La gente no cambia... ¿o sí?

Reseñas generales

Es la pregunta del millón que todos nos hacemos alguna vez en la vida, sobre todo cuando ese amigo o amiga nos llama a las once de la noche para contarnos acerca del mismo error que cometió por enésima vez a pesar de nuestros consejos e intervenciones. Me pregunto si voy a seguir cometiendo el error de atender llamadas a esa hora. Pero bueno, hablando de rollos, mi rollo es ponerme a ver las películas que me recomienda Youtube (https://www.youtube.com/watch?v=ePfXZLadUYM); por ejemplo cuando buscaba la última entrevista que dio David Lynch antes de morir porque es director que admiro y fue muy importante para mi vida de cinéfilo. Con el rabillo del ojo, intercepté una película llamada Un hombre diferente. Lo primero que me cautivó fue la música del trailer, que lamentablemente no aparece ni en la película ni en la banda de sonido oficial. Busqué en varios lugares de las internets pero para verla en cines tenía que vivir en México y conseguir un boleto a última hora antes del 8 de diciembre. Soy pobre denme plata. 

¡Soy un ser humano!


El tiempo pasó y gracias a una amiga que me pasó su contraseña de MUBI pude ver el Hombre Elefante... oops, perdón, quise decir Un hombre diferente. Bueno, los títulos son muy similares, es cierto, y también los protagonistas. Soy humano, soy solo un hombre que escribe artículos de cine, me puedo equivocar. 
Edward Leum, cuyo rostro (deformado por una extraña condición) aparece en el primer fotograma de la película -este director no pierde tiempo- es un actor en la etapa poco glamorosa de su carrera que lleva una vida solitaria en un departamento de Ñuyorciti rodeado de gente que es muy rara. Tan rara que él a pesar de su condición es solo un vecino más del que apenas conocen su nombre. Es un tipo corriente, algo tímido, reservado cuya apariencia no sobresale en la neurosis metropolitana actual; no es considerado un freak, como John Merrick del Hombre Elefante, que fue abandonado por su madre y tomado por un circo a tiernísima edad. Es más, esta sociedad en la que vive, lo contrata para actuar en películas concientizadoras que apuntan a tratar de manera cordial a personas deformes. So far so good. Tout va bien en la vida de Edward Leum. A partir de ahora se expondrán los spoilers de manera cruda y dura ¡Están advertidos!

 

Una vecina pelirroja se muda al departamento de al lado. Sus muebles son coloridos, su ropa también, al fin algo de color en la vida Edward. Establecen una relación que linda entre lo cordial incómodo extremadamente amable y una tensión sexual. La tensión se siente en varios momentos... es inminente la parte no apta para todo público. La chica se llama Ingrid Vold y es muy agradable a la vista ¡Que se llame igual a Ingrid Bergman es pura casualidad! Es solo mi paranoia. Tarantino me hizo desconfiar de todo ya. A medida que pasa el tiempo y su relación se afianza, Edward decide poner cartas en el asunto pero cuando quiere regalarle su máquina de escribir roja y lo recibe la pareja de ella, Edward regresa a su casa cabizbajo a mirar sus tutoriales para aprender a silbar. Una gotera insistente en el techo que da al vecino de arriba no parece interesarle mucho, ni aún cuando encuentra una rata muerta. El sigue con su vida. Pero alto, se entera de que dicho vecino sale con una modelo durante sus paseos por el parque estilo Ñuyorciti.

 

Una mujer bella y un hombre con baja autoestima ¿qué puede salir mal?

En una conversación de café, nos enteramos de que Ingrid es dramaturga (?) y que está trabajando en un misterioso proyecto del que no quiere brindar información. Mientras tanto Edward comienza los últimos tramos de su tratamiento para curar su condición. Se inicia una secuencia Kafkaesca donde la transformación no es tanto física sino psicológica y el pobre sufre este proceso irreversible del que es tanto víctima como victimario. No regresa más a la clínica. Adopta el gato del vecino que sale con modelos después de ahorcarse sin decir ni mú y el médico de cabecera lo va a visitar preocupado por su desaparición. Pero para sorpresa de todos Edward se mira al espejo y ¡Tadá! ¡Es ahora un hombre diferente! El hombre elefante murió e Ingrid escucha a través de su puerta.

El cine que se mira a sí mismo. La mamushka de situaciones donde una película muestra el desarrollo de una obra de teatro, la filmación de una publicidad que es vista por los mismos actores que son los protagonistas del film, la sospechosa mirada del protagonista que nos dice: “están mirando una película” es la clave para entender este film. Podría mencionar también que es una especie de respuesta (una simplificada versión de “las obras que dialogan con otras obras”) a La Substancia y a El hombre Elefante.

Mamá, no me siento bien.

