El faro como un espejo. Poética del espacio y dinámicas de desarraigo
Aspectos socioculturalesUn faro casi olvidado.
En una isla remota prácticamente perdida.
El interior humano.
Y la lluvia.
Rincones todos, de los que no podemos escapar.
En la película de Robert Eggers, el faro se convierte en un personaje más, junto con los dos fareros. El faro, tiene un rol protagónico en la historia de encierro, locura y corrupción moral de Wake y Winslow, llegando a modelar directamente la percepción, la estabilidad emocional e incluso las tensas interacciones entre los personajes.

Espacialidad y percepción
Merleau-Ponty sostiene que el espacio no es un fondo pasivo, sino algo vivido a través del cuerpo y la percepción. En The Lighthouse, vemos cómo el faro y la isla se convierten en una experiencia sensorial total, en donde los cuerpos de los protagonistas se fusionan con el entorno.
En su obra Fenomenología de la percepción (1945), desarrolla una concepción de la espacialidad basada en la experiencia corporal y la percepción. Para él, el espacio no es un vacío geométrico ni una entidad objetiva independiente del sujeto, sino una estructura relacional que experimentamos a través de nuestro cuerpo.
El autor sostiene que el espacio es experiencial y fenomenológico, es decir que se manifiesta según cómo nuestro cuerpo lo habita y lo percibe. Además introduce el concepto de "esquema corporal" (schéma corporel), que es la manera en que el cuerpo organiza su relación con el mundo. Nuestro cuerpo no está en el espacio como un objeto más, sino que es el punto de referencia desde el cual experimentamos la espacialidad.

Maurice Merleau-Ponty asegura que nuestra percepción del espacio no se da de manera fragmentada, sino que sucede como una totalidad significativa. La percepción espacial es intencional, está orientada hacia ciertos objetos o puntos de interés según nuestras necesidades y acciones. Por lo tanto, el espacio no es solo una relación individual con el entorno, sino también una estructura compartida con los demás.
Desde esta perspectiva podemos afirmar que el mundo espacial es intersubjetivo: caminamos por los mismos lugares, vemos los mismos paisajes, organizamos nuestras acciones en un espacio común, junto al resto de los seres humanos con los que compartimos el espacio.
El faro, en la obra de Eggers, resulta el punto focal central de la percepción. Winslow percibe el faro como una obsesión visual, un lugar prohibido y sagrado que representa poder, conocimiento y deseo; y sobre esta expresión de deseo Wake se vale para establecer la dinámica de censura, represión y dominio que propone durante toda su accidentada convivencia obligatoria. Durante el transcurso de la película, su percepción del espacio cambia con el tiempo: al principio, el faro es solo un lugar de trabajo, pero a medida que la locura lo consume, se convierte en un laberinto opresivo.
Es interesante además notar cómo todo el terreno se convierte en un recurso fenomenal para los fines narrativos de la película. La geografía cerrada de la isla limita el movimiento de los personajes, volviendo su corporalidad más animal y desesperada. Por su parte, la rutina del trabajo pesado, el extremo clima al que se enfrentan y que a su vez los retiene allí, y finalmente la luz enceguecedora del faro, son elementos que afectan percepción de la realidad en esta asfixiante historia.

La poética del espacio
Gastón Bachelard, en La poética del espacio, sostiene que los espacios no son meras estructuras físicas, sino que contienen una dimensión imaginaria y simbólica que da forma a nuestras emociones y pensamientos. Este autor hace una observación por demás interesante para pensar la película, puesto que distingue entre espacios verticales y horizontales. La verticalidad está asociada con la elevación, el conocimiento y la trascendencia.
En la poética, se examinan algunos espacios concretos como el ático, el sótano, las escaleras, los rincones y cómo cada uno de ellos despierta sensaciones particulares. El ático representa claridad y elevación del pensamiento, mientras que el sótano está ligado a los miedos inconscientes y lo primitivo, y los rincones simbolizan el recogimiento y la introspección. Los objetos dentro de un hogar (cajas, cajones, armarios) tienen por su parte un papel en nuestra imaginación, ocultan secretos y despiertan la curiosidad.

