Videoclub | In a Violent Nature (2024)

Reseñas generales

 

En la facultad, tuve a un profesor que, con desdén, se refería a cierto tipo de cortometraje, frecuentemente dirigido por los alumnos de primer año, con el título de Juan camina. A sus ojos, se filmaban demasiados cortos que, como no tenían mucho para contar, solían caer en el mismo lugar común: “ganar” minutos mostrando a su protagonista, por lo general desprovisto de una correcta caracterización y simplemente llamado “Juan”, caminando. De ahí, la génesis de Juan camina.

 

In a Violent Nature (2024) me hizo acordar a ese profesor y al título descriptivo que acuñó, porque una buena parte de su duración, digamos unos 20 minutos (puede que sean menos, pero se perciben como más), se la llevan planos del protagonista, casualmente llamado Juan (más bien, “Johnny”), caminando. Lo curioso es que, estrenada en el Festival de Sundance, la ópera prima en solitario de Chris Nash dista de ser un corto de primer año. Una descripción un poco menos benevolente pero más certera sería decir que es lo más cercano que tendremos a una película de Martes 13 producida por A24: su trama, estructura, ambientación y personajes bien podrían ser los de “una de Jason” (gracias a la presencia de Lauren-Marie Taylor, también podríamos decir “su elenco”), pero su tono, ritmos y búsqueda no podría ser más distintos.

 

En efecto, sin el más mínimo interés de entretener, con los tiempos dilatados de una de Sokurov y privando al espectador de cualquier tipo de recompensa por la paciencia sacrificada, este slasher elevado (definición que detesto pero que ilustra el punto) resalta en su carta de presentación el hecho de que está narrado desde el punto de vista del asesino serial. Técnicamente, esto no es algo nuevo en tanto que la subjetiva del homicida es uno de los planos emblema del subgénero, toda una tradición formal que se remonta hasta los primeros minutos de Black Christmas (1974) y, sobre todo, a los de Halloween (1978). Lo novedoso, si se quiere, es el hecho de haber apelado a tal perspectiva (aunque no necesariamente al plano subjetivo) no para narrar un par de escenas, sino para prácticamente la totalidad del film.

 

 

De esta manera, con la espalda embarrada de “Johnny” (Ry Barrett) por delante, In a Violent Nature nos lleva de paseo por los bellos bosques canadienses y por los checkpoints de un slasher tradicional: la resurrección de la amenaza sobrehumana, la advertencia que nadie oye, la presentación de los amigos destinados a morir, el antagonista que de casualidad se topa con su arma y máscara, el fumón del grupo que deviene víctima desprevenida, la pareja que corre una suerte similar debido a su líbido, la búsqueda infructuosa de los amigos desaparecidos, el descubrimiento de sus cadáveres mutilados, la paranoia por el próximo e inminente ataque, el intento de huída de la final girl, etcétera. En resumen: si constituye una escena arquetípica del subgénero, no les quepa duda, está acá. Ahora, el principal problema es todo lo que hay (o, mejor dicho, lo poco que hay) entre medio de ellas.

 

Cegada por su desafío formal autoimpuesto, la película no tarda en tropezar con su propia decisión de poner a un personaje lento, discapacitado e inexpresivo como guía de su relato. En términos prácticos, esto significa que su lógica narrativa acaba siendo la siguiente: el personaje camina sin rumbo; de pronto, escucha un ruido; se gira hacia él; sigue caminando; llega a una locación en que hay alguien más; escucha una charla desde lejos; suena otro ruido; vuelve a cambiar su rumbo; atestigua otra situación; retoma la caminata; y así sucesivamente durante unos largos 94 minutos. De vez en cuando, la película se acuerda de que es un slasher y no Gerry (2002) de Gus Van Sant (Nash la citó como influencia, para sorpresa de nadie), y ocurren los esperados asesinatos: muertes explícitas que no escatiman en el gore y que se sienten como un refrescante baldazo de agua fría, bien roja. Lamentablemente, tales escenas son contadas y, en el plano general del film, no resultan más que apenas tres o cuatro pequeñas manchas de color en una gran pared blanca.

 

Pero nada de eso le importa a la película, ya que ella parece creer que está por encima del género: con sus encuadres pintorescos, su formato 4:3 y su título pretencioso (¿uno más soso no había? Mirá que The White Plain Slaughter, Horror in Ontario y The Johnny Massacre estaban disponibles…), In a Violent Nature grita “trampa para festivales”, no “película de terror". De hecho, los hinchas del género difícilmente hagan fila para verla, y eso que hoy por hoy hasta acuden a las salas para ver los refritos de terror de bajo presupuesto de los personajes de Disney que pasaron al dominio público. ¿Pero este slasher imperdonablemente aburrido? Difícil tragar semejante atropello a la pasión. ¿Se acuerdan cuando, el año pasado, se estrenó Skinamarink (2023) y se viralizaron videos de espectadores a las puteadas, a la salida del cine, reclamando la plata de las entradas? Bueno, creo que acá las distribuidoras locales vaticinaron un escenario similar y prefirieron ahorrarse el dolor de cabeza.

 

 

In a Violent Nature también me hizo recordar, y extrañar, a las Scary Movie. Me dio ganas de que la franquicia paródica siguiese vigente, para arremeter contra ella con las mismas ganas con que Johnny hace un nudo humano. De todos modos, no sería fácil ya que, por momentos, la propia película está al borde de la autoparodia, pero sin ningún tipo de autoconciencia (varias de sus escenas dejan la pelota servida, sólo les falta un pequeño empujón). Casada con su premisa digna de un cortometraje, con el chiste narrativo que se cuenta solo en los primeros minutos y que deviene grillete de todo lo que viene después, la película nos presenta ejemplos tan ridículos como el flashback del espejo, el uso excesivo y alevoso de vocativos por parte de los personajes (para recordarnos quién es quién, dado que hubo un nulo esfuerzo puesto en sus respectivas caracterizaciones), o los diálogos que cargan con todo el peso de la exposición que el resto del guión no se molestó en entregarnos de otra manera (desde la forzada secuencia del fogón hasta cada una de las líneas que el “Ranger” (Reece Presley) escupe en relación al pasado de Johnny, a cómo lo atraparon o por qué volvió). ¿Y todas esas explicaciones para qué? Si el tedio es tal que los personajes son violentamente asesinados y, lejos de importarnos en lo más mínimo, sus muertes apenas logran despertarnos de nuestro letargo para que admiremos los efectos prácticos (y hasta ahí, porque incluso una de ellas, la del partidor de leña, se excede en su duración y falta de gracia).

 

En el mejor de los casos, In a Violent Nature les dará ganas de revisitar la franquicia Martes 13 y reencontrarse con una serie de películas que, con los mismos ingredientes, supieron cocinar platos un tanto desprolijos pero icónicos, encantadoramente imperfectos, pero sobre todo disfrutables. Acá, en cambio, la comida salió con gusto a condescendencia, con cierto rechazo por los sabores tradicionales, con una visión confiada pero superficial, y muy poco efectiva. Para colmo, parece que hay segundo plato: ya confirmaron Jason Camina 2.

 

 

 

 

Comentarios 0

Todavía no hay comentarios.

De este autor