Cantándole al dolor y la muerte: el auge del narcocorrido y su impacto cultural en Narco-Cultura.
Aspectos socioculturalesLa música tradicional mexicana está íntimamente ligada a las vivencias de la gente en su día a día. Cantamos de alegría y de tristeza; le cantamos a las glorias y a los fracasos; le ponemos música a la felicidad y a la tragedia. A la muerte le cantamos tanto loas reverenciales como jocosas tonadas para bailar y alejarla o aceptarla con resignación.
Quizá el género que está más relacionado con un estilo narrativo concentrado en el clima del país así como sus personajes y anécdotas es el corrido. El corrido enaltece a unos y a otros en los conflictos armados, según la región y el caudillo al que el músico representa, desde antes de la revolución. También rescata las historias de personajes populares para convertirlos en mitos y leyendas, preservando el habla popular y creando diapositivas musicales de fragmentos de la historia local, principalmente de la gente humilde y de sus héroes y villanos.
Los más importantes representantes del género aún en la actualidad son, claramente, Los Tigres del Norte , y su influencia ha engendrado una gran cantidad de músicos de diferentes géneros. Ellos junto a otros músicos como Chalino Fernández, Joan Sebastian , Rigo Tovar y muchos más han tenido además puentes creativos y culturales entre los mexicanos y sus parientes y descendientes en USA así como con la comunidad chicana. Gracias a estos intercambios e influencias la música tradicional mexicana en las últimas décadas ha tenido más y más influencia en la cultura del vecino del norte, trascendiendo las barreras del idioma y el contexto cultural. Allí, recibiendo la influencia del rap gangsta y el hip hop, se vuelve popular la narración de las aventuras de los grandes capos de la droga del país, su estilo de vida, sus lujos e impresionantes logros que les brinda poder e influencia en toda la vida de México y, actualmente, del mundo entero.
Es así como el estilo de corrido, sumando otros géneros tradicionales, mutan a ser narcocorridos, y evolucionaron para formar el mundialmente famoso y controversial movimiento musical-cultural llamado movimiento alterado, el cual trasciende el tradicional relato en tercera persona o la narración en primera persona de personajes ficticios o históricos, para narrar historias en dónde los músicos personifican al capo, se vanaglorian de su poder y presumen su grandeza. Estás canciones pretenden no solo transmitir un escenario real, sino poner al escucha en los zapatos del criminal, que sea el quien tome el cuerno de chivo como señal de poder; que se ilusione con los millones que le llegan y se enorgullezca de sus conquistas. Trasciende una narración para convertirse en una experiencia y un estilo de vida.
Narcocultura es un documental intenso, crudo, gráfico e indignante en dónde el realizador israelí Saul Schwarz crea un relato paralelo entre las vivencias de los fiscales, policías y ciudadanos de Ciudad Juárez en pleno inicio de la guerra sangrienta y estúpida contra el narcotráfico de Felipe Calderón, y el estilo de vida de la comunidad del movimiento alterado, nacido en Culiacán pero comercializado y empoderado en Los Ángeles, California, y cuyo poder radica en la crudeza de su mensaje, su imagen violenta y enaltecedora del crimen organizado y que fortalece un mito volviéndonos ya no solo admiradores y admiradoras, sino aspirantes a tomar sus lugares y disfrutar sus recompensas aún cuando sea solo por un instante. Es triste e indignante ver cómo mientras unos cantan con alegría y desfachatez, otros son encontrados por partes o calcinados, niños muertos, familias destrozadas.
Sin embargo, no es tan simple como solo denostar al género por su estilo, lo cual tampoco sería del todo un error. Las claves de la tragedia están allí, un estado que abandonó a su pueblo y los dejó a merced de personajes que por un lado podrían asesinarlos, desaparecer les o torturarles, pero por el otro, serían los únicos en brindarles los servicios que el estado les negaba. Los jóvenes los ven como admiración porque viven en lugares donde el prestigio y el poder solo se logran con sangre. Es mejor morir de pie que vivir de rodillas. En este caso, implica estar de pie sobre los cadáveres de tu gente, mientras lloran de rodillas frente a ti las víctimas.
Las claves están ahí pero no las respuestas. Quizá por eso es doloroso el documental. De la mano de esta idolatría se encuentra un capitalismo que todo lo transforma en producto y que crea otros falsos ídolos que se hacen de la postura, de la pretensión, o, en el peor de los casos, de su oculta pertenecía a esos grupos delictivos que tanto idolatran.
Los relatos de las autoridades son desgarradores por demostrar su impotencia e incapacidad. Ver cómo se va uno a uno tu gente mientras el mundo ríe, incluyendo el gobierno y sus autoridades. Un relato sombrío que nos devuelve al México de García Luna y nos da contexto de la realidad que hoy parece irresoluble.









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