🌳 El Club de los Inadaptados Brillantes
Cuento cortoQué puedo hacer si me encuentro sólo?
Esa es la esencia de este film, exceptuando su humor caracterĂstico y referencias al cine de clase B con Sci-Fi, no es de extrañar que terminara encantándome.
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Está frĂo y hĂşmedo, rodeado de maleza…
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Narrado por el Dr. Cucaracha, con una linterna bajo el mentón, una noche sin luna…
HabĂa una vez, no muy lejos de donde tus sueños duermen, un niño {o niña, o algo entre ambos} llamado Dante, que caminaba con un corazĂłn remendado y unos pensamientos que hacĂan eco, como un pasillo vacĂo. No era que no tuviera amigos… era que no se sentĂa suficiente, ni siquiera para sĂ mismo.
A veces, se preguntaba si habĂa nacido con una grieta invisible que nadie más veĂa, pero que Ă©l sentĂa abrirse cada vez que fingĂa estar bien.
Una noche, después de llorar en silencio {como hacen los valientes que no quieren molestar al mundo}, Dante se deslizó por debajo de la cama… y cayó.
No al suelo.
No a un sĂłtano.
A otro lugar.
Un mundo extraño, brillante, con edificios de chicle, árboles de goma y un cielo que cambiaba de color según el humor de quien lo mirara {entre azul-violeta y rojo manzana mordida estaba, esa noche en particular}.
Allà lo esperaban… Monstruos.
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B.O.B., el gelatinoso sin cerebro pero con el alma más suave que un malvavisco al sol, lo abrazó sin preguntar.
El Dr. Cucaracha, con su traje arrugado y gafas de laboratorio, le dijo:
“El mundo te dijo que eras raro, cuando en realidad solo eres único”.
El EslabĂłn Perdido le lanzĂł una sonrisa de colmillos torcidos y dijo:
“Todos cargamos con algo del pasado, pero eso no nos hace menos… nos hace más interesantes”.
Y por supuesto, ella: Ginormica, enorme, brillante, fuerte.
Se agachĂł a su nivel y le susurrĂł:
“Una vez pensĂ© que debĂa encogerme para encajar. Pero aprendĂ que el amor más grande es el que me doy a mĂ misma.”
Esa noche no jugaron a salvar el mundo. Jugaron a salvarse entre ellos.
Hicieron una fogata con recuerdos que dolĂan, momentos de burla, de silencio, de no haber sido elegido, y los dejaron ir como globos, subiendo al cielo cambiante hasta convertirse en estrellas fugaces.
Contaron historias inventadas, que quizás no eran tan inventadas.
Dante, con una voz que apenas era un murmullo al principio, preguntĂł:
“¿Puedo quedarme aqu�”
Los monstruos se miraron, sonrieron con complicidad y respondieron, casi al unĂsono, respondieron:
“No tienes que quedarte aquĂ para sentirte querido. Solo tenĂas que recordar:
No estás solo. Nunca lo estuviste.
Y no necesitas ser perfecto para merecer amor… solo ser tú”.
Y asĂ, al regresar al mundo real {con un confeti de esperanza en el bolsillo}, DANTE ya no buscaba llenar su vacĂo con aprobaciĂłn o recuerdos rotos.
Porque habĂa entendido, al fin, que los monstruos más tiernos viven dentro… y que eso está bien.
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Ya no está tan frĂo ni hĂşmedo aquĂ.
Y que bonitas flores están creciendo entre ella.
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“A veces, los inadaptados no buscan encajar…
solo necesitan un lugar donde brillar".
— Dr. Cucaracha, filósofo accidental —
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