Ponerse de acuerdo con uno mismo: Severance, temporada 2 (2025)

Reseñas generales

 

Dominar la psiquis de los trabajadores

A días de haber culminado su segunda temporada, Severance se ha convertido en una de las series del momento; bien puede decirse que la serie creada por Dan Erickson se ha ganado un estatuto casi de culto. De manera previsible, ya está en tratativas la preproducción de una tercera temporada; algo que puede ser visto como una buena noticia, pero también, suele ocurrir, como otro de los tantos “estiramientos” que el éxito provoca. Pero para eso, habrá que esperar. Ahora, son diez nuevas entregas en donde la vara continúa alta, y la problemática que guía la trama persiste de manera relevante.

Con Ben Stiller como uno de sus artífices, director a su vez de varios episodios (y de los más importantes; entre ellos, el capítulo final de la temporada 2), Severance narra, en un futuro sospechosamente próximo y de tecnología un tanto retro, las peripecias de un grupo de empleados dentro de una empresa aséptica, de funciones nada claras. Esta empresa, Lumon, obliga a sus trabajadores a un “desdoblamiento”, que les convierte en réplicas de sí mismos; es decir, una vez dentro de la empresa y durante el horario laboral, olvidan quiénes son y viven una vida solo supeditada a lo que deben hacer. Sus vidas por fuera de la empresa no es algo que puedan averiguar, ni siquiera sospechar. De igual modo cuando recuperan la consciencia exterior y vuelven al cotidiano. Evidentemente, la “separación” esconde algo más que un buen sueldo, y es ese secreto el que Mark (Adam Scott) y sus amigos procuran, de algún modo, conocer o desbaratar.

Durante la primera temporada, Severance ofreció un plato fuerte de ciencia ficción distópica, con sus personajes enfrentados a una corporación dedicada, según parece, a dominar algo más que la psiquis de sus trabajadores (conquistado esto, todo lo demás es posible). Entre otras cosas, lo notable es cómo, desde los tópicos del género, la serie comienza a plantear disputas entre las mismas subjetividades de sus protagonistas, divididos a sí mismos en “innies” y “outies” (los que están “adentro” y los que están “afuera”); vale decir, ¿hay acuerdo o desacuerdo entre las dos partes, constitutivas del mismo ser?

La relación del grupo será de amistad, recelo, y en algunos casos, con un condimento afectivo mayor; como ocurre entre Mark y Helly (Britt Lower) o entre Irving y Burt (John Turturro y Christopher Walken). La pulsión entre querer saber sobre el “afuera” y evitarlo acciona la curiosidad de todos, pero también enturbia los ánimos; es decir, de abandonarse el “adentro”, es probable se pierdan los afectos ganados. Pero de quedarse, lo que se legitima es el accionar de la empresa. Vale decir, ¿qué persigue Lumon?

 

 

El futuro está viejo

Lalo Schiffrin cuenta que al momento de musicalizar THX 1138 (1971), el director George Lucas le hablaba de un “futuro viejo”. Muchos de los films de aquella década compartían algo similar, a la manera de una promesa caída que devendría, necesariamente, en un cambio. No es casual que los años ’70 hayan sido de los más prolíficos y revoltosos en la historia de Hollywood, pero esa es otra historia; lo cierto es que pasaron más de 50 años de aquel film, y algunas películas y series de la ciencia ficción actual parecen enfrascadas en aquella tónica.

Algo así había manifestado en su repaso catódico -desde los ’50 al presente- la espléndida serie WandaVision; así como hiciera luego, y con otra tónica, Loki, cuya primera temporada tuvo un pulso tan atractivo como sorprendente. En ella, el hermano loco de Thor trabaja, o algo así, en una empresa o corporación del tiempo, dedicada a coordinar los tejemanejes con los cuales organizar, a gran escala, la vida humana y el propio universo. Una locura cuya puesta en escena, sin embargo, obedece a una tecnología “vieja” (o acorde con las décadas cuando Jack Kirby y otros dibujaron aquellas historietas para Marvel). En Loki y en Severance, las nuevas tecnologías y las soluciones digitales, conviven con tapes, comunicadores y teléfonos analógicos. Una mixtura de tinte anacrónico y curiosa. En el caso de Loki, con reminiscencias en clave orwelliana, en donde un “Gran Hermano” tiende sus lazos de vigilancia con una tecnología vetusta pero no menos efectiva. 

En este sentido, en Severance se respira un mundo detenido y desfasado. Es decir, hay celulares, internet, notebooks, pero también -y sobre todo dentro de Lumon- grabadoras de video, burocracia en papeles, trajes y corbatas. El interior de Lumon es tan aséptico como el de un laboratorio donde se experimenta con animalitos o bacterias de alto contagio. Su interior es una especie de laberinto blanco, así como el que caminan las ratas utilizadas para investigaciones científicas. Un gran ojo invisible mira, de alguna manera, todo lo que sucede; las más de las veces no es visto, pero se lo percibe y siente desde la tarea jerárquica de los subordinados.

