NADA EN CONTRA DE LAS FRANQUICIAS. REPTILIANOS BÍPEDOS Y DENNIS QUAID CONTRA LA INJUTICIA INTERGALÁLTICA

Reseñas generales

Cuando hablamos del espacio exterior en el cine, hablamos de secuencias de una nave con grandes proporciones atravesando el cosmos iluminada por el sol más cercano, desdoblamiento de los planos astrales para poder realizar los saltos en el tiempo y botargas sustituidas por CGI para expresar la multiculturalidad galáctica que convive en un bar donde se toca bebop jazz y se beben fluidos que causan estrabismo, el cual, al parecer, es un concepto cliché universal.

 

Y tan inevitable como Thanos es mencionar las secuelas que encabezan nuestros primeros pensamientos cuando del espacio exterior se habla, Star Wars, Star Treck, Alien, entre otras, siguen dando entregas audiovisuales que permiten al fanático obtener sus dos pesos de serotonina, a los jóvenes consumidores conocer qué diablos es un Padawan y a los haters la posibilidad de seguir tirando hate, pero sin lugar a duda el espacio exterior ha sido locación para grandes historias que permiten al espectador salir no solo de su zona de confort, sino de los conceptos terrestres que día a día han formado parte de nuestra vida y solo la ciencia ficción permite dejar atrás.

 

En lo personal, me han parecido fantásticas muchas entregas que en aprovechamiento del recurso de las imágenes asistidas por computadora, han centrado sus esfuerzos intelectuales en contar y proponer discursos que, a pesar de la inclusión actual de las IA en la creación de historias, guiones y poesía, estos siguen siendo dominio del ser humano y su capacidad creativa e imaginativa. Todo lo que nos ha ofrecido Love Death + Robots, aquella película del 2021 Barrenderos Espaciales, Apollo 18, Interstellar u Odisea 2001 son obras sin secuelas que demostraron mediante la inclusión de lo cotidiano intangible como lo son las emociones humanas y lo tangible como lo es un escritorio como estación de trabajo, que podemos identificarnos con el trabajador espacial preocupado por la falta de seguro social y por ponerse bloqueador por la intensa emisión de rayos UV.

 

Tomando como referencia estas historias de una sola entrega, quiero hacer mención especial de una de mis películas favoritas del género: Enemigo Mío o Enemy Mine en EUA de 1985 dirigida por Wolfgang Petersen, director de películas como Troya, Avión presidencial (Air Force One) y La Historia sin Fin de este lado del mundo, pero que en Alemania su país natal realizó grandes obras como Schwarz und weiß wie Tage und Nächte (Blanco y negro como el día y la noche) y la implacable Das Boot (El barco).

 

Con las actuaciones de un joven, pero experimentado Dennis Quaid como Willis E. Davidge , Louis Gosset Jr como Jareeba Shigan, Enemy Mine centra su historia en un condenado siglo XXI donde los seres humanos viven en una guerra interestelar con los Dracs, una especie de reptiles bípedos con los cuales existe una rivalidad a muerte por el dominio y la superioridad de sus especies. Durante una de sus expediciones Willis y Jareeba se encuentran, desencadenando un combate con naves espaciales, lo cual termina con que ambos pilotos se derriben uno al otro para aterrizar en un inhóspito planeta donde tendrán que relacionarse de distintas maneras para sobrevivir. 

 

La historia sin fin contada por el cine, la literatura y muchas otras disciplinas que habla de la guerra que las diferencias étnicas, sociales y religiosas traen consigo, queda muy bien plasmada en esta bellísima película. Con efectos especiales muy bien direccionados para su época, maquillajes espectaculares y secuencias de naves en batalla que dan cabida a hablar de un increíble lenguaje cinematográfico, hacen de esta película una notable adaptación del libro del mismo título. La ciencia ficción dando lugar al drama y la comedia bien logradas, es llevada de la mano también por excelentes maquetas que dan espacio al planeta donde sucede la historia. Criaturas lovecraftianas, meteoritos y tierras terriblemente hostiles ambientan la relación de dos especies de distintos planetas, que no comparten ningún aprecio por la otra, ni lenguaje ni religión, pero que el hecho de sobrevivir los obliga a hacer una tregua.

 

Hay un punto crucial para mí en esta película donde después de exponer sus puntos con ligeros toques cómicos, que marcan las diferencias tangibles y no tangibles entre los protagonistas al ser de distintos planetas, estos mismos encuentran en el otro un espejo para entender que la idea de un dios o una entidad superior es una necesidad que en algún momento despierta en muchos seres vivos, que el lenguaje y sus empleos como el canto o la oración alzada representan dentro de nosotros una búsqueda para entender lo impalpable y lo que al final podría y debería unirnos a todos en el éter del infinito.

 

La película como es posible obviar, lleva a nuestros protagonistas a una unión que no voy a spoilear, pero que los ayuda a identificar los problemas de sus propias culturas, la culpa que defender los credos natales sin cuestionarlos trae y el reconocimiento de lo importante para por ello luchar. Hay un tipo ahí también del que podemos identificar su carota como un desagradable pero excelente enemigo en distintas películas, Brion James, que personifica esa parte horrible del ser humano que busca explotar todos los recursos de cualquier lugar a donde va, incluidos otros seres vivos como es el caso de los Dracs, que esclaviza para trabajar en minas. 

 

Sé que historias como las de las grandes franquicias han generado millones, hay una mame durísimo durante el antes y después de sus estrenos y representan lo que ahora son los grandes rostros del cine, pero debemos repensar el hecho de que ya no hay nuevas historias puestas en pantalla grande, hay refritos, secuelas y están tratando de revivir muertos que tal vez, así debieron quedarse para dar cuna a nuevas propuestas que aunque se apoyen de un libro, una canción folclórica o cualquier otra fuente de inspiración, ofrezcan un discurso que aborde lo cotidiano con otros ojos, para decirnos que la vida dentro y fuera del planeta tierra, vale la pena disfrutarla.

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