
Koyaanisqatsi: Una sensación alucinante (1982)★ 8.4/10
Koyaanisqatsi
- Documental
- Música
Dirección: Godfrey Reggio
Guion: Godfrey Reggio, Ron Fricke, Michael Hoenig, Alton Walpole, Jacques Ellul
Una serie de imágenes impactantes muestra la relación entre la naturaleza, la humanidad y la tecnología.
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Ver todo ›- NominadoBerlin International Film Festival 1983Golden Berlin Bear · Golden Berlin Bear
Reseñas
L
LucianoAvila31 de julio de 2024
LucianoAvila31 de julio de 2024No sé para qué seguir filmando si todos los planazos del mundo ya se hicieron en esta película
La naturaleza muchas veces está caracterizada por una predominancia de patrones visuales inexistentes o cuando menos imperfectos, lo cual por supuesto no nos impide encontrar belleza en esa especie de aleatoriedad imprevisible.
Sin embargo, hemos elegido alejarnos de eso, vivir en ciudades con patrones totalmente artificiales en su perfección, que pueden resultarnos placenteros de ver, tranquilizadores en una previsibilidad tan innatural que prácticamente resulta imposible encontrarla fuera de creaciones humanas.
Vivimos en ciudades donde los rastros de naturaleza que quedan son un intento de respiro de la propia ciudad, pero que terminan acentuando la artificialidad contenida entre tanto concreto, como esos edificios que mediante el reflejo distorsionado de sus ventanas reinterpretan bajo sus propios códigos la estética del cielo.
Hemos elegido reemplazar la belleza natural por una organización artificial, abrumadora, sobreestimulante, hemos elegido verla a diario, convivir y vivir dentro de esos entornos dominados por un orden extremadamente automatizado, calculado y medible. Orden del cual es imposible escapar, destacar, individualizarse, donde cada uno está metido en su propio mundo, formando parte de una sociedad industrializada que se retroalimenta, de la cual somos producto y engranaje.
Diría que esta película es magia, pero no, es cine, cine del primer al último fotograma.
Dicho esto, procedo a regresar a mi departamento en una zona céntrica de la capital federal a seguir perdiéndome en un anime de más de mil episodios
La naturaleza muchas veces está caracterizada por una predominancia de patrones visuales inexistentes o cuando menos imperfectos, lo cual por supuesto no nos impide encontrar belleza en esa especie de aleatoriedad imprevisible.
Sin embargo, hemos elegido alejarnos de eso, vivir en ciudades con patrones totalmente artificiales en su perfección, que pueden resultarnos placenteros de ver, tranquilizadores en una previsibilidad tan innatural que prácticamente resulta imposible encontrarla fuera de creaciones humanas.
Vivimos en ciudades donde los rastros de naturaleza que quedan son un intento de respiro de la propia ciudad, pero que terminan acentuando la artificialidad contenida entre tanto concreto, como esos edificios que mediante el reflejo distorsionado de sus ventanas reinterpretan bajo sus propios códigos la estética del cielo.
Hemos elegido reemplazar la belleza natural por una organización artificial, abrumadora, sobreestimulante, hemos elegido verla a diario, convivir y vivir dentro de esos entornos dominados por un orden extremadamente automatizado, calculado y medible. Orden del cual es imposible escapar, destacar, individualizarse, donde cada uno está metido en su propio mundo, formando parte de una sociedad industrializada que se retroalimenta, de la cual somos producto y engranaje.
Diría que esta película es magia, pero no, es cine, cine del primer al último fotograma.
Dicho esto, procedo a regresar a mi departamento en una zona céntrica de la capital federal a seguir perdiéndome en un anime de más de mil episodios
