Dentro de Lumon las edades varían, y esta segunda temporada trajo consigo al gran personaje de la pequeña Miss Huang (Sarah Bock), una niña adolescente de gestos gélidos, que controla de una manera tan eficaz como la que desempeña Milchick (Tramell Tillman), el nuevo encargado de la sección que antes vigilara la estoica Harmony Cobel (Patricia Arquette). En esa sección, en crisis por los hechos ocurridos durante la temporada primera, deberán reorganizarse las partes, y Mark será el eje a través del cual acondicionarlo todo de nuevo. El empleado díscolo exigirá contar otra vez con sus viejos amigos, descubrirá secciones absolutamente raras dentro de las paredes frías de la empresa (como la granja donde se crían cabras, entre empleados vestidos como en un paisaje de montaña; un momento, y no será el único, que le permite a Severance adquirir rasgos de “folk-horror”), y se debatirá entre el cariño de Helly y la búsqueda que su “outie” hace de su presumiblemente viva esposa. Es decir, la consorte de Mark ha sido también empleada de Lumon, y lo que hicieron con ella no está claro; la develación guiará los pasos de la línea argumental mayor, cuya resolución hilvana los hechos y pone en jaque a sus protagonistas, con el “outie” de Mark sometido, voluntariamente y a los fines de indagar sobre el misterio de su esposa, a un proceso de “integración” con su “innie”; como se sabe, ponerse de acuerdo consigo mismo nunca es tarea fácil.

 

 

Anclados en los ‘70

En rasgos generales, puede decirse que la nueva tanda de episodios de Severance amplía el universo más bien “cerrado” de la primera temporada; de esta manera, no solo se conocerán más detalles de las vidas y destinos de, por ejemplo, los “outies” de John Turturro y Christopher Walken (la dupla homoerótica más impensada en la historia del cine), sino también en lo concerniente a Dylan (Zach Cherry), quien recibe dentro de Lumon a su verdadera esposa, con quien su “outie” parece haber perdido conexión sensible: algo que acarrea un dislate metafísico, cuando ella se descubra más satisfecha con esta otra “versión” de su mismo marido. El otro personaje fundamental es el de Harmony, con el cual la gran Patricia Arquette ofrece un costado que parecía imposible, habida cuenta de la gelidez con la que comandaba los oscuros designios de Lumon. A bordo de su automóvil, se descubrirán otros lugares y situaciones, más allá de la pulcritud del interior inmaculado de una empresa cuyos designios descansan tras los cálculos raros de numeritos en una pantalla. 

Al revés de Lost -serie emblemática, cuyos misterios nunca se resolvían-, Severance ofrece no solo respuestas, sino una sensación molesta en las resoluciones. El final de esta temporada es ejemplar; también porque sitúa a la serie en un terreno estético del que parece no poder o no querer salir; y éste es el de los años ’70. Lo hace de forma evidente, con una textura de imagen que al final del último capítulo de temporada, remeda la del celuloide, y con la dupla conformada por Mark y Helly congelados en un rojo que se emparenta con el de tantas de las películas explosivas de aquellos años. Es decir, ¿podrá Severance salirse de las influencias estéticas que declara, así como lo intenta su dupla protagónica? 

El interés, se nota, está ganado para los capítulos que sobrevendrán.

 

 

Leandro Arteaga

 

Comentarios 8

M
MehMeh28 de marzo de 2025
¿Dos o tres años para la tercera de Severance? Me dan ganas de construir una máquina del tiempo con latas de Fernet y cables de auriculares rotos. Alguien avise a Apple TV que no tenemos toda la vida.
O
Old Boy31 de marzo de 2025
En respuesta a MehMeh: ¡Con latas de fernet! jajaja!! Excelente! Coincido!
L
Labyrinth 199325 de marzo de 2025
Las distopias sirven para poner incómoda a la gente y hacerla pensar acerca de que lo que ven en pantalla podría pasar alguna vez. Siempre va a haber gente que quiera controlarlo todo.
O
Old Boy28 de marzo de 2025
En respuesta a Labyrinth 1993: El problema es cuando lo distópico ya se parece demasiado a lo que se vive; Severance ofrece bastante de esto, creo.
C
cinejuanita25 de marzo de 2025
Por fin terminó esta serie! Tengo un montón de capítulos acumulados para ver, jaja.
O
Old Boy28 de marzo de 2025
En respuesta a cinejuanita: A darse el gusto!
A
Ale Rampoldi24 de marzo de 2025
Buenísima Severance!
O
Old Boy28 de marzo de 2025
En respuesta a Ale Rampoldi: Sí!!!

De este autor