
El odio (1995)★ 8.3/10
La haine
- Crimen
- Drama
Dirección: Mathieu Kassovitz
Guion: Mathieu Kassovitz
24 horas en las vidas de tres jóvenes en los suburbios franceses el día después de un disturbio violento.
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FilmArte11 de octubre de 2025
FilmArte11 de octubre de 2025"¿Creen en Dios? no hay que preguntarse eso, sino si Dios cree en nosotros", que bien se le da al cine francés retratar sus suburbios, sus conflictos sociales que tan bien saben y pueden reflejarla en el cine, La haine, del director Mathieu Kassovitz, resulta un crudo relato que hace énfasis en sus virtudes de violencia social, de desigualdades, de racismo y de clasismo que, genera aún más violencia, una agresividad muy sutil y con cocción muy lenta pero que siempre el aroma a salvajismo está allí en el aire, algo así como si fuera un circulo vicioso que por esencia del propio ser, está allí, inherente a todos los seres humanos y que por consiguiente, más temprano que tarde esa naturaleza agresiva termina por salir a la luz.
Hay algo de atractivo en esta película francesa del año 1995, y es su capacidad y su mano para poder abordar los conflictos sociales que si bien, los tenemos en todo el mundo, que sea especialmente como objeto los suburbios franceses le da un interesante toque, puesto que ya en otras obras cinematográficas hemos sido testigos de ese cierto salvajismo que se vive en aquellas calles del país europeo, la violencia permanentemente se encuentra presente, desde los hechos que anteceden al desarrollo de la misma y que no se nos muestra porque no nos compete, hasta la mismísima continuidad de ese final, que tampoco nos compete, le dan a la misma una contención sobre lo violento que forma justamente de ella un circulo que no tiene fin y que ronda permanentemente sobre si, desde lo que desencadena todo que no se nos muestra en esta película, hasta lo que queda pendiente, tal que todo es una continuidad constante de barbarie.
Se me ha hecho imposible además, no observarla desde un punto de vista religioso, una analogía acerca de lo espiritual que hace hincapié en el libre albedrio en su energía y en sus formas de cocinar la trama, ya que vemos constantemente como algo que se avecina, finalmente nunca llega, o al menos para nuestros ojos, una virtud mística que sobrevuela esos aires agrestes que referencia a como si tratara por todos los medios de evitar o inevitable o como quien dice, trata de tapar el sol con un dedo, en un grado poético diría que, Dios pone la bala, quien la utiliza es la cuestión en aquel rápido juego perturbador en el que ya vemos predecible de ese "ellos o nosotros" que está latente en cada momento de su recorrido.
El trio protagónico compuesto por Vincent Cassel, Hubert Koundé y Saïd Taghmaoui, son estructuralmente para con el largometraje, disparejos, aunque es una consolidación dispar que construye alrededor de ese particular trio un tire y afloje necesario que va alternando y jugando permanentemente con lo que vaya o no a suceder, obligándonos también a ver así por medio de cada uno de ellos su punto individual de la vida, de lo que los rodea y de lo que les incumbe, algo que al mismo tiempo les irá dando un grado de mutación a cada uno para que luego se puedan dar los correspondientes y exitosos giros argumentales sobre lo que esperamos y lo que finalmente termina por ser en verdad.
En "El odio", la agresividad es su razón de ser, su sentido de pertenencia y su esencia, ya sea social o de lugar, porque es un circulo que se alimenta de si misma para engendrar todavía más racismo, más brutalidad y más daño a una sociedad que gira sobre si y que no tiene fin, brillante tratado que el cineasta francés le da a esa analogía triste con gamas de religión, unas actuaciones de las más interesantes y que entre ellos se genera un combo como si de una bomba que está en cuenta regresiva se trata, o de incluso, el hecho de tener una bala, con lo que solo resta saber quien la va a disparar.
Calificación: 7.5
Hay algo de atractivo en esta película francesa del año 1995, y es su capacidad y su mano para poder abordar los conflictos sociales que si bien, los tenemos en todo el mundo, que sea especialmente como objeto los suburbios franceses le da un interesante toque, puesto que ya en otras obras cinematográficas hemos sido testigos de ese cierto salvajismo que se vive en aquellas calles del país europeo, la violencia permanentemente se encuentra presente, desde los hechos que anteceden al desarrollo de la misma y que no se nos muestra porque no nos compete, hasta la mismísima continuidad de ese final, que tampoco nos compete, le dan a la misma una contención sobre lo violento que forma justamente de ella un circulo que no tiene fin y que ronda permanentemente sobre si, desde lo que desencadena todo que no se nos muestra en esta película, hasta lo que queda pendiente, tal que todo es una continuidad constante de barbarie.
Se me ha hecho imposible además, no observarla desde un punto de vista religioso, una analogía acerca de lo espiritual que hace hincapié en el libre albedrio en su energía y en sus formas de cocinar la trama, ya que vemos constantemente como algo que se avecina, finalmente nunca llega, o al menos para nuestros ojos, una virtud mística que sobrevuela esos aires agrestes que referencia a como si tratara por todos los medios de evitar o inevitable o como quien dice, trata de tapar el sol con un dedo, en un grado poético diría que, Dios pone la bala, quien la utiliza es la cuestión en aquel rápido juego perturbador en el que ya vemos predecible de ese "ellos o nosotros" que está latente en cada momento de su recorrido.
