Contracara- Caras vemos, terroristas no sabemos

Reseñas generales

CONTRACARA (John Woo- 1997)

 

Caras vemos, terroristas no sabemos.

Por Jeremías Emmi

Volver a ver esta película, aproximadamente diez años después de haberla visto por última vez (y exactamente 27 años) es una prueba personal contra el valor intrínseco de la nostalgia. Tuve la mala fortuna de haber dejado pasar una cantidad poco saludable de tiempo en reincidir en una de mis películas favoritas del Cine de Acción de todos los tiempos (y me hago cargo), aún por sobre otras películas más mimadas por la crítica y los sitios especializados como el de Rotten Tomatos. Así y todo, me arriesgaba a observar una película que podía darme un cachetazo en el recuerdo maravilloso que tenía de ella, como leer la letra de alguna canción que en algún momento me pareció de una altura borgeana, y hoy me parece una contundente boludez.

Pero todas las dudas se disiparon al terminar de ver Contracara: un verdadero clásico del cine de acción, y no (solamente) un dispositivo de emisión de recuerdos lejanos y bellos, como sí podría serlo el delirio distópico de “Demolition Man”, el festival manija futurista de 1993 que no por desquiciada es menos disfrutable.

Volviendo a la película que nos llama. El maestro John Woo, ya en ese momento un veterano del cine de acción en Hong Kong (dirigió en 1989 “The Killer”, influencia ineludible para un tal Quentin Tarantino), mete sus mejores yeites al servicio de este blockbuster, a saber: usos artísticos épicos del slow motion (al que directores como Zack Snyder le rendirían devoción), diálogos dementes de fusión noventosa-shakespereana y, sobre todo, ese carácter de duelo perpetuo de la película: Archer y Troy son dos Gunslingers, dos tipos que podrían estar teniendo esta misma guerra personal en el Lejano Oeste o en el Japón Feudal.

 No esperes un uso desaforado de explosiones o sets enormes (que los hay), sino un contrapunto perfecto para que brillen sus dos protagonistas (ayudado por el contraste con los actores secundarios, donde no hay nombres rutilantes pero sí hay calidad, como la multinominada Joan Allen, que se luce como la esposa de Archer, y Nick Cassavetes, hijo del directorazo John Cassavetes). Y ahí la cosa se pone compleja: Nicolas Cage (ordenado primero solamente por orden Alfabético) interpreta a Castor Troy, un terrorista siempre al palo (en estas películas los tipos no tomaban drogas, pero el efecto chorreaba a través de la pantalla, como el Pacino de Heat),  que cuida a su también terrorista pero más infantil hermano Pollux. Increíble dato de color: Pollux y Castor son los gemelos transformados en la Constelación de Géminis en la mitología griega. Cosecha personal de Woo.

Ambos hermanitos son detenidos en una redada por el Agente del FBI Sean Archer (Juan Travolta), quien busca venganza por una que Castor se mandó en el pasado (sin spoilers). Quedando Castor en coma por la trifulca, Sean tiene que sacarle información a Pollux de una bomba que amenaza con limpiar una ciudad entera (el mínimo absoluto de potencial desastre al cual se enfrenta cualquier película yanqui de esta época). Para lograr eso, obviamente, buscan la solución más pragmática, la que a cualquiera de nosotros se le ocurriría en una mañana aún de vigilia: cambiar la cara del comatoso Troy por la del despierto Archer, para que éste último se infiltre en la cárcel y recabe de su “hermano” la información de ese explosivo. Para eso, además del cambio de rostro, se valen de tecnología de punta, como un dispositivo para cambiar la voz, y tintura para el pelo. La explicación de las diferentes alturas y contexturas de cada individuo quedan medio en deuda. No obstante eso, la explicación médico/tecnológica está tan bien vendida que más de uno se imaginó en su tiempo con la cara lozana de Diego Torres, nuestro Timoteo Chalamet de los noventa. 

