Con amor, Ethan: La despedida del ultimo gran héroe del cine de genero | Misión imposible 8 | Sentido Critico

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El cierre de una saga puede ser un canto épico o una nota desafinada, una postal gloriosa o una despedida con sabor a agua tibia. Misión Imposible: Sentencia Final - Parte 2, la que prometía ser el broche de oro del espía más kamikaze del cine moderno, queda flotando en ese limbo incómodo donde lo espectacular coexiste con lo redundante, donde la emoción auténtica convive con la sobre-explicación y la épica es interrumpida, cada tanto, por la sombra larga del desgaste. Porque sí, lo vamos a decir de entrada y sin anestesia: hay momentos que son pura magia cinematográfica, tomas que te dejan el cuerpo tenso y la mandíbula floja, y también hay ratos que parecen una presentación de PowerPoint para los que se perdieron las siete películas anteriores o peor, para los que necesitan que les recuerden por qué están llorando.

 

Lo cierto es que la última entrega de la saga es, como su predecesora, parte de un epílogo largo, estirado como chicle Hollywoodense. Pero no seamos injustos, la película cumple y en estos tiempos de sagas eternas que se autoplagian sin vergüenza, ya es un montón. Aunque la fórmula esté gastada y Cruise no pueda esquivar del todo al CGI, hay un respeto absoluto por el oficio, una dedicación demencial por parte del equipo técnico y, sobre todo, un Tom Cruise que sigue jugando a ser un superhombre con la energía de un adolescente que tomó cinco litros de Red Bull con esteroides.

La película arranca con ritmo, con esa urgencia que caracteriza a toda la franquicia, y no tarda en sumergirnos en una nueva misión imposible porque ¿cuál no lo fue? pero esta vez atravesada por el factor emocional de ser la última. Desde los primeros minutos se percibe que todo está más cargado: las miradas duran más, las pausas son más densas, los silencios tienen ecos. Hay una idea de “testamento”, de “esto se acaba”, que impregna cada secuencia, incluso cuando no es necesario. Eso, aunque a veces funcione para tocar fibras sensibles, también empantana la fluidez narrativa porque uno quiere despedirse, sí, pero con un poco más de ritmo, con menos nostalgia masticada.

Desde el punto de vista técnico, hay que sacarse el sombrero. La dirección de Christopher McQuarrie vuelve a demostrar que entiende el pulso del espectáculo, aunque esta vez parezca más consciente de que está haciendo historia que de simplemente contarla. La cámara se mueve con esa precisión que ya es marca registrada, y las escenas de acción, aunque más breves que en entregas anteriores, mantienen un nivel superlativo. La secuencia bajo el agua es tan demencial como inverosímil pero claro, ¿quién no ha soñado con nadar tres kilómetros bajo cero en el fondo del Atlántico sin equipo de buceo ni oxígeno? Ethan Hunt puede y punto, porque si algo no negocia esta saga, es su lógica de lo imposible.

 

Ahora bien, lo que se hace más evidente en este cierre es la fragilidad del cuerpo, no del personaje, sino del actor. Tom Cruise, que ha llevado esta franquicia como un Atlas moderno, muestra las costuras. Se le notan los años, no solo en lo físico (donde igual sigue rindiendo más que muchos veinteañeros) sino en la forma en que la cámara lo cuida. Hay planos que lo ocultan, otros que lo engrandecen artificialmente y aunque su entrega siga siendo admirable, el cuerpo ya no responde con la impunidad de antes, se percibe un cansancio noble, como el de un guerrero que baja el escudo después de mil batallas.

En términos narrativos, la película elige cerrar los arcos de manera sentimental, a veces incluso lacrimógena. Hay despedidas que rozan lo cursi, otras que funcionan con potencia contenida. Lo mejor, sin dudas, son los momentos donde se respira la historia compartida, esa sensación de que no estamos viendo sólo una misión más, sino el final de una época. McQuarrie apuesta por la épica emocional antes que por la lógica pura, y eso se agradece pero se le va la mano. Cuando empieza el desfile de flashbacks, uno no puede evitar mirar el reloj o peor aún: sentir que la película no confía en el espectador.

 

Ahí está uno de los grandes problemas, la necesidad de explicarlo todo, de remarcar cada vínculo, cada recuerdo, cada traición como si el espectador fuera un estudiante distraído en el fondo del aula. Es un exceso que atenta contra la experiencia, especialmente para los fanáticos que han seguido la saga con devoción. Porque si algo supo hacer bien Misión Imposible durante años, fue confiar en su ritmo, en sus silencios y en su capacidad de sugestión. Acá, por momentos, parece una telenovela de prime time donde todo se subraya con resaltador.

A nivel guión, se notan algunas grietas, algunas motivaciones se sienten forzadas, ciertos giros son funcionales al efecto y no tanto a la coherencia pero estamos acostumbrados, la saga siempre caminó en la cornisa entre lo verosímil y lo directamente disparatado. El problema es que esta vez se acerca peligrosamente a lo ridículo: Por momentos parece que Ethan Hunt es más un superhéroe que un espía, y eso le resta tensión al relato. Porque si todo es posible, nada tiene peso.

 

A pesar de todo eso, y quizás por eso mismo, la película emociona. Porque es el final, porque uno ha visto a este personaje saltar por ventanas, escalar acantilados, correr por techos, manejar motos en reversa y caer en paracaídas desde casi la estratósfera pero hay algo profundamente humano en ver cómo termina una historia que nos acompañó durante tres décadas. La película no es la mejor de la saga, ni la más compacta, ni la más elegante pero tiene corazón, tiene historia y a veces, eso alcanza.

Como cierre, es digno aunque no inolvidable. Queda lejos de Repercusión o Nación Secreta, e incluso puede pelearle el puesto al fondo del ranking a Protocolo Fantasma pero es honesta, no se traiciona, se despide con la frente en alto, como un guerrero viejo lleno de cicatrices, que sabe cuándo bajarse del ring. Al menos, eso queremos creer porque si en tres años aparece Misión Imposible: El Regreso de Ethan, nos vamos a sentir un poco estafados.

 

Hasta acá llegamos, creo que tuvimos un buen recorrido Ethan. Si esto es en serio un adiós, gracias por tanto. Nos hiciste creer que todo era posible. Incluso lo imposible.

 

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