La "peor" película de Tarantino. "Death Proof" (2007)
Reseñas generalesNo lo digo yo, lo dice el mismísimo Quentin Tarantino:
“Para ser una película ‘hecha con la mano izquierda’, no estuvo tan mal, ¿verdad? Así que, si eso es lo peor que me toca, estoy bien. Pero sí creo que una de esas películas desconectadas, viejas, blandas y sin fuerza te cuesta tres buenas películas para sostener tu rating.” (1)
La verdad es que Death Proof (2007) no está a la altura del resto de las películas de este genial director, aunque como él dice, tampoco está tan mal. Las casi dos horas de películas se hacen bastante llevaderas; ese no es su problema, si hay algo que sabe hacer Tarantino es entretenernos. Pero la película se queda un poco corta en su narración, no termina de ir a ninguna parte. Es una historia de asesinatos, femicidios, más bien, y venganza, pero que no logra una trama argumental que sostenga el display de violencia.
La historia, que se organiza en dos episodios interconectados, es más o menos así: un ex-doble de riesgo, Stuntman Mike (Kurt Russell), se dedica a acechar y asesinar bellas jóvenes con su auto “a prueba de muerte”; a prueba de muerte para el conductor, ya que como nos enteramos pronto, al asiento del acompañante lo usa más bien como una cámara de tortura para sus víctimas. Sigue a sus primeras víctimas, siempre mujeres jóvenes, a través de sus aventuras por la noche sureña: Jungle Julia (Sydney Tamiia Poitier), una conductora de radio, y sus amigas Shanna (Jordan Ladd) y Arlene (Vanessa Ferlito). Las chicas beben –mucho–, hablan de sexo, son pululadas por hombres, bailan, juegan y se molestan entre ellas. El propio Tarantino interpreta al dueño del bar, que tiene una jukebox llena de clásicos de rock y soul –propiedad, de hecho, del mismo director–; mientras que Stuntman Mike las observa a una distancia prudencial. En su acecho se cobra una víctima colateral, con quien había entablado conversación en el bar. En la escena de persecución automovilística la película se ancla en el universo slasher-gore con una explosión de sangre y desmembramientos. La construcción de esta escena, que se repite para mostrar los puntos de vista de cada muerte (por si nos quedaban dudas), es uno de los puntos fuertes de la película, que, además, fue filmada por Tarantino mismo.
Impunidad total, el asesino queda libre con unos pocos rasguños y 14 meses más tarde lo encontramos en una ciudad perdida del sur de Estados Unidos en busca de sus nuevas víctimas. Ve a unas chicas en una estación de servicio, también tres, también bellas, que son parte del equipo de filmación de una película, dos crew (Kim –Tracie Thoms– y Zoë Bell, interpretándose a sí misma) y dos actrices (Abernathy Ross –Rosario Dawson– y Lee –Mary Elizabeth Winstead). En este episodio la venganza encuentra su lugar, y Stuntman Mike a su rival: otra doble de riesgo, Zoë, que interpreta una versión de sí misma. Bell, de hecho, fue la doble de Uma Thurman en Kill Bill. Otra escena increíble de persecución automovilística con Bell aferrándose al capot de un Dodge Challenger.

La mezcla de recursos, como la imitación de la visualidad del VHS y una ambientación estética de la década de 1970, crean un ambiente confuso que es de lo más interesante de la película. El estilismo de las protagonistas es una mezcla entre la estética de los setenta y la del 2007: cortes de pelo setentosos, con flequillos, remeras retro y polleras de tiro bajo y volados. Hasta que no sacan un celular, dudamos del anclaje temporal del film.
La película, por otra parte, tiene un contexto interesante: fue pensada para presentarse en dúo junto con Planet Terror, del director Robert Rodriguez a la manera de las Grindhouse, un tipo de sala particular, que si bien existían hacía décadas en los setenta cobraron un nuevo auge y en las que se exhibían películas del género explotación. Se trata de un género que emergió en la década de 1920, dice el investigador Eric Schaefer:
“Entre aproximadamente 1919 y 1959, las películas de explotación como Smashing the Vice Trust y Reefer Madness existieron a la sombra de Hollywood. Mientras Hollywood construía su imagen como el principal productor de entretenimiento sano a nivel mundial, un grupo de independientes llamados "exploiteers," a veces apodados "Los Cuarenta Ladrones," creaban y distribuían películas que trataban temas prohibidos por los organismos de censura y los mecanismos de autorregulación de la industria organizada. Las películas de explotación ofrecían al público espectáculos prohibidos que la industria organizada no permitía. Nudistas desnudos y sin vergüenza, consumidores de drogas, descaradas strippers, despiadados jefes de vicio y chicas de secundaria que se encontraban "en problemas" poblaban estas películas. La industria organizada consideraba a estas películas sensacionalistas como una vergüenza, y para la década de 1920, habían sido segregadas del público general y se convirtieron en objetivo de eliminación por parte de los líderes de la industria cinematográfica y de guardianes de la moral. Pero estas pequeñas películas y las personas que las producían fueron tenaces. Sobrevivieron y, en algunos casos, prosperaron. (2)”

El autor explica que el término cine de explotación aludía al tipo de técnicas que los productores utilizaban para llegar a su público, ya que se trataba en general de películas cuyos actores no eran muy conocidos. Sin embargo, señala cómo el término fue virando para incluir primero, durante la posguerra, a casi todas las películas de bajo presupuesto y luego, durante las décadas de 1960 y 1970, pasa a señalar aquello que estaba siendo explotado en estos films, por ejemplo “sexploitation” o “blaxploitation”.
La película de Tarantino, entonces, se asocia más bien a este último sentido señalado arriba, relacionándose con los géneros de “carsploitation” y “sexploitation”. El director, sin embargo, le planta su mirada personal en la que, finalmente, las explotadas consiguen su revancha luego ser ser objetualizadas no solo por el asesino de la película sino básicamente por todos los hombres que se cruzan que quieren emborracharlas, poseerlas, o tratarlas de bobas.

Acerca de esté género, Tarantino señala su interés en que, a pesar de que son películas predecibles –siempre tienen la misma estructura–, es posible conectar con los personajes, y esto le interesó explorar en su propia versión del género:
“Ahora, esas películas también tienen algo de cursi. No es algo que yo busque en cuanto a la realización de la película, pero una de las cosas que siempre me encantaron de las películas de explotación es que, incluso en medio de todo ese caos, de repente empiezas a preocuparte por los personajes. Te importa lo que les pase y te quedas atrapado en la historia, incluso en una película tonta. Y de repente ya no es tonta porque realmente te importa lo que les sucede a estas personas, y eso me encanta. Especialmente cuando lo ves con el público actual” (3)
Y en ese sentido, Death Proof cumple, logra meternos en los mundos de cada grupo de chicas y alegrarnos en esa última escena final de despliegue gore que nos vamos a spoilear (tanto).
NOTAS
(1) https://faroutmagazine.co.uk/quentin-tarantino-admits-worst-movie/
(2) Schaefer, E. (1999) Bold! Daring! Shocking! True!_ A History of Exploitation Films, 1919-1959. Oxford University Press.
(3) https://kinimatografiko.gr/wp-content/uploads/2010/10/tarantino_indielondon_int.pdf









Comentarios 0
Todavía no hay comentarios.