Por supuesto, el malo de Castor despierta de su coma, en este momento ya carente de su cara, y logra hacerse del rostro hasta ese entonces desocupado del Agente, lo cual da inicio, en definitiva, a uno de los manifiestos actorales más particulares y lisérgicos de la historia: Nicolas Cage haciendo del personaje de John Travolta y Viceversa. El absoluto desenfreno lo pone Cage, y también la escena de mayor valor actoral: ya en el personaje de Archer usando la cara de Troy, muele a piñas a un tipo en la cárcel, para darse vuelta horrorizado de lo que está haciendo. Cuando te fustiguen por el Oscar a Nicolas, mostrales esa escena, o la charla drogona entre él y un traficante donde terminan nombrando TRES VECES el título de la película. Por otro lado brilla un John Travolta que logra una de sus mejores actuaciones, sobre todo con su version súper ácida y de villano de historietas descolocado cuando Castor usa la cara de Archer (¿Se entiende algo de lo que yo estoy diciendo, campéon?). Como otro dato anecdótico del cast, como novio de la hija mayor del Agente, que se quiere aprovechar de ella, aparece un Jovencísimo Danny Masterson, quien años después adquirió fama en that´s 70s show y cuyo presente se emparenta de forma perversa con su pequeño papel en la cinta (solo digo que actualmente está condenado a por lo menos 30 años de cárcel en Estados Unidos).

En esa cárcel de un futuro con pantallas mostrando imágenes de ciervos, el agente Archer (con cambio de cara) tendrá que obtener la información de la bomba, salir de la cárcel y efectivamente neutralizar el explosivo. Por otro lado, el plan de Castor es bastante más relajado: saborear las mieles de la vida de clase alta norteamericana, con camioneta y cerca de madera, de Archer, y de pasada hacer efectivo el atentado. Comienza entonces la redención del Agente, que parte desde las entrañas robóticas del sistema carcelario yanqui de las películas, y de ahí solo se dedica a subir la apuesta. En ese momento el cine de Woo es total: Un enfrentamiento entre los antagonistas en un escenario lleno de espejos, un standoff multiarmas en una iglesia, y el increíble enfrentamiento final que empieza en dos lanchas y termina en la costa, en escenas de alto tanque pochoclero hecho sin mirar el presupuesto.

(Abro deliberadamente este paréntesis para decir esto: solo los hispanoparlantes pudimos disfrutar lo espectacular que es el doblaje latino de esta película, con Salvador Delgado doblando a Travolta y Gerardo Reyero haciendo del Nicolás, ¡Si hasta aparece esa deidad llamada Mario Castañeda obrando de Polux!).

Con una duración escandalósa de casi 2 horas y 20 minutos, Contracara le propinaba un cabezazo Zidanesco a los reinantes noventa minutos de promedio de los noventa. Y aprovechaba esos minutos en desarrollo de personaje del bueno: cubriendo el clima de espanto en la familia del agente, la conexión de Compañeros de Crimen de los hermanos Troy, y hasta la familia del malo (que tomará relevancia en un final hecho, sí, un poco a las apuradas). El policía y el terrorista son ellos y su circunstancia, pero todo se daba en función de ese duelo final que, si en el cine de Ridley Scott se daba de forma colosal entre caballos o carruajes, en el de Woo se reducía a la esencia misma del duelo western: dos tipos enfrentados con sus chumbos, y eventualmente a coscacho limpio (escena que evoca ineludiblemente al duelo final entre Ethan Hunt y su némesis en Mission Imposible II, para muchos como yo solo, una de las mejores de toda la saga). La tentación de spoilear es exquisita, pero arriesgar que el que no la ha visto desista de hacerlo es un precio muy alto para pagar. Solo diré que todo estalla a lo Woo: siempre con cámara lenta, siempre flotando, siempre al borde de la irrealidad pero pegando la vuelta de forma gloriosa.

No estamos acá ante una película perfecta. Ni siquiera ante una película de acción perfecta. No vamos a decir que el ritmo, el tono y el brillo atroz de la escena inicial haya envejecido como el buen vino. Vamos a reiterar, como dijimos, que el epílogo, también un poco meloso, parece hecho con bastante urgencia. Y vamos a sincerarnos con algunas líneas dichas por Cage, quien es como siempre el punto más alto y más bajo de la cinta, y proyecta su papel con una exageración ya bordeando la sobreactuación (algo que solo le perdonamos al loco lindo del Nico). Aún así, desmesurado, intransigente, hilarante y caótico, casi pareciera que éste clima ayuda a la película a darle esa pátina de “obra de su tiempo” de la cual están hechos muchos clásicos. Además, ¿Quién le puede pedir coherencia a una película donde dos tipos se intercambian las caras? ¿Los mismos que normalizaron a Stallone y Bullock fifando a través de cascos en la cabeza, acaso?

