El sonido como instrumento fundamental para aterrorizar

Reseñas generales

THE CAR(Elliot Silverstein- 1977) La llegada del cine sonoro, dicen, trajo aparejado una suerte de éxodo masivo de espectadores que, no aceptando esta nueva forma del séptimo arte, emigraron decepcionados al argumento de “ya no es lo mismo”. En efecto, a las películas mudas de Rodolfo Valentino, Buster Keaton o Charles Chaplin(sólo musicalizadas por una pianola ubicada en la misma sala) le sucedieron los primeros films con sonido allá hacia finales de los años 20. Incluso, verdaderas estrellas de esa época como Harold Lloyd,, no pudieron o no supieron adaptarse a los nuevos tiempos y desaparecieron. A pesar de ello,  es incuestionable su enorme aporte a la “experiencia cinematográfica”, enriqueciéndola a tal punto que nos permite una vivencia mucho más inmersiva y completa; si bien, para no pocos, la evolución tecnológica de imagen y sonido, aún paralela, se ha desarrollado en forma desigual,  avanzando a pasos más agigantados la primera en detrimento del segundo, relegado algo más atrás. Así hoy, un buen sonido, ya sea en estudio o exteriores, ya real u agregado como efecto sonoro ficticio, nos zambulle de lleno en la historia en cuestión. 

El género del terror, en particular, ha sabido sacar gran provecho de este instrumento y prueba acabada de ello es el automático traslado a un film, (tipo “link inmediato" a la memoria auditiva) sólo con una resonancia que lo haya caracterizado. El chirrido crispante de las navajas del guante de Freddy Krueger contra una tubería oxidada en sus “Pesadillas”; los golpes que retumban en la vieja casona y el rebote de la pelotita escaleras abajo en “Al final de la Escalera";, las notas pulsantes(y aquí compartimos con la música) de John Williams que anticipaban la proximidad del escualo en “Tiburón”; el peculiar ruido que producían las naves extraterrestres disparando sus rayos en La Guerra de los Mundos o el rugido enloquecido de la motosierra que Leatherface flameaba en La Masacre de Texas, son unos pocos ejemplos de esto. Y quiero precisar como sonido, aquello cuidadosamente elaborado, en contraposición a los hoy llamados “jumpscares”, que no son otra cosa que subir el volumen un poco en determinado momento para provocar un susto momentáneo(así, todavía persiste el tan remanido recurso del gatito inoportuno que se abalanza sobre el/la protagonista, desde las sombras, maullando justo en ese instante a un volumen que el mismísimo Pavarotti envidiaría). Ahora bien, si estás entre los afortunados que viste en una sala, en su época, la cinta que hoy traigo para desempolvar y recordar, hay una estridencia que jamás te pudiste olvidar y que cada vez que se escucha te congela el líquido sinovial: la bocina endemoniada de esa enigmática bestia negra de El Auto.