El análisis también explora la dialéctica entre lo-abierto y lo-cerrado, describiendo cómo el espacio se debate entre lo-abierto (amplitud, libertad, exploración) y lo-cerrado (protección, seguridad, introspección). Quiero señalar que no en balde hablamos aquí de poética, en términos del propio Bachelard, puesto que son precisamente los poetas -observa- quienes capturan mejor que nadie la esencia de los lugares y su impacto en la subjetividad. Sin lugar a dudas la gran puesta desplegada en la película, se convierte en una excusa perfecta donde la sensibilidad estética se carga de profunda carga simbólica vehiculizando el contenido discursivo propuesto.
El faro adquiere una naturaleza contradictoria y ambivalente en la historia. Su altura y su cima luminosa, representan constantemente en el discurso de los personajes un espacio de ascenso; al mismo tiempo, empero, su sola presencia siempre da lugar a experiencias de peligro, vértigo, lucha, locura y soledad.
Esta presencia contradictoria con la que se manifiesta el faro, no es ajena del análisis de Bachelard. En la obra que citamos, se sugiere que ciertos espacios pueden ser simultáneamente lugares de protección y de encierro. Con todo, el faro es el único refugio contra la hostilidad del mar, pero también es una prisión psicológica que intensifica el aislamiento y la locura.
Hay que notar también que es específicamente la luz del faro, aquello que lo define, la que se convierte con el avance de la trama en un objeto de deseo, un misterio inalcanzable que transforma el espacio en un ámbito de alucinación y obsesión. Según Bachelard, los espacios imaginarios contienen elementos arquetípicos. Aquí, la luz representa tanto la iluminación como la condena.

El faro con la lógica del desarraigo
Otra perspectiva desde donde puede resultar interesante leer la película es desde la mirada del arraigo. Simone Weil desarrolla su concepto de arraigo en su obra Echar raíces, donde sostiene que el arraigo es una de las necesidades fundamentales del alma humana. Por el contrario, la falta de arraigo es una de las grandes tragedias de la modernidad, especialmente en sociedades marcadas por la industrialización, el colonialismo y la guerra.
Weil define el arraigo como la conexión profunda entre una persona y una comunidad, una tradición, una cultura o un lugar. Experimentar el arraigo implica una relación estable y significativa con un entorno que brinda identidad, continuidad y sentido de pertenencia. Esta relación es fundamental desde el marco que ofrece el autor, para quien la pérdida del sentimiento de arraigo que sufrimos en la Modernidad genera alienación, sufrimiento y desorientación, dejando a las personas vulnerables al totalitarismo o la manipulación ideológica.
El lugar no es solo una ubicación física, sino una construcción de experiencias y recuerdos. En The Lighthouse, la isla y el faro se transforman en un lugar maldito que absorbe la identidad de sus habitantes. La relación se retroalimenta constantemente: la presencia confusa y trastornada de los fareros parecen maldecir el lugar, mientras que el propio faro y toda la isla son los que de algún modo enloquecen a los personajes. Podemos notar una circularidad de significantes que se significan mutuamente.
Para Weil, arraigarse es la base de toda justicia social, y además se trata de un acto espiritual. Enraizarse en una tradición y una comunidad permite a las personas trascender el egoísmo y participar en un orden superior de justicia y verdad. Por otro lado la falta de arraigo lleva a la deshumanización. En la película, la isla es un lugar de castigo identificable con un infierno, donde los personajes son despojados de todo lo que los conecta con el mundo exterior. Ambos personajes han perdido su vínculo con la sociedad y consigo mismos, aislados en un desarraigo extremo. La soledad los vuelve violentos, delirantes y paranoicos, reflejando la idea de Weil de que sin arraigo, el ser humano se desmorona.
En diálogo con Weil, hay que decir que si bien el autor sugiere que el arraigo es fundamental para la justicia y la verdad, en The Lighthouse sin embargo, la búsqueda de un nuevo arraigo (el faro) lleva a la locura en lugar de la redención.

El no-lugar como la pérdida de sentido
Otro comentario que podemos hacer desde la fenomenología del lugar es por medio de Edward Casey, que ha desarrollado una profunda reflexión sobre los aspectos fenomenológicos del lugar, especialmente en obras como Getting Back into Place y The Fate of Place. Su pensamiento se centra en la importancia del lugar en la construcción de la identidad, la memoria y la experiencia humana.
Casey critica la pérdida del sentido del lugar, y sostiene que la modernidad ha llevado a una desvalorización del lugar, reemplazándolo por la abstracción del espacio. Para este, toda la filosofía occidental, es culpable de la tendencia a ver el espacio como algo homogéneo y vacío, ignorando la riqueza fenomenológica del lugar.
Casey sostiene que no existimos en un espacio abstracto, sino en lugares concretos y significativos. El lugar no es solo un contenedor de la experiencia, sino que configura nuestra manera de estar en el mundo. Nuestra identidad está profundamente ligada a los lugares que habitamos. Experimentamos el mundo desde lugares específicos que nos moldean, y los recuerdos personales y colectivos están siempre anclados en lugares concretos. Desde esta perspectiva también se rescata que nuestro sentido del lugar es corpóreo, es decir, experimentamos el espacio a través de la percepción sensorial y el movimiento.
También Yi-Fu Tuan, geógrafo y filósofo chino-estadounidense, desarrolló una teoría sobre el lugar y el espacio desde la perspectiva de la geografía humana y la fenomenología. En su obra Space and Place: The Perspective of Experience, se analiza cómo los seres humanos experimentan y dan significado a los lugares.
Como primera categorización fundamental, Tuan señala que el espacio es abierto, abstracto y no tiene un significado específico. Representa la posibilidad y la libertad de movimiento. A diferencia de este, el lugar: es un espacio que ha sido vivido, experimentado y cargado de significado. Surge cuando un espacio se vuelve familiar y emocionalmente importante. Tenemos aquí, entonces, que un lugar no solo se define por sus características físicas, sino por las experiencias y recuerdos que las personas proyectan en él. Por tanto, la identidad personal y colectiva está profundamente ligada a los lugares que habitamos.

