en ese mismo escenario donde Pietro le entregue un papelito con un dibujo de un corazón, las hermanas descubren así que Pietro es analfabeto. El joven irá a la escuela para adultos y sus progresos con la escritura le permitirán escribir debajo del corazón Pietro y Lucía. El matrimonio se celebra cuando Lucía ya está embarazada, su madre lo descubre al probarle el que fue su vestido de novia y que ahora usará su hija. Ya es primavera y la joven pareja comparte una habitación en la casa familiar. La familia no deja de agrandarse, Lucía no es la única que espera un hijo también lo hace su madre que tras el fallecimiento del último bebé está nuevamente embarazada. La sexualidad en Vermiglio parece estar vinculada únicamente a la reproducción y la mujer sometida al deseo masculino. Esta situación produce tensiones entre Cesar y su esposa, mientras ella reclama que no tienen suficiente alimento para alimentar a todxs sus hijxs, el estudio del maestro está repleto de objetos pocos frecuentes en el pueblo: estanterías con libros, un reloj de péndulo, un tocadiscos y un cuaderno con fotografías pornográficas que descubre una tarde Ada escondido en un cajón.
Pietro vuelve a Sicilia para hacerle saber a su madre que está con vida, la correspondencia se ha interrumpido hace tiempo. Lucía espera a Pietro, las cartas no llegan, comienza así la línea melodramática que se mantendrá hasta el final del relato. Pietro no vuelve y Lucía descubre su pasado, el pueblo parece conforme de constatar que no es confiable vincularse con desertores. La deshonra rodea a la familia. Lucía no parece capaz de parir sola a su hija y cuidarla. Delpero despliega una nueva faceta del universo femenino: la contracara de la maternidad. La maternidad se vuelve trauma y las mujeres adultas de la propia familia no parecen sostén suficiente, se preguntan atormentadas una y otra vez ¿quién la querrá ahora?. Vermiglio es un retrato de la guerra, pero la guerra percibida desde la distancia, como un eco del que no es posible esconderse por más lejos que se esté del campo de batalla. Pero es sobre todo es un retrato de las frágiles condiciones de vida de las mujeres a fines de la década del 40, la falta de posibilidades, el peso de la tradición y la imposibilidad de decidir sobre su cuerpo y su propio destino.






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