Crítica en retrospectiva: Una historia de Navidad (A Christmas Story, Bob Clark, 1983)
Reseñas generalesLa Navidad se acerca y el pequeño Ralphie Parker (Peter Billingsley) solo quiere de regalo un rifle de aire comprimido de Red River. Aunque pronto su sueño chocará contra una serie de dificultades y la opinión de los adultos, Ralphie hará todo lo posible para conseguir su regalo.
Una historia de Navidad (A Christmas Story, Bob Clark, 1983) es una adaptación de uno de los relatos del libro semiautobiográfico In God We Trust: All Others Pay Cash, escrito por Jean Sheperd, conocido cuentacuentos y humorista estadounidense, que fue coguionista de la película e hizo la voz de Ralphie de adulto. Con este toque, la película adquiere la calidez de un cuento narrado por su creador, muy acorde con la temática, la trama y el mismo subgénero navideño, cinematográfico o literario.
La historia comienza con una imagen apacible de un suburbio clase media de los Estados Unidos en 1940, la nieve cubre las calles y casas, los adultos caminan hacia sus trabajos y los niños Ralphie, su hermanito, Randy (Ian Petrella), y sus amigos Flick (Scott Schwartz) y Schwartz (RD Robb) van animados a la escuela. Ya de adulto, Ralphie narra cómo recuerda su infancia y, a lo largo de la película, se convierte en una presencia que nos guía de forma constante por sus cómicas aventuras y desventuras de ese diciembre.

Luego lo vemos a él, Randy y sus amigos, frente a una vitrina vintage, contemplando embelesados la variada cantidad de juguetes y los adornos navideños; ahí es además donde el niño pone el ojo en el rifle estilo western de Red River. En retrospectiva, esta escena, el resto de la película y, en líneas generales, la búsqueda del protagonista de su juguete soñado, resultan entrañables sobre todo en nuestros tiempos, atestados de niños precoces obsesionados con los teléfonos inteligentes, la tecnología y las redes sociales.
Ralphie es un soñador bastante astuto, pero al que las cosas no le salen tan bien durante la mayor parte de la película; y puesto que no solo es su historia, sino que está narrada por él, de vez en cuando el chico se permite romper la cuarta pared en un juego jovial con el espectador, que no desentona con la lógica del relato. Gracias a su inocencia, obstinación infantil e imaginación volátil, por la que visualiza una serie de situaciones inverosímiles, es fácil sentir simpatía por él. A final de cuentas, cualquier persona que haya tenido más de una Navidad dichosa en su juventud, sonreirá al darse cuenta de que, probablemente, su infancia no fue muy diferente a la de Ralphie, ni tampoco habrá sido muy distinta a él.
Igualmente, es bastante fácil encariñarse con la familia del protagonista: el Sr. Parker (Darren McGavin) es un hombre trabajador, malhumorado, pero de buen corazón que adora la Navidad; la Sra. Parker (Melinda Dillon) es un ama de casa dedicada, esposa fiel, madre amorosa y firme; y Randy es simplemente un niño encantador. Incluso, parte del atractivo de los personajes se debe al trabajo del elenco, que está en sintonía y se ve muy bien junto. Si los vemos con lupa, los Parker no son una familia excéntrica, como Los Addams o Los Simpson, pero la película los retrata como un núcleo especial a su manera común, por lo cual le impregnan de un aire natural y acogedor a la narración. De nuevo, cualquier espectador otrora dichoso podrá identificarse con ellos, a pesar del contexto y época precisos en que viven.

En realidad, la película hace de la cotidianidad de Ralphie, incluyendo su vida escolar y familiar, algo excepcional. O tal vez nos lo parece de esta forma porque el ánimo de la Navidad tiene la capacidad de transformar cualquier historia que toca en un asunto maravilloso. Aunque no suele suceder con muchas de sus películas más recientes, bonitas por fuera y rellenas de aire por dentro como una bambalina, hubo una época en que estas obras gozaban de mayor calidad, creatividad y espíritu.
Ralphie se las ingenia para lograr su cometido: esconde publicidades del rifle entre los catálogos de su madre, le dedica un ensayo escolar para que su maestra lo apoye y, en una de las escenas más hilarantes, intenta desesperadamente que el pesadillesco Santa Claus de un centro comercial y sus no menos espantosos elfos lo ayuden, solo para recibir un empujón en la frente con la bota del primero. Por lo anterior, Una historia de Navidad se podría ver como la antesala de El regalo prometido (Jingle All the Way, Brian Levant, 1996), otro clásico indiscutible del mejor cine navideño, en el cual otro protagonista empedernido hace lo imposible para conseguir el juguete de moda antes de Nochebuena, mientras lidia con una serie de personajes demenciales.
A la par, Ralphie debe sortear los reproches de los adultos, el acoso de los matones Scut Farkus (Zack Ward) y Grover Dill (Yano Anaya) y ciertas desilusiones del día al día. Con esto, así como la también hilarante lámpara con forma de pierna sexi que casi se roba el show, la búsqueda del rifle se diluye un poco. No obstante, todo esto puede interpretarse también como un análisis ligero y acertado de los buenos, malos y extraños momentos de la infancia.
Pero la trama del rifle eventualmente reaparece y el esfuerzo de Ralphie se ve recompensado, gracias a su padre, quien no ve peligro alguno en regalárselo: un rifle, incluso uno de aire comprimido, no es el mejor obsequio para un niño, pero a ojos de él y los espectadores pasa a ser un objeto extraordinario. En este punto, con la satisfacción del padre y el genuino asombro del niño por la materialización de sus fantasías, la película logra capturar la belleza implícita que significa recibir el regalo más esperado en Navidad, un episodio que se marca en la memoria de cualquiera para siempre.

Después de que Ralphie tiene un pequeño accidente con el rifle, aunque no tan drástico como vaticinaba su madre, y de que los perros del vecino se coman el pavo de la familia, los Parker cenan pato en un restaurante chino. No es la celebración que esperaban, pero se divierten con las peculiaridades de la gastronomía china y, al mismo tiempo, nosotros con ellos. Bien acertado es el comentario del Raphie adulto cuando dice: “Esa Navidad vivirá para siempre en nuestras memorias”.
33 años más tarde, en Una navideña historia de Navidad (A Christmas Story Christmas, Clay Kaytis, 2022), considerada como la mejor de todas las secuelas de la original, Ralphie (nuevamente interpretado por Billingsley) se pondrá en la posición de sus padres para hacer de esa Navidad la más inolvidable para sus propios hijos. Así, pues, entre la primera parte y esta, que conserva el espíritu de aquella, las tradiciones navideñas adquieren connotaciones generacionales, como en la vida real, que ayudan a completar el elemento familiar de la película de Clark.
Parecido al comienzo, Una historia de Navidad culmina con dos imágenes más apacibles aún. La primera es la de los padres sentados cómodamente en la sala iluminada solo por la luz del arbolito, observando a través de la ventana cómo cae la nieve y contentos por haber hecho felices a sus dos pequeños hijos. La segunda, la de un niño durmiendo apacible al lado de su hermano menor, dichoso por tener el juguete que más quería. Es así como la película siempre ha usado la búsqueda de un rifle de plástico como un medio para un fin más elevado: retratar el amor de una familia, el elemento más importante de la Navidad.














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