Una nota interesante es que para el autor el sentido de lugar varía en escala: una casa, una calle, una ciudad o incluso una nación pueden ser percibidos como lugares con identidad propia. En línea con esto, es la intensidad de la experiencia en un lugar la que influye en el grado de apego emocional. Los lugares además no son estáticos; su significado cambia con el tiempo según las vivencias de las personas y los cambios en el entorno. El apego por lo tanto, puede aumentar con el tiempo a medida que se asocia con memorias y significados más profundos.
Coincidiendo con los autores citados, considerando además que Winslow y Wake no pertenecen a la isla y están allí por obligación, la estampa que obtenemos no puede ser más violenta y antinatural. La crudeza de su relación allí se resignifica, y cobra una luz diferente desde este ángulo. Sus repudiables y contradictorias acciones brotan más espontáneamente desde el contexto que los contradice de manera antinatural, hasta romperlos. El faro no es un hogar, sino un espacio de desarraigo donde sus identidades comienzan a desintegrarse.
La soledad y el aislamiento destruyen sus lazos con el mundo exterior, convirtiendo el faro en un no-lugar, un espacio que no les da identidad ni estabilidad.
Mientras que Winslow mira al faro como todo lo desconocido y un objeto de deseo radical, Wake tiene una conexión casi mística con el faro, tratándolo como un dios o una fuerza prohibida. Su vínculo con el faro es prácticamente personal, y adquiere ciertos matices incluso sexuales; que se refuerzan desde la forma fálica de la construcción, en contraste permanente con la tensión homoerótica de represión y búsqueda profundamente ambigua entre los fareros. Winslow, en cambio, ve el faro como una promesa de liberación, pero su obsesión por alcanzarlo lo lleva a la locura, en el desenlace que tantos han asociado al mito de Prometeo y el fuego.

El faro como un espejo
La espacialidad del faro puede significar una metáfora constante de aquello que sucede en interior de los los personajes. La isla, la tormenta, y el faro, se erigen como elementos que privan a los personajes de la posibilidad de abandonar el lugar en el que están, pero toda la película habla en realidad del conjunto de cosas de las que aprisionan a ambos.
Thomas Wake y Ephraim Winslow están atrapados y sin salida en esa isla remota, aislados del mundo y sometidos a un entorno terriblemente hostil. La geografía inhóspita del lugar es imagen del clima hostil que ambos experimentan desde la convivencia con su respectivo compañero y las condiciones extremas de la isla.
El faro se convierte en un símbolo de control, puesto que Wake prohíbe a Winslow acercarse a él, utilizándolo como otra forma de dominio. Mientras tanto, al interior de cada uno, operan las mismas dinámicas de represión moral y sexual, de esclavitud respecto de los propios impulsos y emociones y de repetición de patrones sin mucha posibilidad de decisión. (Dije algún comentario al respecto en ocasión de comentar otra película de Eggers https://www.peliplat.com/es/article/10041573/nosferatu-y-la-libertad-como-un-imposible)
Siguiendo la lectura del Prometeo posmoderno, el faro, así como el fuego, es una trampa y en lugar de saciar los deseos del curioso joven, puede enfrentarlo a un abismo insoportable que enloquece hasta el extremo.
Isla, faro, locura, dominación, represión, son todas distintas caras de una misma realidad monstruosa que se presenta en la película: estar encerrados y no poder exteriorizar aquello que pretende desbordarnos.
El faro, como nuestro propio interior, es imagen de algo que contiene lo subyace oculto, y busca liberarse a como de lugar.
Filosofía puchito.






















Comentarios 5
Aprovecho la ocasión para pasar por tu perfil y leerte, creo que gran parte de la experiencia completa del cine es conversar y compartir las impresiones. Saludos!