El Poder de la Moda: Pueblo chico, infierno grande

Reseñas generales

En los años 50, Myrtle “Tilly” Dunnage (interpretada por la siempre magnífica Kate Winslet) regresa a su pequeño pueblo natal Dungatar en Australia. Su madre, Molly Dunnage (interpretada por Judy Davis en una actuación brillante y llena de matices), está enferma, y Tilly, desterrada injustamente cuando era niña, vuelve como una mujer fuerte y con una habilidad excepcional para la costura, adquirida en Europa y, sobre todo, en las elegantes calles de París. Pero que no te engañe el título: esta película no es solo sobre vestidos.

Dungatar es un rincón olvidado en el corazón de Australia. Las casas de madera parecen susurrar historias de antaño, y las calles polvorientas guardan recuerdos de amores prohibidos y venganzas. Este pequeño pueblo, casi atrapado en el tiempo, es un lugar donde cada habitante conoce los secretos del otro, y las fachadas desgastadas esconden más de lo que revelan. El aire está cargado con un sentimiento de melancolía y misterio, como si cada rincón tuviera una historia oscura esperando ser descubierta. Los habitantes, con sus miradas inquisitivas y susurros constantes, parecen vivir en una obra de teatro donde cada acto es más intrigante que el anterior. Es un lugar donde las apariencias engañan y donde las cicatrices del pasado nunca se curan del todo. En este escenario pintoresco y desolado, Tilly se encuentra enfrentando no solo su pasado, sino también a una comunidad que parece resistirse a aceptarla.

El pueblo se revoluciona con la llegada de Tilly, y no solo por los vestidos que crea para las mujeres locales, que pronto se vuelven la envidia de todos los alrededores. Fantasmas del pasado resurgen, y Tilly está decidida a recordar el trágico episodio que marcó su vida. Además, hay amor en el aire, con Teddy McSwiney (interpretado por Liam Hemsworth) intentando seducirla. ¿Quién puede resistirse a un romance en medio de tanta desolación?

Cuando Tilly regresa al pueblo, Teddy no puede evitar mirarla con asombro. La niña que solía jugar con él ha vuelto convertida en una mujer elegante y misteriosa. La química entre ellos es palpable. Pero, ¿pueden superar los secretos y las cicatrices del pasado?

 

Uno de los personajes más interesantes es Gertrude Pratt (interpretada por Sarah Snook), una joven que, gracias a las manos mágicas de Tilly, se transforma de una chica simple a una deslumbrante belleza. Su historia es un testimonio del poder transformador de la moda, pero también un reflejo de las dinámicas sociales y de cómo la apariencia puede influir en la vida de una persona en un entorno tan cerrado. Gertrude, que comienza como una figura un tanto desaliñada y torpe, se convierte en un cisne deslumbrante, cambiando no solo su apariencia, sino también su destino en el pueblo.

La tensión en el pueblo se incrementa con la presencia de personajes como el implacable sargento de policía Farrat (interpretado por Hugo Weaving), quien guarda sus propios secretos. Farrat es un personaje complejo, que aporta tanto comicidad como profundidad a la historia. Su amor por la moda, él tiene su propio guardarropa, y su apoyo a Tilly muestran un lado humano y compasivo, a la vez que se enfrenta a las normas rígidas de la sociedad de la época. Farrat, con su fascinación por las telas y los diseños, se convierte en un aliado inesperado para Tilly, mostrando que incluso en los lugares más inesperados se pueden encontrar almas gemelas.

La película también explora temas de venganza y justicia. La historia del pasado de Tilly, el trágico evento que la llevó a su exilio, se va revelando poco a poco. La dualidad de Tilly, entre su deseo de venganza y su búsqueda de justicia, es uno de los aspectos más fascinantes del personaje. La interacción entre Tilly y su madre, Molly, añade otra capa de complejidad emocional, con momentos de humor negro y ternura. Estas dos mujeres están unidas por hilos invisibles, pero también separadas por secretos y dolor.

