PEGGY OLSON Y MRS. MAISEL. ANTIHEROÍNAS ENTRECRUZADAS
PersonajesMrs. Maisel es la que lleva el vestido blanco. Tal vez, solo por eso, la escuchan. Bueno, también porque su padre pagó la fiesta. Es Nueva York, fines de la década del ’50. ¿Su círculo? Judíos clase media-alta, profesionales y empresarios. Algún que otro intelectual, algún que otro profesor universitario. Un círculo social más chismoso que ortodoxo.
Mrs. Maisel expone intimidades con mucha gracia. Su monólogo gana algunas carcajadas cuando su ojo crítico se posa sobre un defecto de su madre, sobre una de obsesión de su padre. Hasta se permite dejar en ridículo a sus invitados. Se ríe del joven que la eligió como esposa. Mr. Maisel es el único del círculo que comparte su sentido del humor. El resto sonríe contenido. Algunos de los presentes llegan a incomodarse. No es su público. Nosotros, 60 años después, somos el público de Mrs. Maisel. Comedia.
Drama. Peggy Olson no necesita de nosotros. Tampoco tiene un entorno, un círculo de pertenencia que deba legitimarla. Ella escapa de Brooklyn, a finales también de los ’60. Escapa de un catolicismo pobre, trabajador, inmigrante. Peggy Olson se esforzó, estudió, convencida que puede aspirar a un ascenso social modesto, pero en Manhattan.
Al hacerse camino entiende como despertar su atención. Sin faldas cortas, sin sonrisas provocadoras. Peggy es talentosa, y comienza a disfrutarlo. Se hace escuchar por los ejecutivos publicitarios que admira. En especial, a Don Draper.
Peggy Olson sabe es mejor que muchos de ellos. Se hace respetar en las oficinas de los rascacielos, entre nubes de nicotina y una primera copa de whisky a las 9 de la mañana. Los ejecutivos le dan un lugar. Peggy gana buen dinero, es autosuficiente. Peggy Olson se vuelve ambiciosa. Quiere convertirse en una leyenda de Madison Avenue.
Mantener el nombre de Mrs. Maisel es la broma que acompaña a Miriam por cinco temporadas. Un detalle que su arco no transforma, aunque evoluciona de forma notable. El apellido del ex marido que la engañó y la dejó, muy a pesar de ser la esposa perfecta. Mrs. Maisel se carga esa Cruz, porque, en realidad, no cree en Jesucristo.
En sótanos y bares la presentan como Mrs. Maisel. Ella describe con acidez lo que se pretende de una joven judía, educada y de buena familia. Casarse y ser madre también era su sueño. Ella es tan simpática como rebelde. El nombre Mrs. Maisel también se imprime en periódicos por algún escándalo en la vía pública. Ilumina la marquesina del cabaret donde presenta su rutina, entre una joven que se desnuda y otra que se quita la ropa.
Al Mr. Maisel débil y conflictuado que la dejó, Miriam Weissman le dio una hija y un hijo. Astrid es bebé, Ethan inquieto. Pero Miriam, Mrs. Maisel, siente que no estaba destinada a ser una madre judía. Mrs. Maisel es una madre ausente. Una antiheroína capaz de utilizar los conflictos de sus hijos como material de rutina. De alguna manera, se hace cargo de su disfuncionalidad.
Peggy Olson tampoco va a preparar viandas para la escuela ni aspirar la casa. No va a estar junto a su hijo hasta que le baje la fiebre. Peggy abandonó abandonó a su hijo. Su decisión se justifica por una maternidad indeseada, un padre también débil, y conciencia sobre desigualdad de género. Peggy asciende, los altos ejecutivos la escuchan, admiran su talento creativo. Solo se puede llegar a eso pagando el precio de no saber como se oye la voz de su hijo.
Una madre judía ausente y una católica que abandona a su hijo. Ambas parecen liberadas de toda culpa. Es curioso que la actitud que Peggy Olson y Mrs. Maisel con la maternidad, se entrecruce con la de sus mentores. Mrs. Maisel es tan lejana a sus hijos como Don. Peggy renuncia al suyo como Lenny Bruce.
Mrs. Maisel nació para brillar. Necesita que la adoren. También le hace falta que la escuchen, que la validen. Tiene que demostrar que nació para ser comediante. Y aunque ni Rose, su madre, entienda su gracia, se inspira en Miriam para dejar de ser, solamente, una madre judía.
Mrs. Maisel expone el machismo relatando situaciones cotidianas. Ella es egocéntrica y consumista. Su sueño americano tiene más glamour que el de los otros comediantes.
Durante la última temporada, vemos flashforwards de Mrs. Maisel. Consigue que todo Estados Unidos la adore. Hay ascenso. Termina sola. Drama. Fue una mala madre. Sus hijos quedaron con secuelas. Ellos crecieron viendo sus traumas transformarse en comedia. “Pobrecito de ellos”, piensa Mrs. Maisel.
Con Peggy Olson el final es mucho más amable. El abandono de su hijo es una cicatriz escondida para llegar a la cima. Peggy Olson tiene un final feliz. Comedia.
Nico Blanco Rodríguez




















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