Andor: una anomalía dentro de Star Wars

Reseñas generales

“¿Dónde están esas transmisiones que interceptaron? ¿Qué hicieron con esos planos?”, fueron las primeras líneas de Darth Vader en Star Wars: Episodio IV, y en toda la franquicia. Es de alguna manera un diálogo fundador y que concentra el núcleo del conflicto de la primera película de la saga: una pequeña gran victoria de la Alianza Rebelde contra el Imperio Galáctico al robar los planos que contenían la debilidad de su nuevo arma de destrucción masiva, la icónica Estrella de la Muerte. 

 

Inspirado por aquella historia detrás de la obtención de los planos, John Knoll (histórico supervisor de efectos especiales) presentó un pitch, primero para una serie jamás hecha (Star Wars: Underworld) y luego de la compra de Disney, para una película. Aquella fue Star Wars: Rogue One, dirigida por Gareth Edwards y con guion de Chris Weitz y Tony Gillroy. Pero el relato no se quedó allí; Gillroy decidió tomar aquella historia y usarla como puntapié para una serie con una identidad propia: Andor. Tras una primera y exitosa temporada estrenada en 2022, recientemente se estrenó la segunda y última. Juntas, conforman una serie autoconclusiva, que quedó ya coronada entre lo mejor de la saga.

Andor sirve como puntapié para una historia polifónica.

La configuración de una resistencia

 

La mayor parte de la narrativa principal de Star Wars y sus ramificaciones transmedia en forma de spin-offs, series periféricas, novelas, cómics o videojuegos respetaban la esencia original que bebía directamente del space opera, el western y las películas samurai, pero eso cambió con Andor. Ya Rogue One adelantaba un poco aquella atmósfera de grises y de terreno bélico, pero aún así no se arriesgó tanto, y dejó entrever cameos y apariciones de la saga principal. Por el contrario, Andor profundizó sin temor ya en su primera temporada en aquella narrativa, haciendo uso del thriller político y de espionaje y llevando la trama y sus subtextos a niveles inéditos dentro de la saga. Dada la amplitud que ofrece el universo creado originalmente por George Lucas, era necesario ya desde hace tiempo una renovación y una exploración de otros aspectos de la saga, y Gillroy dio en el blanco. 

 

La serie extrapola el personaje de Cassian Andor mostrado en Rogue One y le da toda una narrativa y peso previo. De alguna forma, es un arco arquetípico que condensa cual sinécdoque los más grandes desafíos de la Rebelión y cuyos avatares de inspiración podrían rastrearse en la guerrilla latinoamericana. Inicialmente motivado por la búsqueda de su hermana, su camino presentado en la primera temporada y extendido en la segunda lo muestra como alguien complejo, tridimensional, lleno de matices y que, empujado por distintas circunstancias como su encarcelamiento injusto o la muerte de su madre adoptiva, fue empujado a creer en la Rebelión. Y si bien la serie se titula como su nombre, no se queda en un relato de un único punto de vista, todo lo contrario; da pie a una narrativa polifónica.

La narrativa de la Rebelión se va caldeando a fuego lento a través del punto de vista de varios personajes.

Mediante ella no solo se asienta la narrativa previa de la rebelión, que se caldea de manera realista y a fuego lento, sino que también se le da mayor volumen y voz a personajes secundarios y terciarios de la saga. Mon Mothma, que apareció solamente en Episodio VI durante breves momentos, adquiere todo un arco gradual en la que se muestra su transición de senadora a líder de la Rebelión. La actriz Genevieve O’Reilly, que ya había interpretado a aquel personaje (originalmente encarnado por Caroline Blakiston) en escenas eliminadas de Episodio III y en Rogue One, supo otorgarle expresión y dramatismo. Forest Whitaker sigue haciendo un gran trabajo en las breves escenas en la que encarna al originalmente aparecido en la serie The Clone Wars, Saw Guerrera, o Adria Arjona sigue dando un afectado retrato de Bix Caleen. Por otro lado, se genera toda una narrativa alrededor de Luthen Rael y su asistente e hija adoptiva, Kleya, construidos como aquella semilla inicial de la Rebelión, y que luego quedaron relegados por su accionar poco ortodoxo. En todos estos casos, se presenta el amplio abanico de los objetivos y personalidades de la resistencia: desde un extremista Guerrera, hasta un maquiavélico Luthen o una moderada Mothma.

