Viernes 13 parte 2: La secuela que supera a la original
Reseñas generalesEl 9 de mayo de 1980 el cine de terror fue golpeado por una película independiente que tenia a Paramount como distribuidora. Se trataba de Viernes 13 dirigida por Sean. S Cunningham quien años atrás le había dado la oportunidad de realizar su opera prima a Wes Craven (1939-2015). Esa película fue The last house on the left (1972) que aunque fue un éxito recaudando cuatro millones de dólares con un presupuesto de noventa mil, la critica la considero la peor película del año y algunos cines la sacaron de su cartelera ante el pedido del público por lo vil de su propuesta. Para empeorarla Craven quedo manchado por la polémica. Su mujer lo abandono, y nadie quería trabajar con él lo que llevo a terminar durmiendo en el auto de un amigo. Cunningham no corrió con esa suerte. Siguió produciendo y filmando desde películas eróticas como Case of the full moon murders (1974) hasta comedias familiares como Here comes the tigers (1978). Como buen productor de cine de explotación estuvo al tanto del éxito de de Halloween (1978, John Carpenter) que se convirtió en un hito al ser una de las películas independientes mas recaudadoras de todos los tiempos y se puso en marcha para dirigir una copia de esta en base a un guion de Victor Miller.
Aquella primera Viernes 13 era una película que copiaba los elementos de Halloween pero de manera bruta. Ahí estaban la fecha específica, la chica final responsable, la pareja que tiene relaciones sexuales, el asesino acechando y el POV (point of view) elemento importante en la película de Carpenter que trataba, entre otras cosas, sobre la mirada. No hay un trabajo en el suspenso inspirado en el cine Alfred Hitchcock (1899-1980) ni tampoco una mirada sobre la maldad. Nada de eso, Cunningham pensó como productor, uno hábil que logro vender una película que costo novecientos mil dólares a Paramount que buscaba una obra independiente para invertir poco en su publicidad y estrenarla en la mayoría de los cines posibles. La compañía no podía perder, pero tampoco esperaban que fuera un boom recaudando casi sesenta millones de dólares, o sea la levantaron con pala.
El éxito también fue una doble vara. Estos defectos mencionados fueron notados por Gene Siskel (1946-1999) y Roger Ebert (1942-2013) dos de los críticos más importantes de Estados Unidos quienes en su programa At the movies condenaron a la película, a todos sus responsables y quienes comenzarían una cruzada contra la saga de Viernes 13 y luego contra el cine slasher que se popularizo gracias a esta. Un subgénero que era visto como totalmente inhumano para con los personajes, en especial los femeninos, y contra todo aquel que disfrutaba de cualquier placer terrenal.
Pero lo cierto es que los números acompañaron y Paramount pidió una secuela, ya sin Cunningham como productor y director. Lo reemplazo su socio Steve Miner. Con un presupuesto de poco más de un millón Viernes 13 parte 2 se estreno un año después y recaudo más de veinte millones, lo suficiente para que seguir haciendo secuelas y así es como la saga se volvió historia, ¿pero qué tiene de valiosa esta secuela mas allá de presentar a Jason como el villano principal?
Esta es la opera prima de Steve Miner quien mostraría con el correr de los años ser un artesano que conoce los elementos que componen el género como demuestran House (1985) y Warlock (1989). En esta secuela ya pueden verse algunos detalles que muestran cierto ojo para narrar y crear escenas de suspenso como por ejemplo aquella larga persecución en donde la final girl se esconde en distintos lados mientras Jason la busca. Miner no corta la acción sino que la cámara se queda ahí con ella y su reacción. Esta operación no la realiza una sino tres veces y en las tres triunfa al mantener la tensión.
Lo mismo ocurre con Jason. Si bien el guion a cargo de Ron Kurz es incapaz de esconder quien es el asesino, lo cierto es que Miner entiende que el monstruo no puede ser mostrado en seguida. Por eso recurre a mostrar primero sus piernas, luego sus manos, pasando por una imagen difusa corriendo de lejos e incluso su sombra. Es recién en una escena en donde una chica va a buscar a su pareja que nos lo muestra de cuerpo completo, cara a cara. Si decepciona su imagen es porque aun no estaba instalada su famosa máscara de hockey (apareciera recién en su siguiente secuela también dirigida por Miner). En este caso utiliza una bolsa de papas en la cabeza que aunque podría verse como una referencia al asesino de The town that dreades sundown (1976, Charles B. Pierce) es también coherente con la propuesta. Si se trata de alguien que vive en una cabaña arruinada, viviendo como un animal salvaje y que oculta su deformidad es lógico que utilice una máscara con algo que este a mano.
Del otro lado esta Ginny interpretada por Amy Steel, una evolución de la heroína anterior interpretada por Adrianne King que quedaba como final girl por default ya que su personaje carecía de peso en la narrativa. Ginny cuenta con el background de ser psicóloga infantil, es activa sexualmente y presiente que hay algo raro en aquel bosque donde va a trabajar. Es justamente en el clímax donde se da la persecución y enfrentamiento con Jason que utiliza todos estos recursos a su favor. Con el correr de la saga se convertiría en una de las final girls mas queridas por los fans de la saga.
Viernes 13 parte 2 es una de una remake camuflada de la anterior. Los personajes se juntan en un campamento cerca de donde ocurrieron los hechos narrados anteriormente, se presenta un nuevo asesino misterioso, hay una relación entre el jefe de aquel campamento y la protagonista, el numero de víctimas es el mismo, y hasta presenta un jump scare en la ante última escena para mostrar el rostro de Jason. Pero en realidad se trata de una mejora por tener a Miner detrás de cámara quien demuestra su ojo para crear escenas de terror, como aquella en donde un discapacitado va a buscar a su novia y Miner dilata la acción hasta que la muerte lo sorprende, o esa en donde el asesino entra en la cabaña para matar a una parejita y la cámara solo muestra sus pies. Son pequeños detalles que muestran a un director consciente del material, que busca contar la historia de la manera más cinematográfica posible, como si tuviera el cine metido en la sangre.





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