Desde su poster ultra canchero con esa fuente horrenda hasta el título con su barra a lo AC/DC (Ah, si, Face/Off, créanme que el juego de palabras suena mejor en inglés, pero en España directamente fueron a los bifes y le pusieron Cara a Cara, dejando las sutilezas para otra ocasión), uno sabe que se enfrenta con algo estrafalario. Que Contracara  no sea la película de acción definitiva de los 90s, solamente ocurre por la cantidad de obras excepcionales que el género de los tiros y los maletines le dio a la década: Terminator II, Maxima Velocidad, Alerta Máxima, Fuego Contra Fuego, La Roca (El verdadero gol de chilena de Michael Bay), el ya nombrado Demolition Man, así hasta llegar a 1999 con Matrix, las pastillas de colores, y el cine de acción que nunca volvería a ser el mismo.   Aún ante la mirada de estos tanques del cine de todos los tiempos, Contracara se erige como un espécimen genial y extraño, dramático e ingenuo a veces sin llegar a ser campy, con sacos volando en el viento y aves también, elementos que no hacían más que demostrar que el cine como puro entretenimiento también podía darnos joyas como ésta.  

No solo es uno de los pináculos de este tipo de películas. Es además el testimonio único en un punto particular en la carrera de sus dos protagonistas: 1-El del regreso triunfal de John Travolta, después de haberse morfado al mundo bailando Bee Gees, después de haber salido volando en un auto en el final más cannabinesco de la historia con “Grease”, después de “Pulp Fiction” con Juan bajando a tiros a un tipo parecido a Seinfeld y  bailando con el pelo largo con Uma Thurman, y antes de “Battlefield Earth”, la scientología y de decirle Adele Dazeem a Idina Menzel en los Oscars; -2 el de Nicolas Cage en uno de sus picos, consagrado como héroe de acción. Un tipo talentoso, exagerado, impulsivo, hiper prolífico aún a costa de la calidad, enamorado del cine. Un tipo que se ganó un Oscar con su retrato depresivo y nihilista de “Leaving Las Vegas”, para después timbearse su fama con dos entregas de “Ghost Rider” que oscilan entre malas y muy malas, decenas literales de películas hechas para el cheque, y un regreso triunfal de la mano de joyas como “Pig” y “Dream Scenario”, coronando una reivención que no es la primera y no sea acaso la última. En medio de todo, el talento Furioso de John Woo, un tipo que hizo escuela en Hong Kong para luego romperla en Estados Unidos con clásicos como el que hemos charlado hoy. Sus posteriores tropiezos, o su regreso a media máquina con “Silent Night” de 2023, serán parte de otro análisis, o de ninguno.

Una vez decidí vez la ya legendaria “The Sandlot”, película de 1993 que para muchos de nosotros siempre va a tener el larguísimo y mítico título de Prohibido Pasar, Hércules Vigila. Descubrí que, pese a cualquier intento de dejar de la nostalgia de domingo a la mañana se cuele por los poros, se trataba de una comedia fenomenal, y un verdadero clásico de las películas Coming of Age. Después intenté hacer lo mismo con “Baby´s Day Out”, o Cuidado Bebé Suelto, película de 1994 repetida hasta el hartazgo en los canales de aire, y me resultó un bodrio inaguantable y anticómico. Contracara, desde el análisis riguroso de la película más allá de su valor sentimental, se erige como un clásico que resiste el paso del tiempo y envejece con estilo. No sabemos si lo suficiente como para que se hable de él en la materia Cine Clásico en 2060, pero sí al menos para haber influído a buena parte del cine de acción que vino después, o para existir a perpetuidad en el espacio físico, informático o neurocomputarizado (patente pendiente) cuando nos hartemos de ver la décimo novena encarnación de Batman y queramos, en cambio, ver a Nicolas Cage haciendo pogo en una Iglesia.

 

 

 

 

 

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