La moda de producir películas de horror en las cuales sean objetos los poseídos por entidades satánicas, viene de larga data. Lo que sí hemos de notar, es que con el correr del tiempo, la creatividad va escaseando y cede, en no pocas ocasiones, su lugar al ridículo. Así, hoy “disfrutamos” de films donde está poseída… la arena de una playa, tomates, drones o el sofá de un living cualquiera. A mediados de los ’70, Silverstein nos trajo la historia de un coche poseído, que los años transformaron en un clásico de culto: El Auto. Típica cinta clase B y frecuentemente programada en el legendario ciclo televisivo del género, Viaje a lo Inesperado, está protagonizada por James Brolin(papá del multirequerido Josh “Thanos” Brolin -y serio aspirante al papel de James Bond en algún momento), Ronny Cox(villano de Robocop y El Vengador del Futuro), y Kathleen Lloyd. La obra, a quienes la vimos primeramente en sala, nos dejó un par de detallitos imborrables, En primer lugar, el sonido estruendoso del claxon  que, según el momento del que se tratase, podía “sonar” a un grito o a una risa verdaderamente diabólica. De hecho, más recientemente, la película de Victor Salva del 2001 -Jeepers Creepers- rinde un claro tributo a este punto, usando casi el mismo audio y a una frecuencia similar, cuando aparece el tenebroso camión del “Creeper”.  En segundo término, la capacidad del director para que, sin mostrarnos nunca al conductor de la endemoniada máquina, logre mantener nuestra atención, prestos a descubrir quién sería la próxima víctima o detrás de qué cartel o arbusto se ocultaba. “The Car” reconoce asimismo una innegable influencia de aquella joyita de un novato pero talentosísimo Spielberg que en el '71 se había despachado con Duel(Reto a Muerte o El Diablo sobre Ruedas- a la que pronto recordaremos más en detalle) y sentó las bases a futuro para cimentar, en alguna medida, el perfil de Christine(1983), el film de Carpenter que también nos presentaba un vehículo con (mala) voluntad propia. El argumento es muy simple. A un pequeño pueblo rural ubicado en Utah(mucha montaña, paisajes casi desérticos, donde la ruta interestatal con largos puentes es un personaje más) llega un coche misterioso que merodea y en su deambular por la zona, arrolla casi salvajemente a cuanto paisano encuentra. Sin exhibir un motivo aparente para perseguir y matar, se hace evidente que sólo una voluntad muy torcida puede yacer detrás del volante. El diseño de “la criatura” es, también, motivo de aplauso: un Lincoln negro azabache liso, casi tosco, con vidrios absolutamente polarizados y unos faros que uno juraría tienen vida propia. Brolin es el sheriff que tiene que lidiar con el asunto y con el transcurrir de los crímenes(alguno muy cercano a él) el grupo de hombres comienza a dividirse según las teorías de cada cual, unas atenidas a la lógica, otras… menos terrenales. Para concluir, la escena final. Y aquí van los spoilers!  Tras denodados e inútiles esfuerzos por parte de la muchachada de la ley para detener el raid asesino del auto, logran hacerle caer en una trampa urdida casi al borde de la desesperación:  llevarlo hasta un precipicio en cuyo fondo lo aguarda una generosa cantidad de dinamita. La explosión que se produce forma en el cielo un rostro claramente monstruoso, rugido incluido, todo por el mismo precio.(Ya en VHS, quién no la pausó 100 veces a ver si se distinguía tal rostro?) Igualmente, la historia no acaba allí del todo. Hay, como siempre en estos casos, un epílogo de cajón que, ese sí, NO voy a "spoilear" Como ya se imaginarán, nuestra vivencia y opinión del film de Silverstein no fue compartida por la crítica, la que no sólo la destrozó sino que fue tildada por algunos como “el bodrio cinematográfico de 1977”. Nada de eso, sin embargo, fue obstáculo para que El Auto, hoy, sea re-valorada y adorada por una gran cantidad de cinéfilos en el mundo, ubicándola para siempre en un lugar reservado en “la cochera” de las postergadas obras de arte de este género. Recomiendo ver el segundo adjunto que trae unos datos más que interesantes sobre la cinta e ilustra mucho de lo aquí vertido. El primero es, como de costumbre, “la colilla” de rigor.

Lamentablemente, en materia de terror, en numerosas ocasiones, la realidad supera  a la ficción y así, tanto carreteras como caminos y autopistas se han ido convirtiendo paulatinamente en escenografías espontáneas donde se suceden accidentes y muertes en cantidades alarmantes. Ya sin necesidad de culpar a autos poseídos, el diablo está en el exceso de alcohol, drogas, en el desconocimiento casi absoluto de las normas de un buen manejo o simplemente en el desapego a los más elementales principios de empatía. 

Desde esa triste perspectiva, seguramente la bestia negra, desandando polvorientas rutas en la memoria, debe estar riendo a puro bocinazo.    

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