Late night with the devil (El diablo es/en un set de TV)

Reseñas generales

 

Los hermanos Cairnes nos traen desde Australia una fresca pieza que renueva el aire del –a veces- encorsetado universo del cine de terror. Donde el espectador sabe perfectamente la trama y como sucederá. En el mejor de los casos, la mayoría de las películas recientes no parecieran ni molestarse en hacer una y otra vez la misma historia. Afortunadamente “Late night with the devil” hace caso omiso y se toma sus licencias para destacarse por su originalidad.

La película comienza con un veloz y didáctico pantallazo para meternos en el contexto del protagonista y del programa de televisión que lleva adelante en los ajetreados Estados Unidos de 1970. David Dastmalchian (Dune, Prisioners) intepreta a Jack Delroy un ecléctico y ambiguo conductor de televisión cuya esposa falleció hace poco tiempo. En sus intentos de lograr que el programa despegue y suba hacia el tan codiciado primer puesto, organiza una noche de entrevistas en su programa donde especialistas en parapsicología y mentalismo compartirán su conocimiento, no sin ser vapuleados por el personaje racionalista y soberbio de Carmichael interpretado por Ian Bliss.

Utilizando recursos usuales como los “Jump-Scare” (aquellos momentos de las películas de terror/suspenso donde el sonido y la imagen se vuelven estridentes para inquietar), y algunos menos frecuentes pero interesantes como la utilización del “Found-Footage” (un tipo de montaje donde todo, o una parte esencial del filme ficticio es representado como si fuera material descubierto, como si no debiera verse y el espectador fuera participe de algo oculto) instalan un dispositivo efectivo para sumergirnos en la historia.

 Para el espectador, la noción de un “testimonio real” vuelve más factible que aquello que esté viendo sea cierto. Podemos verlo claramente en “Las brujas de Blair”, en biopics como “Coppola” o “Lakers: Tiempo de ganar”. Es que cuando se narra el devenir de alguien famoso o de un set de televisión este recurso resulta particularmente enriquecedor ya que velozmente las dicotomías de lo público/privado o exposición/privacidad quedan más al a vista. Bien utilizado, las capas de sentido y la compleja identidad de los personajes ganan peso y nitidez. A su vez, utilizar nombres de personas reales como el de Johnny Carson (famoso conductor de televisión norteamericano) suma una capa más de credibilidad a la historia que se narra.

Es esta una historia que hubiera deseado ver en el cine. No me sucede con todas las películas que veo, algunas son felizmente deglutidas en el sillón, pero por transcurrir mayormente en un set de televisión, por estar ambientada en los 70’ (época de oro para el cine de terror) y por tener temática de Halloween me culpo a mí mismo por no haberla aprovechado en salas. El inicio de la película es veloz y uno ingresa sin reproches a la historia: Creemos entender por donde va y asistimos alegres al despliegue de horror que se vislumbra. Toda la primera parte de la película es preparación para el desenlace -como suele ocurrir en las películas de terror-. Pero es una primera mitad completamente divertida y novedosa con sutiles guiños que nos indican hacia donde irá. La actuación de David Dastmalchian es soberbia y lleva muy bien personificado el rol de presentador de televisión: Sin escrúpulos, parece sensible, atento a todo, ambicioso cuando puede y conciliador cuando debe. Los cortes publicitarios están plagados de nerviosismo, cigarrillo, café y whiskey, pero conforme avanza la trama, la codicia y la ambición van dando paso a emociones mucho menos banales y más profundas, más innegables. Por el dispositivo televisivo como entorno mayoritario, por el inicio que tiene y por los chistes antiguos y levemente naif, la película coquetea con la comedia negra, como sátira del mundo de los medios cuando los programas en vivo dominaban las pantallas de la sociedad. Pareciera ser una mezcla entre “El rey de la comedia” y “El exorcista”. La forma de narrar moderna que escapa la linealidad y la cohesividad de los sucesos, abriendo varios frentes a la vez, la alinea con “Nope”. 

Algunos guiños y cambios a la forma usual de narrar el terror nos hacen pensar que estos directores pueden aportar algo diferente a un rubro que pareciera no querer soltar los elementos que lo llevaron a ser lo que es. Todo debe mutar para sostenerse y el cine de terror no es la excepción. Incluso tratando un tópico repetido como el de la posesión por un espíritu/entidad maligna, los hermanos Cairnes le dan un aire de frescura utilizando el medio de los recortes típicos de los programas de televisión. 

El aire de vacuidad y superficialidad de un set resulta la premisa perfecta para mecer al espectador en una sensación de no peligro y relajo. Por momentos incluso pareciéramos disfrutar de este show y no querer que el mismo finalice. Son tan familiares el paneo a los espectadores que asisten al show en vivo, el backstage ajetreado mientras están en un corte, la presencia de la maquilladora corrigiendo rostros, una pusilánime celebridad de poca monta queriendo hacerse un lugar, que uno pareciera olvidar estar mirando una película de terror. En esos instantes en los que hemos sido demasiado endulzados es cuando emergen los pequeños guiños y tintes del género que rápidamente vuelven extraño y espeso el aire del piso.

Algo similar ocurría en esos años en Estados Unidos, donde la aparente tranquilidad era continuamente vapuleada por conflictos sociales. El gobierno de Jimmy Carter estaba convulsionado entre las manifestaciones, conflictos callejeros y guerras. Resulta interesante e ineludible la elección de la época ya que los directores se encargan de darnos un pantallazo en el inicio del film.

Por último, resta destacar que esta película generó controversias por aclarar que utilizó la IA para algunas escenas. Aparentemente su utilización se dio solamente en 3 pequeñas imágenes. No tardaron los puristas en salir a criticar enardecidos. Este es un tópico sensible que nos tiene a todos constantemente manteniéndonos actualizados para estar al filo del saber. Fue uno de los puntos sensibles en las huelgas de los empleados de la industria de cine norteamericana. Personalmente creo que la utilización de inteligencia artificial no es –a priori- algo malo en sí mismo. De la misma manera que la utilización de un dispositivo de geolocalización que rastrea nuestros consumos diariamente, con el cual vivimos pegado a la palma de la mano no es algo malo en sí mismo. El problema comienza cuando aquellos que empujan y financian el desarrollo de estas tecnologías tienen una intención subterránea y primaria más allá –o casi en contra- de hacernos “la vida más fácil”. El tema de la IA y el reemplazo al humano en actividades artísticas requiere que la entrega sea mayormente de los humanos. Aunque estas se desarrollen profundamente y se perfeccionen de manera radical, jamás tendrán nuestra imperfección ni nuestra condición inefable de ser humanos. Por eso, poco me importa si se sirvieron de ella para recrear alguna instancia. Creo que la IA llegó para quedarse y nuestro trabajo ahora es utilizarla a nuestro servicio y no doblegarnos ante su seductora forma unificadora del pensamiento y el imaginario colectivo.

“Late night with the devil” es una película singular que nos deja a todos con ganas de ver qué cosa nueva harán estos directores. Por lo pronto ya tenemos tarea: Ver “Juego del terror” Y “100 acres sangrientos”, los trabajos previos de estos prometedores directores.

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