El final inesperado más importante: About Schmidt
Narrativa¿Qué ocurre cuándo un final inesperado nos revela el sentido de la vida?
En realidad, más de una película trata sobre ese tema, incluso hay una que lleva ese título, El sentido de la vida, la cinta del grupo de comediantes ingleses Monthy Phyton que a su vez tiene un final inesperado (si resuelve o no el sentido de la vida es otra historia); la más famosa de ellas tal vez sea Groundhog Day, la película descrita como la película más espiritual de del siglo pasado, la más cristiana según los cristianos o las más budista según los budistas.
Pero me sorprende que una en especial no suela estar en la conversación, la más efectiva de todas, creo yo: About Schmidt, o Las confesiones del señor Schimdt, una película del 2002 del director Alexander Payne. Payne es lo que Scorsese llamaría un contrabandista o como nos dice Margaret Talbot en el New Yorker, directores que “Hacen películas comerciales y trabajan en géneros establecidos, pero delimitados por esas fronteras cuelan en sigilo sus preocupaciones personales. Alexander Payne… es el principal contrabandista en Hollywood. Sus películas han sido financiadas por los grandes estudios, y todas han obtenido ganancias con excepción de la primera; han contado con actores de primer nivel como Jack Nicholson y George Clooney, han sido nominadas y han ganado oscares. En todas ellas se ve la firma de su autor”
Las confesiones del señor Schmidt, en palabras de Payne, "es la historia de un hombre mayor jubilado que al retirarse se da cuenta de lo mucho que ha desperdiciado su vida y quiere empezar de nuevo de alguna forma. Es la película El graduado, pero con 65 años". Jack Nicholson da vida a este personaje con un gran deseo de vivir ahora que el tiempo se le escapa de las manos.
Recuerdo que en el año de su estreno me encontraba viviendo en casa de mis padres, inmerso en un trabajo burocrático. No un ejecutivo de seguros como Schmidt, pero si un funcionario más en el sector público. Lejos habían quedado los sueños de arte y literatura. Si todo seguía su rumbo, en algún momento sería yo también un Schmidt, un hombre sorprendido por el mundo que desaparece a su alrededor y el poco control que tiene sobre ello, así que empaque mis cosas, dejé mi cómodo escritorio y me inscribí en la facultad de artes de la capital, a 700 kilómetros de donde residía. Esa decisión me salvo y nunca me he arrepentido de ello.
Con esa sola idea las confesiones del señor Schmidt sería una gran película, y sin embargo nos guarda una última sorpresa, al final. Apenas unos minutos antes de terminar Schmidt se confiesa y nos comparte las palabras más nítidas de una crisis existencial que he visto en la pantalla grande “Soy débil y soy un fracaso. No hay forma de negarlo. No va a pasar mucho tiempo para que muera, tal vez en veinte años, tal vez mañana. No importa. Una vez que muera y todos los que me hayan conocido mueran será como si nunca hubiera existido”. Mientras pensábamos que estábamos viendo una comedia ligera sobre las frustraciones de un viejo necio el director jala la alfombra de nuestros pies y nos topamos de frente con el dilema del sentido de la vida.
El fin de nuestra existencia nos hermana con los demás seres humanos y nos deja con esa gran pregunta que ha acosado al hombre desde el inicio de los tiempos ¿Qué caso tiene, si al final todos vamos a morir? Y sin hacer trampa, la respuesta que da Payne es definitiva, asombrosa, convincente y tiene la osadía de darla en el último instante de la película. Así que, para mí, no hay un final inesperado más importante.





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