¿Cuántas veces tendré que morir?: Mickey 17 (2025, Bong Joon-ho)
Reseñas generales
El cineasta sorprendente

Volver al cine del coreano Bong Joon-ho es siempre sorprendente. Aun cuando a esta altura, ciertas características sean un tanto previsibles; mejor aún: es a propósito de tales características que sus películas son un disfrute. Es decir: géneros narrativos en combustión, ironía y momentos gore, actuaciones grotescas y temáticas imprevistas. El Oscar a Parasite (2019) a Mejor Película y Mejor Película Extranjera -junto a Mejor Dirección y Mejor Guion-, hizo que la espera por su siguiente film se viviera con cierta expectativa.
En este sentido, hay algo a analizar, y seguramente tenga en vilo a más de uno con los Oscars obtenidos recientemente por Sean Baker. La situación tal vez sea un tanto similar para ambos realizadores: el Oscar influye, “para bien y para mal”. En el primer sentido, porque abre puertas de maneras como antes no se podía; es decir, el Oscar es una carta de confianza por parte de la industria. Y eso -aquí lo complejo- trae consigo ciertos condicionantes; sea por las exigencias tal vez mayores -¿seguirá el cine de Sean Baker igual de díscolo?- como por lo que el nuevo público espera: un público fiel al cineasta de culto deberá coincidir con gustos tal vez “más amplios”.
Pero lo dicho no es más que una elucubración, a fin de cuentas, tanto Parasite como Anora fueron premiadas por las películas que son, y eso, en todo caso, es lo que de veras importa. ¿Más dinero para Sean Baker y sus proyectos? Bienvenido sea. ¿Qué pasará en su siguiente film? No se sabe. Pero sí con Bong Joon-ho: su nueva película se titula Mickey 17 y parece que le generó un quebradero de cabeza a la industria. La taquilla acompaña, pero según dicen, no lo hace de manera suficiente; y un dato no menor: en Corea tuvo una respuesta mayor que en Estados Unidos. Como sea, es una película buenísima.
El fin(al) de la ciencia ficción

La palabra “fin” puede pensarse de modo irónico: como objetivo o finalidad a cumplir, pero también como algo concluido. En todo caso, la pregunta sería: ¿qué es la ciencia ficción hoy? Y al mismo tiempo, ¿qué lugar ocupa el cine de ciencia ficción contemporáneo?
La tradición del género es mucha y atractiva, entre literatura y cine hubo una relación preciosa, con momentos álgidos, miradas políticas y obras maestras. Cuando el mañana se podía soñar -de manera luminosa o pesadillesca-, la ciencia ficción fue un género potente. Ahora bien, más allá de las distinciones que los especialistas saben entre ciencia ficción “dura” y “blanda”, y llegado este presente histórico: ¿qué puede imaginarse hoy como “imposible”? Lo leído en tantas novelas y lo visto en tantas películas, no solo se ha cumplido, sino que puso al género en un momento fronterizo. En el caso del cine, cuesta pensar títulos de ciencia ficción paradigmáticos. Más aún, la imagen digital hoy todo lo puede, no hay imaginería que no pueda plasmarse. ¿Qué es lo que puede agregar hoy el cine a este género?
En otras palabras, ¿Inception o Interestellar? ¿O la desvaída continuación de Matrix? ¿Los reboot de Planet of the Apes o Star Trek? ¿La franquicia sin fin de Star Wars? ¿Qué es lo mejor que puede ofrecer hoy el género? Tal vez, una de las respuestas esté en no tomarse demasiado en serio el asunto y, por eso mismo, perder cierta solemnidad para, felizmente, jugar otra vez las cartas de siempre.
El espacio y los Hnos. Marx