 

Molly Dunnage es una mujer curtida por la vida. Su rostro lleva las marcas del tiempo y las penas, y su corazón está lleno de cicatrices. Cuando Tilly regresa a Dungatar, Molly no la recibe con los brazos abiertos; de hecho, dice no reconocerla. Su casa está roída por el tiempo y la falta de higiene, lo mismo que su cuerpo y su mente. Hay un abismo entre ellas, un abismo que se formó hace años, cuando Tilly fue expulsada del pueblo tras un trágico incidente.

Molly es una mujer de pocas palabras, pero sus ojos hablan por ella. En su mirada, Tilly ve una mezcla de amor, arrepentimiento y resentimiento. Molly nunca pudo perdonarse por lo que sucedió en el pasado, y ahora Tilly es el recordatorio constante de ese dolor. Sin embargo, también hay momentos de ternura entre ellas. Molly observa a su hija con admiración mientras crea vestidos deslumbrantes, y Tilly busca desesperadamente la aprobación de su madre.

La relación entre Tilly y Molly es como un vestido de alta costura: intrincado, con detalles ocultos y costuras que amenazan con desgarrarse. A medida que la trama avanza, descubrimos más sobre su pasado compartido, y las capas de resentimiento se desprenden lentamente. Tilly quiere entender por qué su madre permitió que la exiliaran, pero a pesar de eso, quiere sanar las heridas del pasado, y Molly, aunque reticente, también anhela la reconciliación mientras lucha con sus propios demonios. Pero quizás, a través de los vestidos que Tilly crea, encuentren una forma de comunicarse.

La dirección fotográfica de la película es un festín visual. Los paisajes desérticos de Australia, contrastados con los vibrantes vestidos de Tilly, crean una estética única que complementa la narrativa. Los amplios y desolados paisajes australianos se convierten en el telón de fondo perfecto para los dramas humanos que se desarrollan. 

La dirección de arte y el diseño de vestuario merecen una mención especial, ya que no solo embellecen la película, sino que también sirven como un medio para contar la historia. Cada prenda creada por Tilly no es solo un vestido, sino una declaración de intenciones, una muestra de su talento y un recordatorio de su determinación por cambiar su destino y el de quienes la rodean. Los vestidos son casi personajes por derecho propio, con sus colores vibrantes y diseños exquisitos que contrastan con la monotonía del entorno de Dungatar.

El Poder de la Moda está basada en la novela homónima de Rosalie Ham y dirigida por Jocelyn Moorhouse. La película no se encasilla en un solo género: es una comedia dramática con toques trágicos, melodramáticos y hasta policiales. Pero lo que realmente importa es la historia de una mujer que resurge de las cenizas y se niega a ser pisoteada nuevamente. Los vestidos son solo la fachada; la esencia está en la lucha por la justicia y la redención. Hay una historia de amor y dolor entre madre e hija, una historia que se teje con hilos invisibles pero poderosos.

 

Cada personaje, desde los principales hasta los secundarios, aporta algo único a la historia, creando un mosaico rico y diverso. Desde el chico peculiar del pueblo hasta la mujer más elegante, cada uno tiene su propia historia de lucha, dolor y redención, tejiendo un rico telar de emociones y relaciones humanas.

En resumen, El Poder de la Moda es una película original, con actuaciones memorables y una trama que te mantendrá intrigado hasta el último minuto. Cada escena está impregnada de detalles que enriquecen la narrativa, desde los delicados bordados en los vestidos hasta los pequeños gestos de los personajes que revelan más de lo que dicen sus palabras. Si bien la película es del 2015, recién se acaba de agregar al catálogo de Netflix, lo que la hace muy actual y definitivamente vale la pena verla. No solo disfrutarás de un desfile de moda vintage, sino también de una historia conmovedora sobre la fuerza, la redención y el poder transformador de la moda.

 

Comentarios 1

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TOMAS STIEGWARDT29 de julio de 2024
Historias impactantes! Gran nota!

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