El ciudadano ilustre: historia de dos personajes
Reseñas generalesFuera de escena se oye la voz distorsionada de unos parlantes ofreciendo la compra y la venta de muebles usados. No se lo ve. Pero sabemos que se trata del chatarrero, y nos imaginamos la camioneta utilitaria casi destartalada, sobre cuyo techo descansan los parlantes. Ese signo es un signo del más puro costumbrismo, del que está lleno en la película. No es necesario mucho más para construir el imaginario del lugar en el que van a transcurrir los hechos. En este caso es el pueblo de Salas, a poco más de setecientos kilómetros de la capital. Pero bien podría ser cualquier otro.
El ciudadano ilustre cuenta la historia de dos personajes: Daniel Mantovani (Oscar Martínez) es uno, el escritor consagrado, ganador reciente del premio Nobel, y que regresa desde España a su lugar de origen más de veinte años después. El otro es Salas, el pueblo. Como en los cuentos de Horacio Quiroga, en los que los personajes luchan principalmente contra la fuerza de la naturaleza salvaje, acá Daniel Mantovani luchará contra un pueblo estancado en el tiempo. El pueblo es el que lo olvida, como olvida un pueblo que le teme a lo que hay más allá de la rotonda de ingreso con las letras de su nombre. El pueblo lo recibe como héroe, como el hijo pródigo, el orgullo local. Lo castiga con el recuerdo. Lo ignora como a un camión que pasa por la ruta.
La importancia del lugar en El ciudadano ilustre es primordial. Actúa sobre Daniel Mantovani. Desencadena las acciones. Es motor de la voluntad del escritor.
En el medio existe una línea narrativa con un amor del pasado que vuelve, una suerte de historia policial, y poco más.
Lo cierto es que, como se dijo, las dos fuerzas que se enfrentan, el héroe y el antihéroe, son Daniel Mantovani y el pueblo.
¿Y cómo se manifiestan las fuerzas del pueblo de Salas? Lo hace por medio de lo que a simple vista parecen personajes estereotipados. Pero no. De estereotipo no tienen nada. Son así y así los encontraríamos en cualquier pueblo similar. Son parte del pueblo. Son el pueblo porque nunca cambian.
Entonces, desde el principio, Daniel Mantovani se enfrenta con Salas: el remisero que lo va a buscar al aeropuerto en un auto que no está habilitado para remís; los rencores de los habitantes que descubren sus vidas en las novelas del autor; el aborrecimiento contra un hombre que pudo salir del pueblo y triunfar, algo que escapa a la lógica del lugar. Todo el ambiente se le vuelve hostil al escritor. Parte desde sus pobladores, parte desde su propio recuerdo. Y en este punto es donde más fuerza adquiere este personaje sin alma que resulta Salas. Porque Daniel Mantovani encuentra todo exactamente igual a cuando lo dejó en su juventud. Y esa ausencia de cambio le devuelve demasiado nítidos los recuerdos, contra los que internamente también lucha el escritor.
El ciudadano ilustre es eso. Es la historia de un hombre que se enfrenta con su yo de veinte años, pero encarnado en la vida de un pueblo al que pareciera que nunca le pasaron los años. El pueblo es el personaje que aúna la consciencia de sus habitantes. Son una sola cosa. Para Daniel Mantovani son los otros y también él mismo.
Pocas veces como en esta película se encuentra un lugar con tanta incidencia en su línea narrativa principal. Son Salas y Daniel Mantovani, sin lugar a dudas, los personajes protagónicos de El ciudadano ilustre.




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