Mickey 17 es la historia de un “múltiple” (Robert Pattinson), es decir, alguien que llega a la decisión de ofrecer su vida (y su muerte) a los fines de un político arribista y su esposa (Mark Ruffalo y Toni Collette), para que éste despliegue su “conquista espacial”. Mickey es un segregado del sistema, nadie repara en él, y es tan poco instruido que acepta lo que le toca como la única opción posible para sobrevivir. Sometido a pruebas y situaciones límites dispares, Mickey morirá para renacer tantas veces sea necesario. A la manera de una fotocopiadora vieja o un scanner 3D, sus nuevos cuerpos resurgen para continuar las mismas tareas de riesgo. Una mano de obra barata, a la que se alimenta para matar, tantas veces se requiera.
Con elementos de la ciencia ficción pero en clave de comedia, Bong Joon-ho construye un clima enrarecido, en donde nadie parece tomarse muy en serio lo que sucede. Como si fuera un tiempo histórico -distante en el tiempo, pero sospechosamente cercano- en el que la falta de atención a lo que se hace y a quienes están al lado de uno, fuera la manera habitual de comportarse. Solo una de las científicas encargadas de replicar el cuerpo de Mickey atiende de un modo diferencial al ser que “renace”, los demás se dedican a pasatiempos o conversaciones estúpidas; a la manera de una variación de lo planteado por Robert Altman en M.A.S.H. (1970), pero sin el comentario crítico y sarcástico que guiaba a los personajes de Elliott Gould y Donald Sutherland.
A su manera, Mickey es un sobreviviente. Hasta que toma consciencia de lo que le sucede. En este devenir un tanto dialéctico, Bong Joon-ho evita acercar su película al planteo formal que caracterizó a algunos títulos de los años ’70, como THX 1138 (1971) o Soylent Green (1973); antes bien, parece más cercana al espíritu bufón de Brazil (1985); de hecho, puede ensayarse una proximidad estética entre el cine del coreano y el de Terry Gilliam, ambos son irrestrictos en las maneras lúdicas con las que plantear sus puestas en escena. Así como en aquel film, también en Mickey 17 el absurdo de los diálogos y las situaciones se emparenta con la poética de los Hermanos Marx. En este sentido, la dupla que integran Mark Ruffalo y Toni Collette es la de un imbécil que espera las indicaciones de una esposa que oficia como su madre. Los dos, amparados por un sistema político y económico que les ha hecho prevalecer; aun cuando uno de ellos sea un estúpido, pero no por eso menos peligroso: es él quien detenta el dinero y las influencias; mientras ella, por ejemplo, gusta de inventar “salsas” en base a organismos humanos o extraterrestres. A su manera, la película señala la necrofagia como una práctica que existe, y desde hace tiempo: son los ricos quienes se alimentan de los pobres.
Mirarse en un alien

En este descubrimiento personal que de sí mismo hace Mickey, tomará consciencia sobre la cantidad de veces que murió para entender que su vida vale. Por supuesto, el absurdo tendrá ocasiones mayores, con él desdoblado y confrontado consigo mismo; una situación doppelgänger disparatada, que no evita las fantasías sexuales, los acuerdos y las trompadas. Para Mickey 17 y 18 habrá también un “desdoblamiento femenino”, que ocurrirá de otra manera y permitirá al guion equilibrio en su estructura.
Todo esto, condimentado con la irrupción de una raza extraterrestre, que es la que ocupa, por derecho propio, el planeta al que arriba esta tripulación de colonos pusilánimes, peligrosos y violentos. Los bichos del film parecen salidos de la fantasía demente de Starship Troopers (1997), donde Paul Verhoeven también tomaba con sorna la seriedad de cierta ciencia ficción, más aún tratándose del libro base de Robert Heinlein, dedicado a la milicia norteamericana. Es éste el tono que privilegia el realizador coreano, y de una manera acorde con su propia obra: sus bichos aliens guardan cercanía con el super chancho de Okja (2017), el cerdo cariñoso criado como mascota pero destinado a un campo de concentración.
Mickey, aquel en quien nadie repara, cobrará una entidad mayor, hasta alcanzar un desenlace que le permita resolver, por ejemplo, cierto trauma que le acompaña desde la niñez, más allá de cuántas veces haya reencarnado. En su resolución, el film dialoga también con el espíritu presente en Mars Attacks! (1996), la película maldita de Tim Burton.
En otras palabras, Bong Joon-ho construye un film alucinante y alucinado, con el cual abre otros caminos a la ciencia ficción; es decir, si ésta ya está consumida, merced a sus propias predicciones vueltas realidad; lo que queda es la ironía, llave para entender el mundo. En éste y en cualquier otro género. Un recurso siempre eficaz, cultivado -nada casual- por el maestro Philip K. Dick, quien supo realmente entrever el presente que nos toca. Mickey 17, en este sentido, es otra vuelta de tuerca al universo dislocado y paranoico que los libros del escritor norteamericano cultivaron.
Leandro Arteaga





















Comentarios 0
Todavía no hay comentarios.