Mi única familia: ¡No estoy bien! Una crítica al sector de los servicios

Aspectos socioculturales

―¿Cómo te sientes hoy? ¿Está todo bien? ¿Puedo ayudarte en algo?

―¡NO! ¡No estoy bien!

 

Cuando Pansy, el ama de casa que está irracionalmente enojada durante toda la película Mi única familia, arremete contra la sonriente vendedora en una mueblería, fue la primera vez que sentí empatía por ella. Exhalé un largo suspiro, agradecido de que esta mujer irascible expresara el enojo que yo nunca me atreví a mostrar en público: enojo hacia el sector de servicios en Occidente.

 

Por supuesto, también entiendo que la vendedora de la película es completamente inocente. Se quebró en llanto por los gritos de Pansy y se lamentó diciendo: “Este es mi trabajo, solo quiero hacerlo bien”.

 

Entonces, ¿por qué quienes trabajan en el sector de servicios, que solo quieren hacer bien su trabajo, provocan la insatisfacción de personas como Pansy y yo? Las razones por las que el personaje de la película está frustrado no son exactamente las mismas que las mías.

Póster de Mi única familia.

En la película, Pansy, interpretada por la actriz británica Marianne Jean-Baptiste, puede considerarse un ama de casa desesperada. Pasa cada día en un hogar decorado de forma monótona, limpiando y cocinando para su silencioso esposo y su hijo, a quienes constantemente critica. Se lamenta de ser como un canguro, siempre cargando con dos hombres inútiles. Como era de esperar, bajo la atmósfera opresiva que crea la matriarca, su esposo y su hijo se retraen y acobardan aún más.

 

Sin embargo, los canguros también son feroces boxeadores, propensos a la ira y a la provocación. Cuando Pansy sale, en el transcurso de un solo día, lanza insultos irracionales a la empleada de la mueblería, a la cajera del supermercado, al hombre con quien peleó por un lugar de estacionamiento y a su hermana, que además es su peluquera, todo con un tono elevado y un lenguaje ofensivo.

 

―He sido acosada por la gente todo el día, estoy harta. 

Aunque arremete y lastima tanto a extraños como a sus seres queridos, Pansy también se siente profundamente herida.

 

 ―¿Por qué estás tan enojada? ¿Por qué no puedes disfrutar de tu vida?― le pregunta su hermana con buenas intenciones.

 

―No lo sé― Pansy se muestra igualmente impotente frente a su propia irritabilidad.

Escena de Mi única familia

Esta es la segunda colaboración del director Mike Leigh con Marianne Jean-Baptiste desde Secretos y mentiras en 1996, la película que le valió a Marianne nominaciones al Globo de Oro y al Óscar a la “mejor actriz de reparto”. El enfoque habitual de Mike Leigh como guionista y director es evitar explicarles toda la historia a sus actores. En lugar de eso, solo les ofrece un boceto de los personajes y luego les pide que descubran la historia por sí mismos a través de sus propias experiencias. Uno podría preguntarse si Marianne tuvo que ir por la vida enojada, teniendo peleas aquí y allá, para poder sumergirse por completo en su retrato de un ama de casa desesperada y enojada de los suburbios londinenses.

 

Debido a diferentes experiencias y trasfondos emocionales, el nivel de compasión que cada espectador tiene hacia un personaje que está constantemente furioso varía mucho. Quizás el único momento universal surge cuando Pansy regresa a su habitación y se acuesta en su cama tras haber estado enojada todo el día y su esposo entra en puntas de pie y le pregunta nerviosamente: “¿Qué hay para comer esta noche?”. Pansy pierde los estribos de nuevo: “¡Cocínate tú mismo!”. Al menos durante el estreno de esta película en el Festival de San Sebastián, esta escena provocó la única ronda de aplausos de los espectadores. Sí, ¿cómo pueden dos hombres adultos esconderse constantemente en la bolsa del canguro? Pero también es el enojo del canguro lo que les quitó el valor de defenderse y cuidarse por sí solos.

Marianne Jean-Baptiste y Mike Leigh.

La mayor parte del tiempo, Pansy me parece extremadamente insoportable con sus gritos incesantes. Pero, como mencioné al principio, la escena en la que arremete contra la inocente vendedora de muebles me dejó una sensación catártica curiosamente satisfactoria. ¿Por qué será eso?

 

¡Es porque estoy harto del sector de servicios de Occidente! ¡Sobre todo del sector gastronómico!

 

La preocupación que muestra la vendedora de muebles cuando pregunta “¿Cómo te sientes hoy? ¿Está todo bien? ¿Puedo ayudarte con algo? es algo que se escucha con frecuencia por parte de camareros en un restaurante. Luego de tomarte tu pedido y traerte la comida lentamente, suelen interrumpir regularmente tu entretenida conversación con amigos para preguntarte con una falsa calidez: “¿Está todo bien? ¿Cómo está la comida?”.

 

Si este escenario ocurriera en Norteamérica, sin dudas sería una anticipación de una gran propina luego de la comida. Si ocurriera en Europa, Australia o Latinoamérica, lo llamaría un “exceso de atención al cliente”. Quizás sea porque soy de Asia, un lugar rápido, eficiente y moderno, donde las situaciones en restaurantes suelen ser así: entras, te sientas, escaneas un código QR para pedir la comida y los súper eficientes camareros te la traen en minutos, sin ningún tipo de conversación trivial. Nadie te interrumpe si estás mirando tu celular o conversando con amigos y, cuando terminas, pagas mediante un código QR y te vas sin preocuparte por el dilema de la propina.

 

No puedo comprender por qué todavía existe la profesión de sommelier, que parece salida de una corte feudal. ¿Acaso es para mantener el ambiente lujoso de la llamada cultura de la comida lenta? Por favor, tengo manos, ¡no es que soy incapaz de servirme mi propia bebida! Cuando un amigo me cuenta sus cosas o comparte sus sentimientos, lo último que quiero es que nos interrumpan sirviéndonos vino. ¿O acaso están escuchando nuestra conversación con la excusa de “servirnos”? Piensa en esa clásica escena en El Padrino cuando el futuro jefe, Michael Corleone, va al restaurante italiano para negociar con el policía corrupto y el líder de la banda. Si el sommelier no hubiera estado sirviendo, Corleone los hubiera matado y escapado a Sicilia.

 

Habiendo dicho esto, la próxima vez que vaya a un restaurante y el camarero me pregunte “¿Cómo te sientes hoy?, “¿Está todo bien?, sé que me obligaré a sonreír amablemente en vez de responder bruscamente como Pansy:

 

―¡No, NO estoy bien!

Un molesto servicio de atención en un restaurante.

Comentarios 2

U
User-125497637430 de octubre de 2024
Davidydaniel
M
Marraton30 de octubre de 2024
En respuesta a User-1254976374: ¿Qué significa?

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