Joker: folie a deux - Polaroid de una locura ordinaria
Reseñas generalesSe ha estrenado en los cines de la ciudad y el país una de las películas más anunciadas, conversadas, discutidas del año, Joker: folie a deux (así, en francés), de Todd Phillips. Lo primero que hay que decir es que es saludable discutirla, pero es mucho mejor hacerlo después de verla y no antes, y tratar de hacerlo con la menor información posible, no para confirmar “lo que se anda diciendo” sino generar una opinión propia, buena o mala pero genuina.

Siempre prefiero leer sobre la película una vez vista, y esta no es la excepción, pero esta vez no logré ir a la sala sin una idea básica de lo que ya estaba generando este film, desde el mismo anuncio de su creación (que se vivió como una especie de traición).
Ídolos con pies de barro
Primera impresión: Joker: folie a deux no es lo que están diciendo que es. Toma riesgos, sí, pero son más conceptuales que formales. La anunciadísima opción por el musical, si bien es una parte central (y en general disfrutable) de la película no deja de ser una expansión del mundo interior del pobre Arthur Fleck. Nunca llega a ser un cambio de registro. Si alguien realmente quisiera buscar una película que toma riesgos extremos, riesgos que implican hacer una comedia musical como secuela de un drama serio, hay un ejemplo válido, pero no es este. Habría que apostar por el cine taiwanés de Tsai Ming Liang, que inventó una secuela musical sumamente traidora de expectativas para su film ¿Y allí qué hora es? (2001). El título en castellano de la secuela del 2004 cambia según el país, en algunos fue conocido como El sabor de la sandía y en otros como La nube errante.
Joker: folie a deux está, lógicamente, un escalón por debajo de su antecesora, por potencia y originalidad, y pretende ser mucho más arriesgada de lo que finalmente es. Hay que destacar que genera un saludable desconcierto, y no se siente como algo que sólo se está colgando de un éxito previo para facturar más. Por el contrario, por momentos parece comprometerse con sacarse la mochila de tener que pelear con su propia sombra, al precio que sea.

Sin contar el escapismo musical, todo ocurre en apenas dos espacios estáticos, el Asilo Arkham, escenario de un cruel drama carcelario, y el tribunal, en donde se desarrolla un juicio a Arthur Fleck que es a la vez un meta-juicio al personaje y a lo que genera, y ese es su costado más problemático. La toma de conciencia de Fleck vuelve al personaje más aburrido, y al film más solemne. El orden ganándole al caos.
Why so Serious?
Si la película termina siendo un fracaso de crítica y público (todo indica que así será) habría que empezar a aventurar las causas, y una de ellas es bastante incómoda. Sin hacer spoilers hay que decir que esta versión del personaje es decepcionante para sus propios seguidores (estoy hablando de la diégesis, o sea de sus seguidores en el interior de la historia). Esto es algo que ya ocurría en la primera parte, aunque no fuera lo central. Fleck no quería liderar un movimiento que canalice todo el hartazgo de una sociedad, solo expresar su propia (y absoluta) frustración. Y eso claramente no es lo que quieren escuchar aquellos que lo toman como bandera (otra vez, me refiero a los seguidores en el film). Esa decepción, en cierta forma, puede trasladarse (ahora sí) a los espectadores, aquellos que estén esperando un personaje que vaya más a fondo y hasta el final (como el de Head Ledger, pero en realidad, como todos los previos también).
Toda su parafernalia es apenas un escape fallido a una zona fantástica (y efímera), un escape compartido por protagonista y público que termina chocando con la realidad. La misantropía ya estaba presente en la primera parte, pero el pesimismo se exacerba en esta segunda entrega y ya no es la revolución una vana utopía, también el amor se pone en cuestión. Esa idea, mucho más que la propia trama del film, o su factura, es la que puede decepcionar.

Hay que volver al título, a esa “locura de a dos”, que en parte se entiende con la presencia (radiante y vital) de Lady Gaga como interés romántico. Pero ella es, sobre todo, una metáfora de todos sus seguidores, y por extensión de todos nosotros. Ya fuera del universo de superhéroes, en un mundo que cree ver líderes fuera de norma que podrían canalizar nuestro descontento. El director parece querernos decir que la locura (la que importa) no es la de Arthur Fleck sino la nuestra.
Killing jokes
Todd Philip Bunzl, más conocido como Todd Phillips, nació en Nueva York en Diciembre de 1970. Su primer largometraje fue un documental sobre el lado oscuro de las fraternidades universitarias, Frat House (1998), tema que revisitaría desde el humor un par de años después en Aquellos viejos tiempos (2003), antes había completado el éxito de Viaje censurado (2000), inicio de una exitosa carrera en cine de comedia elemental exitosa y para nada prestigiosa que continuaría con Starsky y Hutch (2004) y Escuela de tontos (2006). En todas ellas hay algo rescatable más allá del humor directo y por momentos muy elemental, y en particular hay que destacar Aquellos viejos tiempos, gran comedia con un gran Will Ferrel.
Dentro del mismo terreno conocido, pero elevándose en la opinión de la crítica y el público llegaría Qué pasó ayer (2009), éxito de taquilla descomunal que posibilitaría una segunda parte a la altura en 2011 (aunque demasiado similar a la primera) y una tercera más incómoda un año más tarde que ya no tuvo el mismo suceso. Esta nueva Joker se acerca más (conceptualmente) a esa decepcionante tercera parte que busca ir por otro lado que la seguridad de la fórmula probada de la segunda. Todas ellas servirían como vehículo para visibilizar el gran talento cómico de Zack Galifianakis.
En el medio de esa saga llegaría Todo un parto (2010), probablemente su mejor comedia, siempre con ese estilo desenfrenado y desubicado, en el que de nuevo se luce Galifianakis, pero ahora acompañado por Robert Downey Jr. Una buddy movie a la altura de los mejores exponentes del género. Algo similar intentó Phillips en Amigos de armas (2016), sin resultados tan buenos.
Lo que siguió fue un cambio absoluto de registro, y una enorme sorpresa para un mundo saturado de películas de superhéroes con su versión de Joker (2019), que lo sacó de su zona de confort de fórmulas probadas. Hasta ese momento Phillips, era, como mucho un rey de la comedia para la industria, y no deja de ser una ironía que haya salido de allí para convertirse en “autor serio” con un film que creció a la sombra de aquella no tan recordada película de Martin Scorsese llamada, precisamente. El rey de la comedia (1983).
Joker le valdría a Phillips un León de Oro en Venecia y once nominaciones al Oscar, de las cuáles ganó dos, entre muchísimos otros premios, además de ser un gran éxito de taquilla que prácticamente forzó esta continuación y figurar en las listas (extendidas) de mejores películas de todos los tiempos. Un exceso quizás, tan desmedido como esta anunciada caída en desgracia.















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