Landman: el petróleo y el inmenso Billy Bob Thornton

Reseñas generales

 

Tierra y oro negro

Dentro de las novedades que ofrecen las plataformas, la conclusión de la primera temporada de Landman: Un negocio crudo (10 episodios, Paramount+) está por delante de muchas otras. Entre el final del año que pasó y el comienzo de éste, la serie de Taylor Sheridan construyó un universo creíble y en expansión, así como hiciera en Yellowstone (5 temporadas). Si en aquella, el lugar de despliegue lo ocupó Kevin Costner, aquí –Landman es también un neo-western- es Billy Bob Thornton el de tarea semejante.

Billy Bob Thornton es Tommy Norris, el encargado de sostener el funcionamiento de varios pozos petrolíferos en Texas. El mundo que traza la serie es el de dos esferas, cuyas lógicas cotidianas difieren pero se requieren; por un lado, la esfera empresaria, entre emprendedores y millonarios; por el otro, la esfera de los trabajadores. Entre las dos, las relaciones lícitas y de las otras, las que permiten sostener el negocio y articular policía, política, ejército y narcos. 

El primer episodio alecciona: Tommy está secuestrado por el cartel cuyo negocio peligra ante la intromisión petrolera. Del equilibrio entre las partes depende que todos ganen, y Tommy es alguien que parece conocer demasiado el terreno de tales batallas. De este modo, el ingreso en el mundo de Landman no puede ser mejor: entre el arriba y el abajo, entre la cúspide y el submundo, está Tommy, el tipo que arregla los problemas. De ello dependerá que los pozos sigan en actividad, aun cuando sus días dorados parecen peligrar. Así lo señala el devenir de la serie, en las referencias a las energías renovables y desde el regusto amargo de Tommy; no solo por la amenaza al negocio, sino por las necesidades mismas que todavía hay del petróleo, y que son las que hacen funcionar, irónicamente, las turbinas eólicas.

 

 

Cowboy en camioneta

Hija y esposa, veleidosas y vanidosas: Landman aborda estereotipos pero los complejiza.

Tommy viaja cientos de kilómetros a diario en su camioneta, y en el trajinar suma personajes que hacen de Landman una serie que se redimensiona: el abogado y el compañero con los que convive (Colm Feore y James Jordan), la joven y temible abogada (Kayla Wallace) que envía su jefe (Jon Hamm), la propia (y desarticulada) familia: a su ranch volverán a convivir su ex esposa e hija (Ali Larter y Michelle Randolph); por otro lado, está su hijo (Jacob Lofland), quien se emplea como un trabajador más, con el empeño puesto en ser alguien de importancia el día de mañana. La hija, en tanto, parece el calco de la madre: abocada a su belleza, esgrime artimañas que le permitan salirse con la suya; pero allí donde el retrato de ambas peligre en su reduccionismo, aparecen las heridas del pasado. Los personajes revelan una profundidad insospechada, y en Tommy aparece algo que horada su superficie de granito.

Así como en Yellowstone, cuya cosmogonía creció temporada a temporada para convertirse en todo un universo por derecho propio, Landman pone en estos primeros episodios una piedra basal a partir de la cual expandirse. Ese lugar de despliegue debe ser suficientemente fuerte como para soportar todo lo demás, todo lo que presumiblemente vendrá, y ése es, y no puede ser otro, Billy Bob Thornton. En efecto, Tommy es el personaje idóneo para Billy Bob Thornton, sea por su edad otoñal y por su alcoholismo a medias, también porque no duda en enfrentar lo que sea (narcos, peleas, armas de fuego, amenazas, una sesión de tortura), y porque es lenguaraz e irónico. Sus réplicas son una de las ventajas de contar con un guionista como Taylor Sheridan, quien imprime no solo un ritmo veloz sino filoso, en donde Thornton sabe brillar. Los primeros episodios, en este sentido, son una fiesta verbal, que luego irá pausando tales virtudes: es allí cuando la narrativa se estira con situaciones a veces triviales, que parecen ser el condimento habitual en la mayoría de las series. Es el caso del subplot que adquieren los personajes de la esposa e hija veleidosas, dedicadas, por ejemplo, a asistir a los residentes de un geriátrico con dosis de bebidas alcohólicas y visitas a un night club. El comic relief oficia, pero se lo nota un tanto forzado.

Pero si se pasa por alto esto, Landman ofrece algo mucho más interesante, y es su mirada cáustica, conectada con el desarrollo económico que hizo posible a los Estados Unidos. Es decir, Tommy sabe exactamente cómo funcionan los engranajes, cuáles están bien y cuáles son los fallados; se sabe también atrapado en esta cuestión; y se define como un trabajador: obedece órdenes, pero también está al mando de muchos. En ese ir y venir descansa su calma tensa: se exalta muy poco, pero por dentro está en ebullición. Las decisiones sobre los dólares a invertir no le corresponden, pero se trata del mejor consejero que podría tener quienes deciden. A él le toca caminar el terreno árido, aspirar la tierra, transpirar suciedad; en oposición, están los que viven rodeados de una limpieza inmaculada: que la pareja millonaria sea interpretada por Jon Hamm (la estrella de Mad Men) y Demi Moore, oficia de manera simbólica y adecuada.

 

 

El espejo negro de un país

Landman es también el retrato de lo que queda, de lo que alguna vez fue la promesa económica de una expansión social que hizo posible, a la vez, a sus aves de rapiña. Éstas están a la espera, para hacerse con los restos. Es la habilidad narrativa de series (y películas) así la que permite entrever una mirada extensiva, porque toca a la sociedad toda, en este caso, la de Estados Unidos. Un país, parece decir la serie, que se proyectó de determinada manera y que ahora está en sus estertores. ¿Está en sus estertores? Al menos, en lo que significa cierto modelo, moribundo, en donde habrá que ver qué lugar ocuparán los que trabajan, justamente, la tierra. Tommy es eso: un trabajador de la tierra. 

El detalle que suele pasarse por alto, es que Landman está basada en el podcast Boomtown, de Christian Wallace, también creador de la serie. En ella, Wallace practica una semblanza de los trabajadores del petróleo, a partir de las propias experiencias de vida del autor, algunas de las cuales aparecen replicadas en la serie: hay un accidente fatal –del que son víctimas trabajadores mexicanos- que traza la suerte de vida del hijo de Tommy, algo que parece experimentó o atestiguó el propio Wallace. 

El episodio 10, en su final de temporada, propone una suerte de loop en relación al primero, y devuelve a Tommy a la guarida de los narcos. ¿De qué manera conservar el equilibrio entre tantos intereses, cuando todos (los que sean, pero todos) están detrás del dinero? El desenlace resitúa al argumento en la irrupción de un nuevo personaje (o del actor que lo interpreta: un Andy García que parece tener unas ganas bárbaras de jugar el juego de esta serie) y abre expectativas para la segunda temporada, cuya continuidad ya fue confirmada.

 

 

Leandro Arteaga

 

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