Crítica en retrospectiva: Rango (Gore Verbinski, 2011)
Reseñas generalesRango (Johnny Depp), un camaleón doméstico con problemas de identidad, cae por accidente en un desierto. Después de deambular un rato, encuentra un pueblo perdido en el medio de la nada que atraviesa una severa y misteriosa sequía; así, Rango asume el rol de sheriff para ayudar a los desesperados habitantes.
En retrospectiva, que Rango (2011) haya sido un éxito, entre chicos y adultos, puede parecer sorprendente sobre todo si consideramos que no venía de una saga ya establecida, visualmente casi todos sus personajes son bastante repelentes y era una animación con forma de western, género que no gozaba de mucha popularidad a principios de los 2010. Pero, en realidad, la respuesta positiva que cosechó no sorprende tanto si tenemos en cuenta que fue producto del maravilloso trabajo de un grupo de artistas de renombre.
En la dirección estuvo Gore Verbinski, quien había dirigido Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra (Pirates of the Caribbean: The Curse of the Black Pearl, 2003) y las siguientes dos entregas. Con Rango, Verbinski demostró una vez más que es un director diestro que, entre todos los géneros que ha tocado, sabe hibridar el cine de aventuras con la comedia; y si bien no escribe sus guiones, sí entiende cómo llevar a la pantalla los que llegan a sus manos.
Precisamente, el guion de esta película animada estuvo a cargo del talentoso John Logan, escritor de los libretos de Gladiador (Gladiator, Ridley Scott, 2000) y El aviador (The Aviator, Martin Scorsese, 2004). Similar a Verbinski, con quien ya había trabajado con anterioridad, el estilo de Logan tiende a las historias épicas y de aventuras, con personajes heroicos que están en buscan de su destino y que, por su misma intrepidez, dejan una huella indeleble a su paso. Ese es justamente el caso de Rango.
El protagonista de esta historia es un camaleón con dotes actorales, simpático, no muy brillante, pero bueno por naturaleza y deseoso de probar su valentía. Quiere ser un héroe, pero todavía no sabe bien quién es, pregunta que se la harán tanto los demás personajes, como él mismo a lo largo de la trama. Que Logan haya concebido a Rango, quien al inicio de la historia ni siquiera tenía nombre, como un camaleón actor con una crisis existencial no es casual, puesto que él tratará de descubrir su color y rol en la vida cuando sale del pequeño e ilusorio mundo de su pecera, al mundo real del desierto; una metáfora amena y efectiva.

Aunque el papel no estuvo pensado para Johnny Depp, sí le vino a la perfección, aun si pensamos que solo le prestó su voz; incluso, la película reconoce su legado con una pequeña referencia a Miedo y asco en las Vegas (Fear and Loathing in Las Vegas, Terry Gilliam, 1998). Parecido a otros personajes, reales o no, de la extravagante galería de este no menos camaleónico actor ―como Edward Manostijeras, Willy Wonka o Ed Wood― Rango es un solitario excéntrico y bonachón que quiere ser admirado o encajar en la sociedad, al menos. Y a pesar de su rareza innata o capaz debido a ella, tiene la capacidad de iluminar a todos a su alrededor.
El variopinto grupo de personajes que lo acompañan en su viaje del héroe es llamativo tanto por la extensa fauna en que se componen, como los arquetipos del western que representan. Está el sheriff, el alcalde, la pueblerina aguerrida, los vaqueros, los bandidos, los mineros, entre otros tantos, en un mezcolanza creativa y divertida propia de este género cinematográfico. Del conjunto, el Alcalde (Ned Beatty), que por su apariencia y hacer recuerda al personaje de John Huston en Chinatown (Roman Polanski, 1974), es uno de los más interesantes porque domina a los pueblerinos por la necesidad y la ignorancia que padecen. Y estos, a su vez, parecen tan estancados en el tiempo como el propio pueblo de Tierra, una ruina polvorienta de otra época que, así como ellos, es feo, pero encantador; por lo mismo, Rango está visualmente más cerca de los spaghetti westerns de Sergio Leone, que de los westerns clásicos de John Ford.

No obstante, la progresión de la historia tiende más hacia el clasicismo fordiano: sin proponérselo, Rango asume el puesto del sheriff y, con ello, trae ánimos y esperanzas al pueblo de Tierra que, al igual que él, encuentra su valentía. Y luego de su primer encuentro con Víbora Jake (Bill Nighy), en el cual este profundiza el drama existencial de nuestro improbable héroe, cuestionándose a sí mismo si realmente tiene valor o no, termina por razonar que su misión es salvar al pueblo, no por gloria ni dinero, sino por amor a él, en la línea de los personajes interpretados por John Wayne.
En este punto hay que detenernos brevemente en el Espíritu del Oeste (Timothy Oliphant). Como todo personaje que recorre el sendero del viaje del héroe, Rango necesita la guía de alguien más experimentado que le enseñe el camino, y quien mejor que una presencia con la forma del legendario Clint Eastwood, cuya icónica figura encarna ―como la de ningún otro― al Viejo Oeste forjado en el cine, especialmente con su personaje del Hombre sin Nombre. Por otra parte, los rasgos de Víbora Jake (los amenazadores ojos, el sombrero plano y el bigote) lo asemejan a Lee Van Cleef, el malo por excelencia de los westerns, por lo que ambos actores se reencuentran de una forma u otra nuevamente. Todo esto conforma una referencia especial para los amantes del western, quienes, junto al equilibro narrativo y estilístico entre las etapas clásicas y revisionistas, respectivamente, encontrarán un homenaje mucho más grande a este género de lo que se ve a simple vista.

Por otro lado, la animación todavía se mantiene a la altura, pese a los casi quince años que han transcurrido desde su estreno. El trabajo del movimiento, los detalles, los colores y el modelado de los personajes realizado por la Industrial Light & Magic (ILM), fundada por George Lucas, se sigue viendo realista, fluido y precioso, por ejemplo, en escenas como la persecución de los topos, con su estilo a lo Mad Max: Salvajes de autopista (Mad Max, George Miller, 1979), o aquella en que Rango vaga por el desierto al anochecer.
Asimismo, la música de Hans Zimmer, con su combinación de guitarras eléctricas, temas operísticos y ritmos al estilo de Ennio Morricone (compositor al que Zimmer admira, dicho sea de paso), es a veces enigmática, a veces jovial, pero siempre emocionante y acertada para acompañar la imagen y las situaciones de este western atípico, que tiene un mensaje ecológico y político sobre la importancia del agua, que funciona para todo público, y con toques surrealistas, pero extrañamente puro. En líneas generales, pues, la música contribuye a engrandecer el viaje de Rango.
Cuando Rango, al final, aparece con su andar seguro y un poncho a lo Eastwood, no queda dudas de que ya no finge, sino que sabe quién es, un héroe del Oeste. A través del Alcalde, la película habla de la vaticinada muerte del western; pero por medio de Rango reafirma su perenne resistencia a morir. Como la mitología moderna que es, jamás lo hará. Y con el pueblo a salvo y los malvados derrotados, hasta el mismo Víbora Jake reconoce la valía de este camaleón transformado ahora en una leyenda viviente. Y es que una leyenda no nace: se hace.
















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