El trio protagónico compuesto por Vincent Cassel, Hubert Koundé y Saïd Taghmaoui, son estructuralmente para con el largometraje, disparejos, aunque es una consolidación dispar que construye alrededor de ese particular trio un tire y afloje necesario que va alternando y jugando permanentemente con lo que vaya o no a suceder, obligándonos también a ver así por medio de cada uno de ellos su punto individual de la vida, de lo que los rodea y de lo que les incumbe, algo que al mismo tiempo les irá dando un grado de mutación a cada uno para que luego se puedan dar los correspondientes y exitosos giros argumentales sobre lo que esperamos y lo que finalmente termina por ser en verdad.
En "El odio", la agresividad es su razón de ser, su sentido de pertenencia y su esencia, ya sea social o de lugar, porque es un circulo que se alimenta de si misma para engendrar todavía más racismo, más brutalidad y más daño a una sociedad que gira sobre si y que no tiene fin, brillante tratado que el cineasta francés le da a esa analogía triste con gamas de religión, unas actuaciones de las más interesantes y que entre ellos se genera un combo como si de una bomba que está en cuenta regresiva se trata, o de incluso, el hecho de tener una bala, con lo que solo resta saber quien la va a disparar.
Calificación: 7.5
H
Harold_Moses10 de julio de 2025
Harold_Moses10 de julio de 2025La cinematografía es bastante sofisticada, y se enfoca en unos pocos jóvenes atrapados en los disturbios de mayo del 68. El clímax tarda un poco en llegar, pero esas marcas horarias que se repiten te mantienen en tensión hasta que el estallido emocional encaja a la perfección.
A
Angel_Santos10 de julio de 2025
Angel_Santos10 de julio de 2025Una película hecha hace treinta años que aún refleja la realidad social de hoy: el caos y el bullicio no han cambiado. Es tan cruda como un documental, pero la fotografía y la iluminación son deslumbrantes. El final impacta: breve, contundente e inolvidable.
Y
Yamil_cinefilo27 de mayo de 2024
Yamil_cinefilo27 de mayo de 2024Una joya del cine de los 90.
Esta película francesa de 1995 nos cuenta los sucesos de las 24 horas posteriores a una revuelta, desde la perspectiva de tres jóvenes que viven en los suburbios franceses.
Una Francia sucia, oscura y caótica nos muestra la realidad de los barrios más marginales en esa época. Con actuaciones intensas y rústicas, acompañado de una historia simple pero que habla por si sola con los diálogos y las imágenes, tenemos el retrato de una sociedad violenta y llena de abusos.
Una obra maestra del cine contemporáneo filmada en blanco y negro y con la realidad que te patea la cara mientras dura.
Esta película francesa de 1995 nos cuenta los sucesos de las 24 horas posteriores a una revuelta, desde la perspectiva de tres jóvenes que viven en los suburbios franceses.
Una Francia sucia, oscura y caótica nos muestra la realidad de los barrios más marginales en esa época. Con actuaciones intensas y rústicas, acompañado de una historia simple pero que habla por si sola con los diálogos y las imágenes, tenemos el retrato de una sociedad violenta y llena de abusos.
Una obra maestra del cine contemporáneo filmada en blanco y negro y con la realidad que te patea la cara mientras dura.
L
LensFlare9 de octubre de 2021
LensFlare9 de octubre de 2021Un clásico
Una película con tantas interpretaciones que estas han creado un submundo propio.
A
Alexia_Oliver10 de julio de 2025
Alexia_Oliver10 de julio de 2025A cinematografia é bastante sofisticada, concentrando-se em alguns jovens envolvidos na agitação de maio de 68. O clímax chega um pouco tarde, mas as marcações de tempo recorrentes nos mantêm preparado para o impacto, aumentando a tensão até que a explosão emocional aconteça perfeitamente.
B
Brionna_Rich10 de julio de 2025
Brionna_Rich10 de julio de 2025Um filme feito há trinta anos ainda reflete a realidade social de hoje: o caos e o clamor não mudaram. É tão cru quanto um documentário, mas a cinematografia e a iluminação são deslumbrantes. O final é impactante — curto, incisivo e inesquecível.
A
Ayanna_Barr10 de julio de 2025
Ayanna_Barr10 de julio de 2025A film made thirty years ago still mirrors today’s social reality: chaos and clamor haven’t changed. It’s as raw as a documentary, yet the cinematography and lighting are dazzling. The ending packs a punch—short, sharp, and unforgettable.
E
Elisabete10 de julio de 2025
Elisabete10 de julio de 2025The cinematography is quite sophisticated, focusing on a few young individuals caught up in the May ’68 unrest. The climax comes a bit late, but those recurring timestamps keep you bracing for impact, building tension until that emotional outburst lands perfectly.

