En la fotografías que tiene Edward en su departamento pre metamorfosis hay una donde está él de niño con su mamá. Ingrid la mira atentamente porque ella se parece mucho a la mujer de la foto. Queda embelesada por la sordidez y la decadencia de la vivienda: la gotera del techo, las fotos viejas, la maquina de escribir de color roja, en fin... encontró una mina de oro para su trabajo. Hombres temerosos e inseguros con su imagen. La pobre Ingrid pretende hacer una obra de teatro donde la belleza está oculta a simple vista y la Bestia termina casándose con la Bella al final de la historia. 

 

Hasta que la muerte los separe


La muerte (falsa) de su vecino termina por santificar la imagen de Edward para siempre a ojos de Ingrid, la verdadera presentia in absentia. Cuando conoce a Guy Moratz durante el ensayo de su obra de teatro, ella encuentra todo lo que en Edward no había: sexo. Pero resulta que su frustración es aún mayor cuando le pide a su amante que se ponga la máscara del personaje la hora de tener sexo para que ella gozara, llegara a su clímax. El actor que actúa de otra persona ¿No nos ha pasado que para acabar nos imaginamos a una persona distinta de la que está con nosotros? Cerramos los ojos y listo. Ingrid no sabe que Guy es Edward, y cuando Guy se pone la cara de Edward el artificio rompe la ilusión. Pero todo esto se resuelve cuando... ¡Tadáaa! Se materializa Oswald.

 

Quien iba a pensar que en Ñuyorcity iban a coexistir no uno si dos hombres elefante. Oswald son las plegarias atendidas de Ingrid y el ángel exterminador de Guy Moratz. En una estremecedora escena, Oswald canta hermosamente una canción en Karaoke. Guy lo mira perplejo y mira la reacción de las demás personas. A partir de este momento, Guy muere porque le cae la guillotina de la verdad... fue siempre un insatisfecho. Es tarde ahora para cambiar las cosas (al menos eso cree él) porque su substituto, su versión mejorada ya está en funcionamiento. Como un niño caprichoso comienza a destruir todo lo que logró con su nueva imagen, su trabajo, su relación con Ingrid, y su papel en la obra. Como si eso no bastara, para concretar el pasaje al acto con bombos y platillos, luego de su pataleta, algo se desajusta del escenario y el techo se le cae encima.

 

Cantar es rezar dos veces decía el cura de mi barrio

La película toma un camino tumultuoso y en fastforward a partir de este momento. Ingrid y Oswald son exitosos, millonarios que “Están todo el día teniendo sexo y tomando LCD”. Guy mata a su kinesiólogo apuñalándolo por la espalda, pasa una temporada en prisión, y sale como si nada hubiera pasado. La pareja tiene planes para irse a los Andes para unirse a una secta.

 

Edward tras pasar una epopeya de infortunios y desgracias producidas en su mayoría por su propia inseguridad y falta total de autoestima, no sufre ninguna transición de tipo moral o psicológica. Ingrid continúa siendo una manipuladora que solo piensa en su propio bienestar. Oswald que funciona como una especia de visitante que irrumpe en la vida de los demás, como el misterioso sin nombre en Teorema de Pier Paolo Pasolini, es la figura que se mantiene impertérrita de principio a fin, funciona como antagonista pasivo para el miserable Edward y para el hombre de los sueños, exitoso y seguro de sí mismo para la femme fatale camuflada de ángel de Ingrid. Guy Moratz (guy significa hombre en inglés) en la última toma mira a cámara, al espectador; como Aguirre la ira de Dios, mostrando una sonrisa triste después de que Oswald le dijera: “No cambiaste nada”. 
 

Aguirre the Wrath of God (Aguirre Der Zorn Gottes) | What I Watched Last  Night...
Klaus Kinski mirando a la cámara. Intenso.


En contraste con el final de El Hombre Elefante que es melodramático, sensibilista, donde Joseph Merrick que es un ser deforme, un freak para sus contemporáneos de la era victoriana, un héroe típico de novela de Dickens, el niño huérfano con grandes expectativas que adquiere fama y prestigio pero que muere al dormir como un hombre normal. Acá el hombre es querido, no es visto como un fenómeno. Es él quien se ve como un freak y cuya transformación solo lo convierte en un freak al cuadrado. No muere porque nunca está vivo ni muerto del todo. En el momento en que se vio a sí mismo a través de su doppelganger, vio su reflejo en el agua como Narciso y cayó al río arrastrado por el horror en vez del enamoramiento. Solo que en el mito griego el producto de esa muerte es una flor con su nombre. Acá no hay ninguna flor porque el sacrificio no llega a consumarse, Edward no se ahoga, chapotea ciegamente sin llegar nunca a la orilla ni tampoco hundirse hasta el fondo.  

 

Narciso (Caravaggio) - Wikipedia, la enciclopedia libre
Narciso por Caravaggio

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