 

En contraposición, y de manera inteligente, sumando al espectro de grises de la serie (en vez del clásico bien contra el mal), se desarrollan personajes que trabajan para el Imperio como Cyril Karn (Kyle Soller), Dedra Meero (Denise Gough), en menor medida, el Major Partagaz y el ya recurrente Krennic (Ben Mendelsohn), que aprovecha la ocasión para incrementar las retorcidas acciones de este personaje, y darle un mayor arco al presentado en Rogue One. En general, estos personajes tienen algo en común: dieron su vida por el Imperio, pero en vez de ser recompensados, terminaron cayendo bajo su propio peso, fuera en prisión o en la misma muerte. En ese sentido, es lo que suele ocurrir en los fascismos, y que es demostrado en la serie con contundencia y dramatismo.

Los personajes que trabajan para el Imperio caen bajo su propio peso.

Un caballo de Troya dentro de la franquicia

 

Andor está en constante diálogo con la actualidad. Si ya Star Wars nacía en plena década del setenta, con una Estados Unidos quebrada política y económicamente luego del Watergate, la Crisis del Petróleo y la Guerra de Vietnam, Andor amplifica aquellos subtextos. En una época de una creciente ultraderecha y de neofascismos, la serie expone los mecanismos que poseen los gobiernos autoritarios para gobernar: manipulación propagandística, creación de un chivo expiatorio, represión dura de manifestaciones, complicidad de los medios de comunicación. 

 

Los capítulos dedicados a la masacre de Ghorman son especialmente transmisores de estas temáticas, de una manera cruda y compleja y que se apoyan también en una base histórica, con claras inspiraciones en la resistencia de los partisanos franceses durante la Segunda Guerra Mundial, la Conferencia de Wannsee, una cumbre secreta de altas jerarcas del nazismo en la que se expusieron los planes de la Solución Final o las protestas contra la Guerra de Vietnam, reprimidas a mediados de los sesenta. Esto también se transmite mediante un guion —claramente, el fuerte de Gillroy— que equilibra la acción con el desarrollo de personajes y con diálogos potentes. En ese sentido, y al lado de dicha secuencia, el rescate de Mon Mothma o el de Kleya, también son grandes ejemplos de como orquestar un thriller. 

La masacre en Ghorman dialoga tanto con la historia como con la actualidad.

A la hora de generar la puesta en escena de estos conflictos, la producción tiene los más altos estándares de toda la franquicia. Se nota todo un trabajo profundo en las locaciones reales, la escenografía, los vestuarios y los efectos especiales que da una sensación de verosimilitud y de tridimensionalidad casi palpable. En ese sentido, los paneles llenos de perillas, botones y artilugios analógicos, las radios y los elementos de comunicación de los rebeldes, usados y viejos, contrastan con las salas blancas y prístinas y los uniformes pulcros del Imperio. Cada objeto de producción cuenta una historia. Lejos quedó la casi única utilización de pantalla azul de las precuelas; Andor parece haber encontrado un balance perfecto entre lo práctico y lo digital. 

 

La serie parece haber entrado como un Caballo de Troya dentro de la franquicia de Star Wars. Consciente de sus tropos, su lore y sus clichés, utilizó lo suficiente para generar la atmósfera conocida de la saga y se alejó lo suficiente como para generar su propia identidad. Es la primera obra que explora en profundidad subtextos no tan desarrollados previamente en la saga, como lo es el thriller político, y a través de una mirada absolutamente crítica y compleja. Rogue One, uno de los productos más llamativos de la franquicia, de alguna forma sale perdiendo y a la vez ganando luego de esta producción: la historia de Cassian Andor cobra una nueva fuerza, pero también contrasta enormemente con una serie de tal calibre y que cuenta —a diferencia de la película— con una mirada artística integral. La secuencia final, tan inmediatamente conectada a la película, se siente algo forzada. Pero la figura de Bix con su bebé en brazos, la ultimísima escena, marca también una toma de postura: la historia de los Andor no termina en Scarif, su vida continúa en su esposa, en su descendencia, y en toda la vida posterior que fue posible a causa de la Rebelión, y aquel singular robo de planos.


Nota por Alex Dan Leibovich | Periodista | Redactor en Clarín, Peliplat y Erramundos.


Publicado el 21 de mayo del 2025, 6.57 PM | UTC-GMT -3.


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Comentarios 1

J
Jeroo Casco25 de mayo de 2025
Excelente análisis Alex! La dejé en el segundo cap de la primera temporada, quizás no me enganchó en el momento indicado, pero después de ver toda la positividad alrededor, me es imposible no seguirla.

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